Quiero mirar para atrás pero con los ojos bien abiertos, como si fuera nuevo, sacarle el plástico, encastrar todas las piezas otra vez. Todas las casas que yo conocí de chico eran iguales. Un living que nunca se usaba, a veces alfombrado, con un sillón que nadie usaba, con repisas y mesitas ratonas llenos de adornitos comprados en las vacaciones, que se iban reponiendo pegando con poxirán y al final se descartaban: la virgencita que cambia el color con el tiempo, un abanico, una cosita de cerámica, un gauchito, algo hecho con caracoles, porque los veraneos eran en la costa o en Córdoba. Todos los cuartos estaban conectados por un pasillo: allá la cocina, a veces conectada por una puerta plegable al living, al fondo el baño, acá las habitaciones. Todas las casas que conocí de chico tenían esa misma disposición. Nunca, cuando estaba de visita, tenía que preguntar dónde estaba el baño, siempre estaba al fondo del pasillo. Además, los chicos no éramos invitados a las casas, jugábamos en la calle. O mejor dicho, cuando yo era bien chico, jugábamos en el campito. Read the rest of this entry »
Trepamos la colina en cuatro patas, yo mirando las zapatillas de lona de Mabel, sucias, mordidas en el costado por el asfalto y Doug más arriba, clavando los dedos de las manos en la tierra, aunque no era necesario, impulsándose en las pantorrillas que se le hinchaban como bombitas de luz. En la cima miramos y vimos la cinta de la ruta, el enchastre de los árboles en el horizonte, las nubes y su brushing. Nos sentamos = apoyamos el culo tibio en el pasto fresco, mientras el sol bajaba como un monito por una liana y Doug quiso dormir la siesta. Se plegó en falsa escuadra, se metió en el regazo de Mabel y ronroneaba. Read the rest of this entry »
Puse el kilo de helado y las dos botellas, una de vino y otra de Pepsi, sobre la mesada y me puse a buscar una bolsa para cargar todo. Busqué en el ropero y sólo encontraba bolsas de cartón, esas de negocios de ropa. Estuve revolviendo como 15 minutos, buscando una de plástico, hasta que me resigné. Remera negra, bermudas y sandalias y salir corriendo a tomar el colectivo. Read the rest of this entry »
Estoy probando este experimento en este nuevo sitio… así que los que quieran se pueden sumar. Pueden ir acá: http://www.formspring.me/crodriguez y hacer preguntas anónimas. Yo respondo. Y vemos qué pasa. Puede ser divertido, puede ser una pavada… y puede no pasar nada. Como la vida misma.
Esto no pasó así, ni en ese momento, pero no importa, estoy diciendo la verdad. Esto todo culpa de Damián y su llavero, del que cuelgan todas estas llaves, y uno no tiene más que probarlas, una por una en cada cerradura y de pronto se abre una puerta y uno se da de bruces (lees) con este recuerdo. Read the rest of this entry »
El día se fue hinchando como un globo de gas y ahora explotó y llueve. Empezó la temporada de cerezas, y acá están en la compoterita azul, mientras la noche chorrea sus babas contra la ventanas. Hacía mucho que no escribía dos días seguidos, y se me ocurrió probar hoy. ¿Por qué no escribo dos días seguidos? Porque en general estoy bastante pinchado con lo que escribí el día anterior. Read the rest of this entry »
Damián tenía las uñas sucias de grasa y callos en las manos. Era mecánico, me contó. Trabajaba en el taller de mecánica diesel del padre desde chico, y ya tenía sus propios clientes. Me fascinaba escucharlo hablar, porque sonaba como si el fuera el dueño del taller y su padre su empleado. Read the rest of this entry »
Metiendo la cuchara en la sopa oscura de la memoria saco esto. Creo que fue por culpa del Follow me, ese curso de inglés en fascículos que compró mi viejo. Así descubrí, allá por 1985, que tenía facilidad para el inglés. Pasé rápido por encima del This is a pencil, Hello, how are you y todo eso y me aburrí, y así decidí anotarme en una academia. Me hicieron un examen de nivel y me metieron en tercer año adulto y ahí estaba yo, alumno cumplidor, con el cuadernito Arte y la lapicera nueva. Éramos 9 alumnos, 7 chicas y 2 chicos. Las chicas eran todas buenas alumnas, como yo, tomaban nota, tenían cartuchera, subrayaban el libro con lápiz y borraban con la goma blanca, la de lápiz. El otro pibe, que se llamaba Damián, tenía casi mi misma edad y subrayaba el libro nuevo con birome y pedía siempre una hoja, porque no llevaba carpeta ni cuaderno. Era petiso, de pelo negro, y con los agujeros de la nariz demasiado grandes. Read the rest of this entry »
Sabemos de lo que huimos, pero no sabemos adonde queremos ir, pensé. Lo repetí en voz alta varias veces. Read the rest of this entry »
[En el medio de la autopista, desnudo, poniéndome al día con las deudas]
¿Prólogo?
No sé cómo contar esto, por dónde empezar, cómo terminarla (porque todavía está en curso), no sé si conviene, no sé si tengo ganas. “Estar en curso”, qué frase rara, estar todavía aprendiendo, en el medio de la clase, todavía no tocó el timbre del recreo. El curso de un río que corre, que trae algo y se lleva algo. Read the rest of this entry »

Comentarios recientes