Estar ahí

20 de Julio del 2007

Para mí un amigo es alguien que está ahí, que acompaña. Por eso se me ocurrió hoy agradecer a los lectores de este blog. A los que corrijen mis errores ortográficos o gramaticales, a los que se quejan porque el cuento es muy hot o demasiado cold, a los que me señalan errores ortográficos o gramáticales o sociales, a los que mandan email agradeciendo, a los que comentan, a los que leen en silencio. Me sentí acompañado todo este tiempo, a través de las idas y vueltas, en San Francisco, New Jersey, Merlo o Palermo, en los ya viejos tiempos del boom blogger, en la actualidad de posts apenas mensuales.

Gracias y feliz día del lector amigo.

El pub de la pelea, parte 3

12 de Julio del 2007

[Tercera y última parte de la historia que empezó acá y siguió acá. Empecé a escribir con la idea de escribir esto en 15 minutos, pero me colgué y son las 4.30am. Los lectores generosos entonces avisarán si hay errores obvios o harán la vista gorda. Ambas cosas se agradecen.]

- Traé servilletas para secarle la sangre y fijate si podemos pegarle la ceja con la gotita - le dice uno de los de seguridad al otro. - Y llamá a la ambulancia que le van a tener que poner de nuevo el hombro.

Me llevan para allá, para allá es el patio, o sea para el sector fumadores. Primera ironía. Me cago de frío: segunda ironía. Me alcanzan un rollo de papel higiénico para que me seque la sangre: tercera ironía. Miro el cielo hacia el que se elevan las señales de humo del humo de los cigarrillos. Leo los puntos y los guiones del mensaje: j-o-d-e-t-e. A partir de ahora j-o-d-e-t-e, vos solo fuiste atrás del conejo blanco fumador, te ligaste la trompada, merecida o no, te caíste por el agujero de Alicia y ahora se borró todo y solamente brilla la sonrisa del gato de Cheshire, que te va a seguir como una estrella fija toda la noche.

Diego me agarra la mano, la pone entre las suyas. Bajo a tierra, a mi pecho y a mi estómago. Tengo la panza cubierta de pétalos de sangre coagulada. Tomo uno entre los dedos, lo levanto hasta mis ojos como para mirarlo al trasluz, brilla tu diamante loco. Es como una escama roja, de plástico, elástica, es la sangre que me chorreó de la sien.

Pienso boludeces: mi cuerpo produce plástico, no solo carne, sangre y huesos, sino también este cotillón. Hay un capítulo de Sex and the City en el que Charlotte tira pétalos de rosa rojos sobre una cama para prepararla para la noche de bodas. Desfloración, supongo, significa. Yo quiero cubrir mi cama de noche de bodas con estos pétalos de sangre que me salieron de la sien. A Oscar Wilde le encantaría, sí, en serio le encantaría.

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Forevermore

26 de Junio del 2007

[17 de junio de 2007]

Me da fiaca ir a Merlo y por eso voy poco a visitar a mi familia, apenas una vez por mes, y me toca este domingo.

Domingo: suena el despertador, los mosaicos fríos, los ojos pegados que levanto hacia la flor de la ducha, el electroshock del agua fría, tibia y por fin caliente, los lentes de contacto que no hacen sopapa. El ipod, la mochila, los libros, en el espejo del ascensor no tengo ningún pelo que me salga de la nariz, tampoco cera visible en las orejas, el aire frío del mediodía del domingo, el puesto del flores con olor a sahumerio, el garage con olor a nafta, avenida Santa Fe, la gorda con la bolsa gigante que bloquea toda la vereda.

- Permiso, por favor, permiso, permiso, señora le dije permiso tres veces ahora no se enoje si la empujan.

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El pub de la pelea, parte 2

23 de Mayo del 2007

[continuación]

Mi puño viaja hacia la cara describiendo un arco, como si tuviera una raqueta en la mano y le pegara a una pelota. No quiero mentir, al único tenis que jugué en mi vida es al tenis de mesa, así que lo mejor es imaginarme con una paletita de ping pong pegando un remate, un remate fuerte. La cara del tipo se sacude bruscamente hacia el costado y cuando vuelve a la posición vertical es otra cara. Diego grita pará pará y se interpone entre el pelado furioso y yo.

Es un lugar común decir todo sucede en un segundo, pero también es cierto. Lo que sucede en un segundo es esto: pongo en movimiento el puño recorriendo un arco hacia la cara, centímetros antes de que ese puño haga impacto en su cara el pelado se da cuenta lo que va a pasar y hace una mueca de sorpresa, la parte interna de mi puño golpea su sien, la cabeza se desplaza hacia un costado, Diego grita pará pará, intenta interponerse y agarrarle los brazos por las muñecas, la cara del tipo vuelve a su posición vertical, el tipo se lanza hacia adelante, yo me miro la mano como si fuera la culpable, vuelvo a mirar al tipo y lo veo abalanzarse como si fuera el primer jabalí de una manada de jabalíes de ojos rojos. El siguiente segundo lo ocupa este pensamiento: este partido de ping pong lo pierdo.

Pause. Congelemos la imagen y retrocedamos a mi infancia y a mi adiestramiento en el templo Shaolín, o mejor, en algún campito de Merlo, después de una tarde entera de tirarle piedras con la hondera a una lata y de descuartizar varios cascarudos. Luis me mira a los ojos y me dice: “Chingolo…” (así me decía Luis desde que se enteró que fui un chingolo en una representación de Sueño de una noche de verano en el Teatro de Merlo. Ahora que lo pienso: estoy casi seguro que no hay chingolos en las obras de Shakespeare, así que esas medibachas amarillas y todas esas plumas de papel crepé se vuelven todavía más innecesarias). Luis me dice: “Chingolo…” - y ahora que lo pienso chingolo es como “mi pequeño saltamontes” - “si te vas a pelear tenés que hacerlo con instinto asesino. Tenés que estar seguro de que la furia no se te va con la primera piña. No podés quedarte a esperar una vez que pegás el primer tortazo. No podés esperar ni pelear limpio, los boludos que pelean limpio terminan desfigurados.”

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El pub de la pelea, parte 1

3 de Mayo del 2007

[1 de abril de 2007, creo]

No me acuerdo si fuimos al cine, seguramente sí, lo que sí sé que a eso de la una de la mañana decidimos ir a tomar algo. ¿Contramano? No, ahí vamos siempre. ¿Milion? No, los tragos son demasiado caros. Me acordé de Flux, un pub chiquito en un subsuelo en Marcelo T., regenteado por un par de yanquis. No lo conocíamos, así que por qué no. Fuimos y estaba cerrado por vacaciones. Volvimos a Contramano, yo ya estaba cansado de caminar. Había cola. Probemos Angels. También había cola. Acá podría señalar lo raro de todos estos boliches cerrados o llenos. Me acuerdo que nos preguntamos, mientras cruzábamos Córdoba con el hospital de Clínicas a la derecha, por qué habría tanta gente en todos lados. Podría acomodar todo ese azar en una hilera de piezas de dominó que se caen una tras otra o en un videogame donde soy un pacman y el joystick lo tiene el destino o andá a saber quién, pero no creo en el dominó.

Yo, creo, sugerí Glam, y acá voy a pasar a tiempo presente: yo sugiero Glam y ya estamos parados en la entrada, esperando entrar, porque sí, acá también hay cola, pero solamente esperamos 5 minutos. Pregunto el precio de la entrada. Es cara, incluye una consumición. Le pregunto a Diego si igual quiere entrar. Sí, dale, ya estamos acá. Entramos y damos una vuelta por el lugar. Adelante hay una barra junto a la pista, donde casi nadie baila. Más atrás hay otra barra, los baños y un patio donde se puede fumar. Volvemos hacia la pista y pedimos tragos en la barra: yo un daikiri de durazno, Diego un gancia solo.

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Sensible

22 de Abril del 2007

[Domingo 22 de abril de 2007, Pizza Nova, Palermo, 3 am]

Mejor dejo la última porción para después. Miro a través de la ventana: 3 de la mañana, en la esquina de Coronel Díaz y Santa Fé un viejo mira hacia arriba, extiende la palma de su mano hacia adelante, empieza a llover. Yo levanto la botella de coca light vacía y se la señalo al mozo, el mozo asiente, el provolone me da mucha sed. Abro el libro, me recuesto contra el respaldo de la silla, cierro el libro, miro otra vez hacia afuera, hacia arriba, las gotas de lluvia parecen chispas anaranjadas contra el neón.

La coca light está bien fría, qué suerte, abro el libro, me recuesto contra el respaldo de la silla: “My name is Karim Amir, and I am an Englishman born and bred, almost”. Alguien golpea con los nudillos el vidrio de la ventana, es una mujer canosa que me señala, sonríe, y hace el gesto de que salga de la pizzería que me quiere decir algo. Cierro el libro, tomo un trago más de coca light, salgo.

- Disculpame, quería preguntarte que estás leyendo, tiene letra muy chiquita…
- Se llama El buda de los suburbios.
- ¿Y de qué se trata?
- De un chico pakistaní en Londres. Bueno, en realidad recién lo empecé a leer.
- ¿Pakistaní en Londres? ¿Hay muchos pakistaníes en Londres?
- Sí, hay bastantes.
- Y los deben tratar muy mal, ¿no?
- Bueno, son una minoría…
- Sí, aparte ellos los invadieron. ¿Pero por qué la letrita tan chiquita?
- Porque es un libro barato, de bolsillo.
- Ah, de esos que no hay que abrirlos muchos porque se despegan, sí. A mí me gusta el cine pakistaní.
- Hm, yo no vi mucho.
- Sí, es un cine que no está lleno de ¡pum! y ¡ratata! como el cine yanqui. Yo soy de la patagonia.
- Ah, mirá vos.
- Sentate, acercate esa silla.
- No, no gracias, el mozo se va a pensar que me fui sin pagar.
- No desprecies así a esta señora canosa que te tiene que decir algo.- Saca un paquete de cigarrillos de la cartera. - ¿Fumás?
- No, gracias.
- No te molesta que fume, ¿no?
- No me molesta, estamos afuera.
- Sentate, ¿querés compartir una cerveza conmigo?

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De regreso, Xtian

19 de Abril del 2007

Ya sabes tres meses (y pico) a la sombra. Pasaron muchas cosas:

Laburo: Empezó el año, empezó el laburo, ahora tengo dos: como ingeniero de software en Flaptor y dando talleres con Sandra. Además colaboré en la traducción de un libro para Anaya: Creación de vídeo digital, de Ian David Aronson. El libro está buenísimo. También colaboré en la dramaturgia de la obra Mundus Inmundus, actualmente en cartel (los interesados apúrense, quedan solo dos funciones).

El blog: sí, el blog se me llenó de spam, los servidores desbordaron y se fue todo al carajo. Decidí pasarme a wordpress y aquí estamos con el look horrible que viene por defecto, etcétera. De a poco iré arreglando lo roto, y redecorando lo sano. Pero puta que vale la pena estar vivo y blogueando.

Los huesos: me agarré a piñas en un boliche y perdí por nocaut: un corte en la ceja (tres puntos) y el hombro derecho salido de lugar. Yeso, por tres semanas que no me banqué ni tres días y que cambié a cabestrillo. Como escribo con la mano derecha, la cosa viene jodida.

El lavadero: ya está en las librerías el libro de Marcela: En mi lavadero la mancha de birome no sale. Editorial Dunken. 18 pesos. Una delicia. El prólogo lo escribí yo, je.

El futuro: escribir, supongo. Al menos tengo que sacarle jugo literario a los golpes recibidos. También, hoy, recién, ahora, se me ocurre que este año debería compilar los textos de este blog, agregar otros y ver si publico algo, andá a saber en qué formato.

Biografía

5 de Febrero del 2007

Biografía a los pedos. Nací el 18 de octubre de 1970, en Merlo, provincia de Buenos Aires. El número de mi casa en merlo es 1370. Mi mamá dice que es el día en el que fui concebido: 1-3-70. Eso significaría que nací con 7 meses y 18 días. En el camino al hospital mi tío chocó el Renault Gordini, pero no hubo heridos. Mi tío murió joven, hace unos años. Murió en la Clínica Bazterrica y yo fui el encargado de acompañar el cadáver en una ambulancia, hasta Merlo. No me acuerdo del viaje, aunque debería. Recién ahora, escribiendo esto, me doy cuenta de la simetría, mi tío llevando a mi vieja a que me pariera, yo acompañando a mi tío muerto.

Nací, fue complicado, no respiré por unos cuantos minutos. A mi mamá le dijeron que tendría problemas. Mi mamá preguntó que problemas: deficiente mental o problemas psiquiátricos. Me encanta contar esa historia. Tengo dos hermanas mayores. Mi viejo era panadero y Merlo estaba llena de baldíos y calles de tierra. Me acuerdo de ir a tomar helado a la avenida. Casi nada más. La casa de mis abuelos estaba comunicada con la nuestra. Mi abuela Lala era del campo. Mi abuelo era albañil. Me acuerdo del olor a transpiración de ambos. También del olor a milanesas y a arroz con leche y a manzanas asadas. También me acuerdo que la mesa de la casa de la cocina tenía patas de hierro. En esas patas de hierro había un anillo de otro color o de otro material, que si tirabas con fuerza se desprendía. Me acuerdo de estar sentado debajo de la mesa, con los muslos contra el mosaico frío y de deslizar ese anillo metálico hacia arriba y abajo en la pata de chapa. Esa mesa los acompañó siempre. Los muebles de mis abuelos, todos los muebles, duraron toda la vida que yo les conocí. Por eso el escenario me borra a los personajes, la misma mesada oscura, los mismos aparadores torcidos. Incluso los platos nunca se rompían. Todo duraba en esa casa.

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Tres vasos de agua

31 de Enero del 2007

A pedido del público y a modo de anticipo, acá hay tres cuentos de Marcela Espadero, del libro de próxima aparición: “En mi lavadero la mancha de birome no sale”.

Un vaso de agua

29 de Enero del 2007

Marcela es una alumna del taller literario que damos con Sandra Russo. Marcela está por publicar su primer libro de relatos y le pidió a Sandra que escriba algo para la contratapa del libro y a mí que escribiera el prólogo. Esa contratapa del libro se convirtió en esta contratapa de Página 12, que salió publicada hoy. Y acá abajo publico el prólogo que escribí para ella. Cuando tenga tiempo publicaré algún cuento de Marcela, así se van deleitando con anticipación, mientras esperamos la publicación en papel:

Un vaso de agua, por Christian Rodriguez
(prólogo para En mi lavadero la mancha de birome no sale)

“Es un infierno allá afuera”, me dijo Lucía. Lo dijo inclinándose sobre la mesa, ahuecando la voz y señalando a través de la ventana del bar. Para Lucía “allá afuera” es el lugar donde suceden sus desengaños amorosos. Yo asentí con la cabeza, porque estoy de acuerdo, pero pensé en otro allá afuera: los polos que se derriten, los huracanes, las guerras, el hambre mundial y las tres o cuatro películas al año que protagoniza Robin Williams. Más allá de lo de Robin Williams, somos muchos los que asentimos con la cabeza cuando escuchamos eso del infierno allá afuera. La pregunta que surge, claro, es ¿qué hacer? Y si lo que se hace es escribir, la pregunta es ¿cómo escribir? Es decir: ¿cómo mirar, qué mirar? ¿cómo transmitir?

(Quiero aclarar algo: mi intención es hablar de los relatos de Marcela, ténganme paciencia, es difícil hablar de los relatos de Marcela porque son transparentes, sencillos y honestos, pero si digo eso corro el riesgo de que alguien piense que lo que hace Marcela es espontaneísmo fiaca y yo creo, estoy seguro, que es mucho más. Para los que se quieran saltear esta indagación acá va una versión corta: Me encanta lo que escribe Marcela. Vayan y lean. Les deseo que como yo disfruten de la frescura y la amabilidad de su universo y de su voz y pasen la voz.)

Decía que hay un infierno allá afuera (suena un poco exagerado, pero convengamos en que la cosa está difícil) y todos queremos saber qué pasa allá afuera. Y de tanto informarnos nos embotamos, nos dormimos un poco. Y para despertarnos de nuevo, para seducirnos, para atraernos, tiene que llegar algo nuevo o algo impactante. En ese juego de énfasis crecientes la honestidad es siempre brutal, la única novedad es el escándalo y la incorrección política, lejos de ser sincera, es una pose crispada. Para decirlo rápido, la violencia está en todas partes, no solo en el infierno allá afuera, sino en las formas de transmisión, en el qué y en el cómo y pronto en el acá adentro.

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