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	<title>Puto y aparte</title>
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		<title>La mujer que limpia</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Aug 2010 13:56:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xtian</dc:creator>
				<category><![CDATA[indiscreciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Le pagaba a una mujer para que me limpie. Aldana venía las 9 de la mañana, cuando yo estaba en el medio de mi noche de sueño. Por eso, al principio, me despertaba de un timbrazo, yo le abría la puerta dormido, le daba algunas indicaciones y me volvía a meter rápido en mi habitación. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Le pagaba a una mujer para que me limpie.</p>
<p>Aldana venía las 9 de la mañana, cuando yo estaba en el medio de mi noche de sueño. Por eso, al principio, me despertaba de un timbrazo, yo le abría la puerta dormido, le daba algunas indicaciones y me volvía a meter rápido en mi habitación. Después de unos meses le di la llave y le dejaba una notita con lo que tenía que hacer. La noche anterior revisaba la casa para no dejar cosas de valor tiradas por ahí. Lo único de valor que tengo es un Ipod y una laptop, así que esas eran las dos cosas que escondía.<span id="more-425"></span></p>
<p>Entre sueños escuchaba el ruido de la llave en la puerta, a la mañana siguiente. La adivinaba dejando el bolso sobre el sofá, escuchaba el clic del interruptor de luz, la imaginaba inclinándose sobre la notita que le había escrito y luego caminando, escuchaba la puerta corrediza de la cocina y luego el ruido de sopapa despegándose de la puerta de la heladera, las puertas de la alacena (estaba decididiendo si tenía que comprar algo más, elementos de limpieza o algún ingrediente para cocinar lo que le había pedido), luego iba al baño y finalmente se escuchaba el ruido de la puerta de entrada cerrándose, cuando se iba a comprar. Yo me dormía otra vez, pero volvía a despertarme por unos pocos segundos durante toda la mañana, por algún ruido: la cuchilla picando verdura, un mueble que se corría, el cepillado de la bañera para despegar el jabón, la puerta de un ropero que se abría para colgar la ropa ya planchada.</p>
<p>Pasado el mediodía me golpeaba la puerta para limpiar la habitación. Me ponía un jogging roto que dejaba al lado de la cama y salía de la habitación, medio dormido. Ese era el mejor momento, cuando abría la puerta de la habitación y sentía el olor al brillo del piso mezclado con la comida. Me hacía acordar a cuando era chico. Mi mamá no cocinaba mucho, pero sí embadurnaba la casa con los olores de la limpieza. Enceraba casi todos los días, así que yo me despertaba con el rugido espiralado de la enceradora, el olor a cera y a veces el olor a milanesas. Yo dormía en un sofá-cama en el living, y por eso si había que recibir a alguien me tenían que despertar. Rápidamente se ordenaba el living, se tiraba un poco de desodorante de ambientes y se daba vuelta el colchón del sofá cama para que quedara la cuerina hacia arriba. Yo me queda esperando en el pasillo a que el invitado se fuera abrazado al bollo de sábanas, en pijama, dormitando con la cabeza contra la pared.</p>
<p>De a poco Aldana fue aprendiendo. No le tenía que indicar qué cocinar, elegía ella. Hacía más cosas. Iba a buscar la ropa al laverap, la planchaba. Iba al supercado, compraba lo necesario. Ordenaba los libros. Me organizaba los cajones. Y sólo hablamos cuando al final le tenía que pagar.</p>
<p>Un día me contó que su marido tenía cáncer. Se le notaban las ojeras, la cara pinzada por los tirantes de la angustia. Me contó cómo su marido empezó a sentirse mal, los estudios que le hicieron, el diagnóstico que fue volviéndose cada vez más nítido. Trató de contener las lágrimas pero no pudo y siguió hablando con la voz ahogada. Yo sentí que debía abrazarla, pero me quedé clavado donde estaba, apoyado contra la pared. Si le doy más confianza va a llamarme por teléfono varias veces por semana, pensé, y me va a contar los detalles del deterioro, del dolor, de la impotencia. Las cosas que se me ocurrieron para decir me sonaron todas falsas y estúpidas, así que me quedé en silencio. Después le dije que se fije, que si se quería tomarse un tiempo y no venir, que podía buscar a otra persona, y luego ella podía volver, que yo le iba a guardar el trabajo para ella. Me dijo que gracias, pero que necesitaba el dinero en ese momento.</p>
<p>A partir de ese momento, y durante meses, cada vez que salía de la habitación, dormido, ella decía: “Bueno, esta semana&#8230;” y empezaba a contarme las visitas a médicos, los tratamientos que no funcionaban, los trámites en la obra social. Era un recorrido itemizado por todos los intentos de curar o de prolongar. Yo sentía que ese relato estaba destinado más a ella que a mí, una manera de ordenar las cosas, precariamente, en secuencia. Yo aprendí a decir algunas frases intrascendentes. Decía mucho “quizás”, una palabra que nunca uso. Siempre uso “capaz”, pero en ese momento “quizás” me parecía más apropiado.  </p>
<p>En todo ese tiempo ella nunca preguntó nada sobre mí. Sólo sabía los datos básicos de mi trabajo, de lo que como,  y que soy gay (encontró una vez un pomo de lubricante tirado, tengo varios libros con esa palabra en el título, alineados en la biblioteca, etc).</p>
<p>A los pocos meses el marido murió. Me enteré por un mensaje que dejó en el contestador, diciendo que no iba a venir por un tiempo, que me iba a avisar cuando pudiera venir otra vez. Se le quebró la voz y cortó. La llamé al día siguente para decirle que lamentaba lo que había pasado. No dije nada más. Ella me contó  qué fue todo lo que se trató de hacer en la última semana. Se notaba que ya había contado esto de la misma manera muchas veces, y me lo contó a mí porque sintió que tenía que darle un final al relato de todos esos mediodías, antes de abrir la puerta del horno o destapar una cacerola y mostrarme lo que había cocinado.</p>
<p>Pasaron unos 6 meses hasta que volvió a comunicarse, diciendo que quería volver a trabajar. Cuando la vi noté las secuelas del dolor en su cara, pero también noté que se había maquillado un poco. Se quejó de dolor en las cervicales. Le dije que no se preocupe tanto por la limpieza, que pase el escobillón y quite el polvo de los muebles. Me interesaba más lo que cocinaba, y ella pareció aliviada con mi sugerencia. Se notaba que le gustaba cocinar más que limpiar. Me contó que estaba terminando un curso de catering y que después iba a hacer uno de computación. Como estaba dando talleres literarios en mi casa, le pedí que hiciera comida para mí y también para el taller. Hacía cosas elaboradas: canapés, brochettes con albondiguitas, fiambre y tomates cherry, etc. Después, a la semana siguiente, me preguntaba qué respuesta había generado su comida. Incluso me dijo que iba a hacer tarjetas así las repartía entre mis alumnos. Se esforzaba cada vez más y sus platos se iban poniendo cada vez más elaborados.</p>
<p>Un día me contó que había conocido a un hombre en el colectivo.</p>
<p>- Estaba de traje &#8211; dijo -. Parece un galán de telenovela. Me miró y a mí me dio verguenza, no pensé que me miraba a mí. Vi que anotaba algo en un papelito y cuando se bajó me lo dio. Era su teléfono. ¿Qué hago, lo llamo?</p>
<p>Le dije que obvio que sí, que lo llamara.</p>
<p>- Ya lo llamé &#8211; me dijo, riéndose -. Hablamos todas las noches como dos horas. Trabaja mucho, lo único, así que todavía no nos vimos, pero esta semana me saca a cenar.</p>
<p>Aldana se compró un celular, y ahora lo que me despertaba durante toda la mañana era el bip creciente del celular, que sonaba cada 15 minutos. A medida que avanzaban los meses, Aldana se quejaba cada vez más de problemas físicos. Cada vez que iba a un médico le diagnosticaban algo. Cuando yo salía de la habitación, dormido, ella decía: “No sabés, esta semana&#8230;”. Miopía, presión alta, desviación en la columna&#8230; y finalmente, artritis. Empezó a faltar, muchas veces sin avisar. Finalmente hablé con ella y le dije que me sentía mal haciéndola trabajar, cuando tiene tanto dolor en los huesos. Si querés podés venir solamente a cocinar, le dije. Me dijo que igual venir hasta mi casa era mucho viaje y  que por suerte el novio le había dicho que la podía ayudar económicamente, y que por eso había pensado en dejar de venir,aunque no se animaba a decírmelo. Le dije que me parecía bien, que era una lástima que no pudiera venir más, pero que lo más importante era su salud. Me dijo que le daba mucha pena, porque más allá del trabajo y del dinero, me había tomado cariño. Se le cayeron algunas lágrimas pero enseguida se recompuso. Me contó que ya había terminado el curso de computación, y que el novio le había regalado una computadora usada. Me pidió el mail. Se lo di.</p>
<p>A los pocos días empecé a recibir decenas de mails. Fotos de amaneceres, poemas de Benedetti, chistes sobre las diferencias entre los hombres y las mujeres. Como mi email empieza con crodriguez, recibo siempre mucho email que no es para mí, sino para Celia, Carlos, Celeste, Cinthia, César o Camilo Rodriguez. Por eso no me di cuenta que los emails venían de ella y además su correo era “vidaypaz2458” y no contenía su nombre. Respondí el mail con un :  “Por favor, no te conozco, no mandes más emails a esta dirección”. Varios días después me respondió: “Perdón, pensé que lo conocía, debe ser otro Christian Rodriguez. Aldana.” Me hice el tonto.</p>
<p>A la semana siguiente vino a casa a despedirse y a devolverme la llave. Me contó que había mandado mail pero que un rayado que tenía la misma dirección que yo la había mandado a pasear. Le dije que mejor me de su email así yo le mandaba un correo y quedábamos conectados. Apenas le mandé empezaron a llegar todos los grandes éxitos del spam: el poema de que sólo hay un par de huellas en la playa porque en esos momentos te llevaba en mis brazos, el hotmail se va a volver pago si no hacés tal cosa, lo del activia es una mentira, etc. Esperé unos días y le mandé un correo contándole que por mi trabajo recibo decenas de mails por día, y que por eso sólo puedo responder a los que me están dirigidos en forma personal. A los pocos días me llegan unos pocos correos con cadenas, pero ahora les agrega a la línea de tema del correo un “CHRIS MIRA ESTO!!!”. Por ejemplo:  “CHRIS MIRA ESTOO!!! Los ventiladores de techo causan cáncer (estudio Universidad de Maryland), Difundir, NO ES CADENA!”.</p>
<p>Me resigno a hacer 20 clics todos los días para borrar los correos de Aldana, hasta que un día pasa lo que tenía que pasar. Recibo, finalmente, el poema Instantes, en el que Borges, supuestamente dice que “sería menos higiénico” y “comería más helados y menos habas”. Hago clic en responder para aclararle que ese poema no es de Borges, porque Borges nunca escribiría semejante cursilería. Pero me freno a los dos renglones, cancelo el envío y voy a sacar un tuper del freezer para calentarlo al microondas.</p>
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		<title>Cazador</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Aug 2010 14:45:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xtian</dc:creator>
				<category><![CDATA[nocturnos]]></category>

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		<description><![CDATA[[Hace un rato en Contramano.] Tengo las dos manos ocupadas, en una el speed, en la otra el vodka, y estoy caminando por Contramano, dando vueltas. Lo veo parado abajo de la escalera, apoyado contra la pared, mirando oblicuo hacia abajo. Me acerco. A veces charlamos. Me paso la latita de speed a la otra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>[Hace un rato en Contramano.]</p>
<p>Tengo las dos manos ocupadas, en una el speed, en la otra el vodka, y estoy caminando por Contramano, dando vueltas. Lo veo parado abajo de la escalera, apoyado contra la pared, mirando oblicuo hacia abajo. Me acerco. A veces charlamos. Me paso la latita de speed a la otra mano, le doy un beso, le apoyo la mano en el hombro, le digo hola y muevo la mano del hombro a la panza y se la froto suavemente. En realidad no tiene panza, es cazador y hay en él cierto estado de alerta, especialmente en los ojos y las orejas. Le gustan tipos bien grandotes, osos panzones, mayores que él (creo que tiene 28), no importa tanto si son peludos.<span id="more-422"></span></p>
<p>- Estás más flaco &#8211; digo. </p>
<p>Él se levanta el buzo y me muestra la panza. No tiene panza. </p>
<p>- Hace como dos meses que no hago nada &#8211; dice -. Tengo que empezar. </p>
<p>Me cuenta que va a natación, que él no es de gimnasio. Ahora estoy gordo, insiste.</p>
<p>- Hace mucho que no te veo &#8211; digo -, ¿estás saliendo a algún lado?</p>
<p>- No, voy al cine &#8211; dice. </p>
<p>- ¿Dónde? &#8211; le pregunto. </p>
<p>- Acá a la vuelta, al Edén. </p>
<p>- ¿Y qué tal es?</p>
<p>-  Muy bueno &#8211; dice. </p>
<p>Yo le digo que no me gustan los lugares oscuros, donde no se ve con quién estás transando o cogiendo. </p>
<p>- No, este está bueno, vos llegás y hay un lugar así donde se ve todo. Podés tomar cerveza &#8211; dice -. Y hay muchos tipos casados. Y mucha gente durmiendo. Yo voy los viernes, por ejemplo, ahora antes de venir acá pasé por ahí. Hay tipos que trabajan y viven lejos y van a dormir ahí. A algunos les chupás la pija y se duermen. Otros se despiertan. La otra vez había uno durmiendo. Tenía la bragueta abierta y yo fui y lo empecé a tocar y a chupársela. Y se despertó. Le dije disculpame y me dijo, no, vos seguí y se despertó. A algunos me los llevo a mi casa. Está bueno. Pero después no pasa de ahí.</p>
<p>Yo le digo que tendríamos que terminar con esa idiotez de pensar que si a alguien lo conocés en un cine porno no puede convertirse en otra cosa. </p>
<p>- Sí, mis amigos se enojan cuando les digo que voy al cine porno &#8211; dice -, pero la verdad que yo ya no conozco a gente en los Osos ni en ningún otro lado.</p>
<p>Le pregunto dónde hace natación. </p>
<p>- En un gimnasio a media cuadra de mi casa &#8211; dice -. Lo único que me faltaría sería un mp3 que funcione abajo del agua, así estaría completo, escuchando música en el agua, solo. A mí me sirve en todo sentido. </p>
<p>- Claro, es aeróbico, trabaja la simetría del cuerpo y es muy amable con las articulaciones &#8211; digo. </p>
<p>- Sí &#8211; dice él -, yo incluso salgo enojado del trabajo y me descargo ahí, y cuando salgo estoy todo más derecho, más fuerte, mejor. Incluso me doy cuenta cuando al otro día estoy caminando por Florida. La gente se me viene encima y yo los esquivo, nado mejor contra ellos, contra la corriente.</p>
<p>Voy a buscar otra bebida y lo pierdo de vista. Dos horas después estoy sentado en la barra y lo veo zigzaguear entre la gente para venir a despedirse. </p>
<p>- Me voy al cine de nuevo &#8211; dice. </p>
<p>Lo saludo con un beso. El me apoya suavemente la mano en la panza y se va.</p>
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		<title>A partir de hoy</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 07:54:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xtian</dc:creator>
				<category><![CDATA[colaboraciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Igual de puto, pero mucho, muchísimo menos aparte. Y ahora comparto con ustedes una nota que salió publicada en el número actual de GMaps. Ahora que se aprobó el matrimonio gay, tiene todavía más vigencia. Después del champán y el carnaval carioca ¿Por qué es que aunque nunca tuve una pareja duradera y nunca se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Igual de puto, pero mucho, muchísimo menos aparte. </p>
<p>Y ahora comparto con ustedes una nota que salió publicada en el número actual de GMaps. Ahora que se aprobó el matrimonio gay, tiene todavía más vigencia. </p>
<p><strong>Después del champán y el carnaval carioca</strong></p>
<p>¿Por qué es que aunque nunca tuve una pareja duradera y nunca se me ocurrió convivir (y mucho menos casarme) miré de punta a punta el debate en diputados por la ley de matrimonio gay? No sólo lo miré, sino que me atornillé al sofá y le grité mi bronca al televisor con Hotton, asentí con la cabeza y traté de calmarme con Rossi, y lloré a mares con Cuccovillo. Parecía el cliché de la publicidad del hincha de fútbol, barriendo todo el espectro emocional en cámara rápida. Muchos vivimos el debate como la final de un mundial.<span id="more-421"></span></p>
<p>A los 13 años tuve &#8220;sexo&#8221; con un amigo del barrio. Ninguno de los dos sabía cómo manejar el (precario) instrumental y menos a las apuradas, apoyados contra una parecita, en una esquina oscura. Lo que hicimos duró el intervalo entre dos pasadas sucesivas de un auto por la calle, el segundo de los cuales nos iluminó con las luces altas y nos tocó bocina. Salimos corriendo, tapándonos las partes pudendas como Adán y Eva expulsados del Edén. Lo que hicimos estaba más cerca de una mancha venenosa o de una pelea &#8220;a lo Titanes en el ring&#8221; que de lo que hasta el más pacato definiría hoy como &#8220;sexo&#8221;, pero igual hicimos un pacto de silencio. Ninguno de los otros pibes del barrio se tenía que enterar. Nunca. Pero mi &#8220;amigo&#8221; rompió el pacto, todos los pibes del barrio se enteraron y me quedé solo. Durante años me tiraron piedras y me gritaron &#8220;puto&#8221; cada vez que pasaba por la esquina.</p>
<p>Cuento esto, así, en primera persona, con ánimo documental. Todos los que tenemos más de 30 años tuvimos una historia así, con o sin piedrazos, a los 13 o a los 25. Muchos de nosotros llevamos esa marca de nacimiento, ese asumirse gay, que se pelea palmo a palmo con la homofobia, externa, pero también internalizada. Es por eso que escuchar que se habla de nosotros en diputados y que se nos nombra con un cuidado casi excesivo (¿gay? ¿homosexual? ¿pareja del mismo sexo? ¿homoparental?) se percibe, no sólo intelectualmente, sino visceralmente: súbita salida a la superficie después de contener tanto tiempo el aire, alivio, cicatrización.</p>
<p>Tanto han &#8220;cambiado los tiempos&#8221;, tanto ha retrocedido la posición (¿procesión?) de los retrógrados frente al avance del sentido común, que los opositores al matrimonio gay no pueden ya recurrir a lo que dice la Biblia, ni a lo que dice la ciencia, ni a lo que dice la Constitución. Sólo se escudan en la defensa de los niños y pretenden frenar &#8220;el experimento&#8221; que supondría la adopción de chicos por dos padres o dos madres. Los que hicieron flamear esta bandera, aunque pertenecen a la derecha religiosa, lo hicieron zigzagueando en un campo minado: es imposible decir la palabra niños e iglesia en la misma oración sin recordar que cada vez que se mira abajo de una baldosa salen docenas de curas católicos, pederastas seriales, huyendo en todas direcciones. Es por eso que la iglesia decidió operar entre bambalinas o a través de personajes como la diputada Cynthia Hotton (que no es católica sino evangélica, pero al fin y al cabo aliada ideológica).</p>
<p>Hay una profunda ironía en este debate: darles el derecho al matrimonio a las personas gays es una medida conservadora. O para decirlo a los ponchazos: es más de derecha que de izquierda. No se trata de instituir orgías públicas obligatorias en las plazas los primeros sábados de cada mes, sino de &#8220;disciplinar&#8221; una &#8220;minoría díscola&#8221; incluyéndola en el marco de una institución tradicional. &#8220;He peleado toda mi vida por el derecho a ser aburrido&#8221;, sintetizó el diputado gay norteamericano Barney Frank. Para muestra un botón: uno de los improvisados &#8220;abanderados&#8221; por el matrimonio gay es Pepe Cibrián Campoy, alguien que está en las antípodas de la rebeldía queer rupturista. Si Hotton y Negre de Alonso dejaran de lado su fanatismo religioso y adhirieran de verdad a un conservadurismo laico, deberían salir a festejar este avance junto con la FAGLBT (pero en cambio soportaron con cara de póker la contundente diatriba de Cibrián en la mesa de Mirtha, que a los gritos de &#8220;¿Pepe o calle?&#8221; les pedía que lo dejen adoptar un chico de calle).</p>
<p>Atención, clase. Breve historia de la institución matrimonial en Occidente. El matrimonio fue inicialmente un título de propiedad del hombre sobre la mujer, para asegurar la herencia a los hijos de sangre. El matrimonio fue modificándose históricamente para incorporar la igualdad de género, la adopción, el divorcio, la propiedad compartida, etc. Cuando Hotton y compañía protestan porque los homosexuales pretendemos &#8220;redefinir&#8221; el matrimonio están ladrándole al árbol equivocado. Son los heterosexuales los que han redefinido el matrimonio durante siglos. Ellos son los que eliminaron las ejecuciones de las mujeres adúlteras, los que eliminaron la dote, los que incorporaron la patria potestad compartida, etc. Son los heterosexuales los que convirtieron al matrimonio en una institución inclusiva y elástica, con muy pocos &#8220;requisitos de entrada&#8221; (sólo hace falta ser adultos y estar en pleno uso de facultades mentales, que permitan prestar consentimiento). Y es de acuerdo a esta redefinición que ya no tiene más sentido excluir a las personas gays.</p>
<p>Hay otra ironía que se suma a la anterior. Las personas gays piden acceder a una institución que está siendo cuestionada por muchos heterosexuales. Me pregunto: ¿Quién ataca con más vehemencia el matrimonio? ¿La pareja de lesbianas ancianas que se casaron hace unas semanas o el hombre heterosexual que va por el cuarto divorcio?</p>
<p>Vuelvo a la pregunta inicial: ¿Qué representa el matrimonio gay para muchos de nosotros, los que no tenemos intenciones de casarnos? Representa el último bastión de la desigualdad. Queremos ser iguales. Quizás casados podamos ser felices. O quizás no. Porque esto también hay que decirlo otra vez, antes que se nos suba el champán y el carnaval carioca a la cabeza. El matrimonio no es garantía de felicidad. Es, con demasiada frecuencia, lo contrario: un gigantesco error. En el mejor de los casos, no es la solución de todos los problemas, sino la aparición de un nuevo conjunto de problemas.</p>
<p>Si desaparece esta desigualdad quizás podamos convertir a la homofobia en un exabrupto, en vez de en una práctica cotidiana. Slogan: Saquemos de circulación la moneda corriente de la homofobia y releguémosla a la estantería del numismático. Como personas gays ya gastamos demasiado tiempo peleando por cosas demasiado básicas: que no nos metan en cana, que no nos echen de casa o del trabajo, que no nos dejen morir (el SIDA en los 90), que nos dejen casarnos. Estamos cansados, y un poco aburridos, de pelear. Ahora queremos animarnos a preguntar qué es lo que podríamos ser en un mundo sin homofobia.</p>
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		<title>Noticias varias</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jun 2010 13:08:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xtian</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hola a todos, acá varias noticias. 1. Ayer domingo del día del padre, aparecí junto a mi padre en una nota publicada en .dom, la revista del diario Tiempo Argentino. El artículo titulado Paternidad sin prejuicios trata sobre padres con hijos gays. Ahí estamos el diputado Cuccovillo y su hijo, Cumbio y su padre, Claudia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola a todos, acá varias noticias.</p>
<p>1. Ayer domingo del día del padre, aparecí junto a mi padre en una nota publicada en .dom, la revista del diario Tiempo Argentino. El artículo titulado Paternidad sin prejuicios trata sobre padres con hijos gays. Ahí estamos el diputado Cuccovillo y su hijo, Cumbio y su padre, Claudia Castro (de La Fulana) y su padre, mi padre y yo. Pueden ver la nota en formato pdf <a href="http://www.psdiversidad.org/wp-content/uploads/2010/06/revista-puntodom-20100620.pdf">acá</a>.<span id="more-420"></span> </p>
<p>2. Finalmente envié mi libro para publicación. Será publicado en Paraguay por una editorial Cartonera. Eso hace que por ahora sea difícil (imposible, en realidad) de conseguir acá. Es un libro de 25 carillas A4 que compilé juntando textos del blog (reescritos) con textos nuevos. El libro se llama Raro. Estoy contento con el resultado. Estoy buscando editor en Argentina, así que si alguno está interesado, avise. Debería ser posible encontrar un buen editor, y más con textos que han tenido buena respuesta ya en este blog. Desde ya, gracias a todos los lectores por haberme leído todo este tiempo.</p>
<p>3. Luego del mes de julio (en el que habrá alguna minivacación de invierno) voy a volver a abrir la inscripción para los que se quieran sumar a los talleres de escritura breve o lectura. Cualquier cosa manden email (crodriguez@gmail.com) si quieren reservar la vacante o pedir más información. Aprovechen. Es una buena idea poner en marcha la escritura en agosto, cuando el año ya está un poco más ordenado. </p>
<p>Próximamente textos nuevos para pasar el invierno.</p>
<p>Xtian</p>
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		<title>El chico del llavero</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Jun 2010 12:17:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xtian</dc:creator>
				<category><![CDATA[infancia]]></category>

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		<description><![CDATA[{Este es el primer texto del libro Raro, que acaba de publicarse en Paraguay. Estoy buscando editor en Argentina. Que lo disfruten.} Cuando yo tenía 14 años empecé a estudiar inglés en una academia. Fue en esas clases que conocí a Roberto, que tenía mi misma edad. Yo todavía no era gay sino raro. Lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>{Este es el primer texto del libro Raro, que acaba de publicarse en Paraguay. Estoy buscando editor en Argentina. Que lo disfruten.}</p>
<p>Cuando yo tenía 14 años empecé a estudiar inglés en una academia. Fue en esas clases que conocí a Roberto, que tenía mi misma edad. Yo todavía no era gay sino raro. Lo primero que le vi cuando se sentó al lado mío fueron las uñas sucias de grasa. Al terminar cruzamos al kiosco a comprar unos chicles. Resulta que el kiosquero lo jodía todo el tiempo con el “llavero”: el chico del llavero, qué levante debés tener con ese llavero, ¿lo lustrás para que brille?, mostrame el llavero, dale, mostrá, no te hagás el tímido. Roberto se bajo el cierre del pantalón y sacó una pija gigante que agarró por la base y sacudió.<span id="more-419"></span> </p>
<p>Me hice amigo de él quizás porque era mi opuesto. Yo odiaba el oficio de panadero que mi viejo intentaba imponerme llevándome de prepo a la panadería. En cambio Roberto trabajaba ya en el taller mecánico del padre. No sólo le gustaba ese trabajo sino que quería superar a su padre, volverlo obsoleto. Con sólo 14 años decía saber más que él, ya tenía sus propios clientes, intuición para los negocios y tacto para el manejo del personal. Tenía las manos llenas de callos y de rayas oscuras de grasa. Olía, por abajo del desodorante, a grasa. Roberto se consideraba leído y refinado: estaba aprendiendo inglés, defendía el nazismo y ya se había hecho chupar la pija por un travesti.<br />
Lo del travesti me lo contó en detalle. Cuando saqué la pija el travesti casi se desmaya, me contó. Era horrible pero la chupaba bárbaro. Me pidió que le avisara cuando me venía la leche pero yo igual le llené la boca. Yo fanfarroneaba a mi manera. Le contaba que había sacado puntaje perfecto en el examen de ingreso, que había entrado en tercer año de inglés directamente sin haber estudiado nunca y que me habían querido adelantar dos grados en la primaria porque “me aburría”. En la clase Roberto me hablaba al oído y en la calle me tomaba del hombro durante largos trechos. Una leve presión en el hombro me indicaba esquivar una baldosa floja o la cagada de un perro. </p>
<p>Empecé a ir a la casa de Roberto. La madre nos mandaba al “cuartito”, una especie de galponcito separado de la casa, cruzando el jardín, donde guardaban cachivaches. También había estantes con libros y revistas y una mesa con sillas. Hacíamos la tarea de inglés, tomábamos la leche con baybiscuits y después Roberto me mostraba sus revistas de la Segunda Guerra y trataba de convencerme de lo inteligente que había sido Hitler. Cada tanto se agarraba la pija a través del jean y decía “¿querés practicar la conjugación del verbo to be o la del verbo mi pija?” Yo me ponía colorado. Dejate de joder, boludo. O se levantaba para ir a buscar algo y de pronto lo sentía jadeando atrás mío y refregándome el bulto en el codo. Todo esto siguió durante varios meses.<br />
Roberto empezó a salir con chicas y me las presentaba a todas. La primera cita era para hacerles el verso y besarlas y con suerte manosearlas un poco. La segunda era para presentármelas a mí. Tuvo muchas novias y todas desfilaron frente a mí en la heladería. Él me elogiaba frente a ellas como si fuera un Premio Nobel de Física. Hacía chistes de doble sentido, me guiñaba el ojo, las abrazaba de atrás y se las apoyaba. ¿Viste el culo que tiene?, preguntaba después. Esta se hace la difícil pero ya le metí el dedo en la concha. Estuve al palo todo el tiempo pero todavía no se deja. Me parece que me voy a hacer chupar la pija por el travesti.</p>
<p>Mi atracción por Roberto no era puramente sexual o al menos no lo era concientemente. Me atraía su fanfarronería y su despreocupación. Hacía lo que se le antojaba. Pero al mismo tiempo Roberto me pedía opinión y me hacía sentir que esa opinión era crucial. Con él al lado yo me agrandaba y decía cosas enigmáticas y grandilocuentes, la mayoría robadas de libros de Herman Hessee o de Richard Bach. Varios días después él las mencionaba tratando de aplicarlas a alguna situación particular.<br />
Una tarde salimos de inglés, caminamos por la avenida y fuimos a tomar un helado. Después fuimos a mi casa. Nos tiramos en el piso de mi habitación a charlar. Me acuerdo que hacía frío y estaba la estufa prendida. Hacía poco que habían alfombrado mi habitación y yo raspaba la alfombra con la uña. Roberto me contó que sus compañeros de división ahora lo llamaban “manguera”. </p>
<p>No es para tanto, dije. Es grande pero tampoco manguera.<br />
¿Te parece?, preguntó. Vení y tocala.<br />
En esas situaciones yo siempre retrocedía pero esta vez no.<br />
Dale, yo te la toco, pero me da vergüenza con la luz prendida. Esperá que apago.<br />
Dale.</p>
<p>Me levanté y fui a ver dónde estaba mi mamá. Estaba en la cocina preparando la cena. Si me necesitaba pegaba el grito. Igual si venía a buscarme teníamos el aviso de dos puertas sucesivas que tenía que abrir. Cerré la puerta del living, después la de la habitación, apagué la luz y me senté al lado de Roberto. Le puse la mano en la pierna y se empezó a reír, nervioso. Subí lento hasta la ingle y le busqué el bulto. </p>
<p>Qué hijo de puta, dijo.<br />
Tan grande no es, dije.</p>
<p>Se desprendió el pantalón y se bajó el cierre. Levantó un poco el culo del piso para bajárselo un poco más. Sentí los callos rugosos de sus dedos y después la pija dura a través de la tela. </p>
<p>Chupala, me dijo. </p>
<p>Le bajé el slip y me metí la pija en la boca. Pero enseguida escuché ruido de pasos en el living, pegué un salto y Roberto se bajó el buzo para taparse. Fui corriendo a prender la luz. Falsa alarma pero igual no seguimos. </p>
<p>¿No te gustan para nada las minas?, preguntó.<br />
No, contesté. Nunca me gustaron.<br />
Vos no estás enganchado conmigo, ¿no?<br />
No, nada que ver. </p>
<p>Me preguntó si me gustaba alguien y le conté. Me encantaba un chico de tercer año, Ariel, del que me había hecho amigo. Roberto lo conocía porque jugaban a la pelota juntos en el club. Pero ese pibe nada que ver, dijo, a ese pibe la gustan las minas. Ya lo sé, dije, pero igual…</p>
<p>Me pasó varias veces en el secundario: me enamoraba de mis mejores amigos. Y me hacía amigo de los fanfarrones, de los que tenían todo el levante. De los que eran como yo, huía.</p>
<p>Durante los próximos siete años mi relación con Roberto siguió igual. Yo lo ayudaba con la tarea de inglés o matemáticas y decía cosas grandilocuentes que él repetía. Él me presentaba puntualmente a sus novias, me pedía consejos y me elogiaba delante de todo el mundo. A la rutina inicial se agregó que ahora le chupaba la pija un par de veces por semana. </p>
<p>En mi casa escondidos en el dormitorio, en la de él, en el cuartito o en el living mientras mirábamos televisión, o en su taller mecánico. Nos calentaba el riesgo de ser descubiertos. Me acuerdo de las noches de invierno cuando andábamos en su moto, redondos como globos adentro de nuestras camperas inflables, con el viento frío en los ojos. Yo lo abrazaba por la cintura, metía las manos por debajo de la campera y le manoseaba el bulto. Cuando se graduó de la moto al jeep se la chupé en el jeep. Después en su 128 o en su camioneta, igual que se la había chupado antes en el tren, en la vereda, en el baño de un bar o en una obra en construcción. </p>
<p>Cuando ahora me presentaba a sus novias les contaba que yo era gay. Una noche salí con él y una de sus novias a ver la película “Día de la Independencia” en el cine de Flores. Roberto se sentó en el medio de los dos. Se la pasó toda la película besando a su novia y haciéndose manosear la pija por mí. Cuando salimos fuimos al baño a mear. Con un gesto rápido me señaló una de las cabinas con inodoro y nos metimos ahí. Acabó a los pocos segundos y salió del baño mientras yo me mojaba la cara tratando de que me baje el colorado de la cara. </p>
<p>Era una rutina: la mano por debajo de la mesa o en la oscuridad del cine. La novia preparando la comida en la cocina mientras yo le chupaba la pija en el living. Incluso una vez viajamos él, un amigo de él y yo en el asiento delantero de una camioneta y Roberto se puso un sweater sobre la falda y se hizo manosear la pija todo el trayecto.</p>
<p>Nunca avanzamos mucho más allá del manoseo o la chupada. Una vez que sus padres se habían ido de vacaciones me quedé a dormir en su casa. Nos desnudamos y cuando yo ya bajaba para chuparle la pija me agarró la cara y me besó. Sentí su lengua en la boca y me dio asco. No lo volvimos a hacer. Roberto fue la única persona con la que tuve sexo hasta que conocí a Javier.<br />
Hasta que un día Roberto me traicionó y no sé por qué. Roberto era el único que sabía que yo estaba enamorado de Ariel. Estaba tan metido que tenía ataques de celos cada vez que se ponía de novio. Era una tortura. También lo era compartir cama cuando nos íbamos de vacaciones o tener que verlo salir en bolas de la ducha. Pero lo peor eran los juegos de mano. A Ariel le encantaba jugar a la lucha libre en su habitación. Forcejeábamos y aunque él era más flaco que yo tenía más fuerza y terminaba ganándome. Cuando me tenía inmovilizado me metía el dedo en el culo. A Ariel le encantaba meterme el dedo en el culo. No literalmente porque estábamos vestidos pero sí a través del pantalón. Y como en esa época yo estaba casi siempre en pantalón de gimnasia el tacto era bastante íntimo. El dedo en el culo me hacía reír hasta que me dolían las costillas pero también me hacía parar la pija. Por suerte sabía esconderlo. </p>
<p>Una noche Ariel volvió de jugar al fútbol todo contracturado. Yo le dije que había leído libros de yoga y me ofrecí a hacerle masajes. Se duchó, se puso un slip y le hice masajes de la punta de los pies hasta la coronilla, del culo al pecho al abdomen a la cara interior de los muslos. No se le paró y yo me tuve que aguantar la tentación de tocarlo. Me acabé encima. </p>
<p>Mi metejón con Ariel me convenció de que yo era gay y que debía asumirlo. Podía pensarme de muchas maneras pero no sin el amor o la calentura  que sentía por él. Cuando cumplí 21 años le confesé que era gay, pero no le dije que estaba enamorado de él. Lo tomó bien, aunque no volvió a meterme el dedo en el culo ni a pedir masajes ni a salir de la ducha en bolas. Unos meses después Roberto le contó a Ariel, al final de un partido de fútbol, que yo estaba caliente con él desde hacía años. Me molestó sobre todo que diga “está caliente con vos” y no “enamorado de vos”. Ariel me encaró y me preguntó si era verdad. Tuve que decirle que sí. </p>
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		<title>Globos (recuperado)</title>
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		<pubDate>Sun, 30 May 2010 06:16:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xtian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[nocturnos]]></category>

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		<description><![CDATA[Escribí este texto para un blog que ya no existe: Kaputt. Lo repongo acá, ya que lo descubrí buscando por ahí. {24 de noviembre de 2005, Buenos Aires} Hace más de dos semanas que cumplí 35 años y todavía los globos están ahí. Ayer explotó uno a las 5.47 AM. Lo sé porque abrí los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escribí este texto para un blog que ya no existe: Kaputt. Lo repongo acá, ya que lo descubrí buscando por ahí. </p>
<p>{24 de noviembre de 2005, Buenos Aires}</p>
<p>Hace más de dos semanas que cumplí 35 años y todavía los globos están ahí. Ayer explotó uno a las 5.47 AM. Lo sé porque abrí los ojos y vi los dígitos en el radio reloj. Pensé “explotó uno de los globos que está colgado de la lámpara del living, debería sacarlos de una vez, no porque exploten a las 5 de la mañana, sino porque bloquean la luz de la lámpara y se ve todo medio anaranjado”, y me volví a dormir.<span id="more-418"></span> Hoy me levanté y los descolgué, pero cuando los vi amontonados al costado del futón no supe que hacer. ¿Qué se hace con 40 globos inflados cuando uno vive en el quinto piso de un edificio de departamentos? ¿Se los revienta de a uno y se los tira a la basura? Los vecinos no van a apreciar las 40 detonaciones. ¿Organizo una espontánea suelta de globos y los dejo caer sobre los transeúntes desprevenidos que caminan por Bulnes? ¿Me paro a la salida del Megatlón Alto Palermo e invento la campaña “un beso por un globo” para los patovicas y aeróbicos que salen transpirando feromonas? ¿Los meto así inflados como están en 5 o 6 bolsas de consorcio y dejo que los cartoneros decidan el destino de tanto aire encapsulado? ¿O espero a que los cartoneros se vayan y bajo las bolsas después, cuando pasen los basureros, y me siento en el balcón a esperar el big bang de 40 globos estallando dentro del camión compactador?</p>
<p>También hay chupetines por todas partes. Compré 100 y al final usamos solamente 40 para las bolsitas con cotillón y golosinas. Por eso hay chupetines sobre la mesa ratona, en el estantecito del botiquín del baño, sobre los parlantes de la computadora, sobre el televisor y sobre la mesita de luz. A los sánguches de miga no me animé a congelarlos. Los dejé sobre la mesada: me encanta observar como se les van levantando los bordes a medida que avanzan los días, parecen caracoles de miga, enroscados sobre sí mismos y apilados unos encimas de otros, sobre la bandejita de cartón, en perpetua orgía. Lo que sí congelé fue un pedazo de torta, un paralelepípedo negro relleno de frutillas, duraznos y dulce de leche. Ayer lo puse sobre la mesada y lo observé: parece un ladrillo de bordes irregulares rescatado de las ruinas de una ciudad bíblica sepultada por la lava chantillí.</p>
<p>No sé muy bien por qué mi cumpleaños 35 desencadenó estas manías arqueológicas, este frenesí momificador, esta negativa a arrojar todos estos souvenirs al incinerador o al fuego. Es solamente con los números redondos que tengo sufro estas hecatombes. Es solamente con los números redondos que baldeo la vereda, que mando a la tintorería las cortinas y que cambio las lamparitas de los faroles de mi vida; el resto del tiempo paso el plumero, ilumino con velitas de té los rincones oscuros y prendo sahumerios para esconder los malos olores. Sin embargo mi cumpleaños número 30 fue muy distinto a éste, quizás su contracara: fue un cumpleaños de levar anclas, de irse, de salirse, de en caso de emergencia utilice el martillo, rompa la ventanilla y a la una, a las dos y a las tres, al agua pato que se hunde el barco. Cumplí 30 en San Francisco, recostado sobre un colchón inflable que se desinflaba y me forzaba a inflarlo otra vez cada dos horas, mirando el techo de una habitación de 2 por 2 sin ventanas que había alquilado con mis últimos ahorros. Me había ido al Valle del Silicón para hacerme rico, porque en el 2000 todos se iban al oeste soleado y hi-tech, y algunos de todos esos se hacían ricos en un año y medio y vivían después una vida de descapotables, jacuzzis y wine tasting. Yo tuve mala suerte, y encima llegué tarde.</p>
<p>El servicio de inmigración yanqui perdió mis papeles y tardó 3 meses en reconocerlo y 2 meses más en hacer algo al respecto. Durante esos 5 meses estuve impedido de trabajar y de salir del país (alguien debería explicarles que la conjunción de estas dos restricciones es la forma más efectiva de impulsar a un extranjero al trabajo ilegal). Eso en cuanto a “mala suerte”. Ahora el “llegué tarde”: en esos 5 meses el sueño dorado californiano se convirtió en una pesadilla color castaño oscuro: la burbuja puntocom implotó y el agujero negro se empezó a tragar todo. Todo, incluyendo mis posibilidades de conseguir trabajo. Encima el mercado inmobiliario seguía empujado por la inercia de la burbuja y era imposible encontrar departamentos para alquilar. En esos 5 meses viví en 6 lugares distintos, incluyendo un ático, dos sótanos y un garage. Así fue como terminé mirando la lamparita cubierta de telas de araña desde el colchón que se desinflaba. Y así cumplí 30 años.</p>
<p>5 años después duermo sobre un colchón que no se desinfla. Podría ser el final lacrimógeno de una película como la vida misma, cuando la vida misma premia a los que perseveran y triunfan: si Travolta fue el chico de la burbuja de plástico, yo podría ser el chico del colchón inflable, en los mejores cines. Pero no: yo no perseveré, me cansé. No volví a la Argentina a luchar, sino a vivir, y las dos cosas, a veces, no son lo mismo. Mi cálculo fue: si me quedo 3 años más en USA y termino mi doctorado, voy a tener que quedarme 10 años más para juntar plata y justificar el esfuerzo y la tortura de estudiar tantos años. ¿Quiero vivir mis treintas en USA y volver con mis cuarentaypicos a Argentina? No, no quiero, me vuelvo a Argentina ya mismo. A la una, a las dos y a las tres, al agua pato otra vez, y acá estoy. No tengo mucha fe patriota, pero la Argentina no se está yendo a pique. Y si se va a pique, y si se va al fondo del mar, habrá que dejarse crecer branquias y nadar como Patrick Duffy (para algo me pasé todo un verano allá por los años 80 nadando como el hombre de la Atlántida).</p>
<p>Estos 5 años, los que van del colchón de San Francisco al sommier con nubecitas blancas sobre fondo celeste de Buenos Aires son, sobre todo, los años en los que busqué un lugar mío. En inglés: a place to call my own. Un lugar para nombrar como propio, o algo así. Busqué ese lugar en New Jersey y San Francisco. También un lugar propio (no un lugar geográfico, sino un lugar social) dentro de la “comunidad gay” de Nueva York y San Francisco. No los encontré. Lo que descubrí fueron algunos rincones calentitos en algunos áticos y garages (un colchón para nombrar como propio) y algunos amigos entrañables (la comunidad es eso). No encontré nada más. Y no me alcanza.</p>
<p>Y ahora estoy acá, con 35 años recién cumplidos y hamacándome entre mi escepticismo (no hay comunidad ni casa, varón, hacé la de kung fú: caminata por el bosque y la soledad de la flauta de caña) y mis ganas de jugar al rasti de nuevo (buscar un compañero, una comunidad y una lucha).</p>
<p>Supongo que ésa es la pulseada que se está definiendo. Y quizás el ladrillo de chocolate en el freezer, los chupetines reflejándose en el espejo del botiquín y los sánguches caracol tengan algo que ver, sean símbolos o catalizadores, herramientas o balizas.</p>
<p>Hoy me desperté de repente a las 5.47 AM. No había explotado ningún globo. </p>
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		<title>Cáscara</title>
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		<pubDate>Fri, 07 May 2010 05:59:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xtian</dc:creator>
				<category><![CDATA[infancia]]></category>

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		<description><![CDATA[{Texto que escribí para el libro que estoy por publicar.} El filo del cuchillo que entra, secciona la cáscara, apenas, se detiene a milímetros de la superficie, la mano que se afirma para rotar la manzana, el filo que avanza en espiral, una sola tira continua que baja en el aire y se acomoda en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>{Texto que escribí para el libro que estoy por publicar.}</p>
<p>El filo del cuchillo que entra, secciona la cáscara, apenas, se detiene a milímetros de la superficie, la mano que se afirma para rotar la manzana, el filo que avanza en espiral, una sola tira continua que baja en el aire y se acomoda en el plato, dócil, recostada como una maja en un sofá. Mi mamá me extiende la manzana pelada desde el otro lado de la mesa. Yo la agarro, le clavo los dientes, desgarro, mastico, paladeo. La pulpa trae el olor de las manos de mi madre.<span id="more-417"></span> </p>
<p>Esa fue mi primera obsesión: las cáscaras. No sólo la de las manzanas, sino también la corteza de los árboles, la cuerina del sofá cama, que lentamente raspaba con la uña, para que mi mamá no se diera cuenta, hasta que se hacía un agujero. Meter el dedo ahí, buscando la goma espuma. </p>
<p>La cáscara, el lugar que separa una cosa de la otra, el lugar en el que algo empieza a ser otra cosa. El lugar que define el contacto, pero también la barrera. Lamer ahí, punzar, raspar con la uña, entrar. </p>
<p>Y en el cuerpo, las lastimaduras y las cascaritas, la sangre que coagula, que se pone oscura y áspera, pero a la noche, cuando me baño, se ablanda, con la yema del dedo la muevo apenas de lugar y vuelve. Después, a los pocos días, cuando ya se está convirtiendo otra vez en mi piel, buscar la entrada con la uña, levantar y arrancar, arrancar con un chasquido como la fórmica naranja, despegada del borde de los cajones, tironear y quebrar, o las calcomanías del vidrio trasero del auto, agrietadas por el sol,  con un chasquido y coquetear con la cicatriz, con lo definitivo. </p>
<p>Ahora me despierto en el medio de la noche y voy hacia la cocina, saco una manzana fría de la heladera, casi congelada, la meto bajo el agua, me la llevo a la boca. La muerdo con desesperación, la mordisqueo, y bajo la luz fluorescente del tubo la miro. En la pulpa hay marcas rojos, la sangre de mis encías, marcas, el comienzo de una escritura, de algo que todavía quiero decir.</p>
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		<title>Abril 2010: mi libro, nuevo taller, Reynaldo Arenas</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Mar 2010 23:18:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xtian</dc:creator>
				<category><![CDATA[anuncios]]></category>

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		<description><![CDATA[Estoy medio desaparecido del blog, pero contento. Acá van algunas novedades. El turno del lunes del taller de escritura se llenó. Así que voy a abir un nuevo turno, los martes, de 20 a 22, en Bulnes y Santa Fe. En este turno sólo va a haber alumnos nuevos, así que es una buena oportunidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy medio desaparecido del blog, pero contento. Acá van algunas novedades.</p>
<p>El turno del lunes del taller de escritura se llenó. Así que voy a abir un nuevo turno, los martes, de 20 a 22, en Bulnes y Santa Fe. En este turno sólo va a haber alumnos nuevos, así que es una buena oportunidad para los que quieren probar escribir texto breve. Es un taller de iniciación y exploración, así que aprovechen. Cualquier cosa, manden email a crodriguez@gmail.com y les cuento más.</p>
<p>Un lector del blog me ofreció publicar en su editorial, así que estoy preparando una compilación de textos del blog remezclados, remixados, son muchos samples y scratch. Veremos qué sale. A medida que vaya avanzando el proyecto, los mantendré informados.</p>
<p>El segundo mes del taller de lectura se viene con todo. Vamos a leer Celestino antes del alba, de Reynaldo Arenas, una novela que precedió a Cien años de soledad, de García Marquez y que ya configura el realismo mágico. Es un libro de culto, embriagador. Los que quieran sumarse al taller de lectura, también chiflen.</p>
<p>Y pronto más textos para el blog.</p>
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		<title>Intentar decir</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2010/02/22/intentar-decir/</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Feb 2010 07:03:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xtian</dc:creator>
				<category><![CDATA[citas y traducciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Estoy zambulléndome en Faulkner: sus cuentos y sus novelas (en inglés y en castellano), pero también lo que se escribe sobre él. Así descubrí algo chiquito, ínfimo, pero que me parece fascinante. Es tan ínfimo que se le pasó al traductor, al menos en la traducción que yo tengo. Así empieza El ruido y la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy zambulléndome en Faulkner: sus cuentos y sus novelas (en inglés y en castellano), pero también lo que se escribe sobre él. Así descubrí algo chiquito, ínfimo, pero que me parece fascinante. Es tan ínfimo que se le pasó al traductor, al menos en la traducción que yo tengo.<span id="more-414"></span></p>
<p>Así empieza El ruido y la furia:</p>
<blockquote><p>A través de la cerca, entre los huecos de las flores ensortijadas, yo los veía dar golpes. Venían hacia donde estaba la bandera y yo los seguía desde la cerca. Luster estaba buscando entre la hierba junto al árbol de las flores. Sacaban la bandera y daban golpes. Luego volvieron a meter la bandera y se fueron al bancal y uno dio un golpe y otro dio un golpe. Después siguieron y yo fui por la cerca y se pararon y nosotros nos paramos y yo miré a través de la cerca mientras Luster buscaba entre la hierba.</p>
<p>&#8220;Eh, Caddie&#8221;. Dio un golpe. Atravesaron el prado. Yo me agarré a la cerca y los vi marcharse.</p></blockquote>
<p>Raro, ¿no? Bueno, explicación rápida para los que no leyeron (ni oyeron hablar) de esta novela. El narrador es Benjy, un idiota. Sí, la palabra es políticamente incorrecta, pero no se me enojen: no está claro si Benjy tiene retraso, es autista, o una combinación de ambas cosas, así que voy a usar esa palabra. Y además, la cita de Shakespeare que da título al libro usa esa palabra:</p>
<blockquote><p>&#8220;[La vida no es más que] un cuento relatado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada&#8221;.</p></blockquote>
<p>Sigamos. Estamos en la cabeza de Benjy, y Benjy no entiende cronología ni causa y efecto. Para Benjy lo que está pasando se mezcla con lo que pasó hace 20 años, o hace 10 años, o hace 2 meses, o hace 15 minutos. Pero lo que sí tiene Benjy es memoria asociativa. Una palabra o una sensación puede disparar otra, las cosas coagulan o se mezclan, toman forma y se transforman en otra cosa. Pero no hay caos absoluto, sólo una lógica que no es causal o temporal.</p>
<p>Volvamos entonces al texto. ¿Qué sabemos a partir de ese párrafo? 1. que Benjy está detrás de una cerca y observa lo que pasa más allá, 2. lo que Benjy está mirando es un partido de golf (esto se deduce de que &#8220;golpean&#8221; y que &#8220;vuelven a meter la bandera&#8221;). Benjy no entiende que eso se llama golf, así que la palabra golf nunca es mencionada en el párrafo. Así llegamos al final del primer párrafo, y acá viene ese detalle ínfimo y crucial.</p>
<p>&#8220;Eh, caddie.&#8221;</p>
<p>Así dice la traducción. En inglés, la oración es &#8220;Here, caddie&#8221;. Una mejor traducción sería &#8220;Aquí, caddie&#8221;.</p>
<p>¿Qué está pasando? Uno de los jugadores está llamando al caddie, que es el nombre que se le da en el golf al que carga con los palos. Pero Caddy es, también, el nombre de la hermana de Benjy. Y eso dispara los recuerdos de Benjy, que funcionan por asociación. Ya al final de esa oración, aparece una palabra particular: &#8220;prado&#8221;. Ya no hay bancal, ni banderas, hay un prado. Tampoco sabemos esto, y Faulkner no lo dice, pero ese campo de golf fue antes el prado en el que jugaba Benjy, pero que la familia tuvo que vender para mandar a su hijo a Harvard.</p>
<p>Benjy hace esa conexión: Caddie es Caddy, la hermana, pero la hermana ya no está. Pero la hermana sí estaba cuando ese campo de golf era un prado, el prado en el que Benjy jugaba. Benjy vuelve al pasado mirando a través de esa cerca, empujado por el sonido de esa palabra. ¿Por qué es tan grave el error de traducir &#8220;eh&#8221; en vez de &#8220;aquí&#8221;? Porque &#8220;Aquí, Caddy&#8221; es precisamente lo que Benjy desea, y no puede tener: la presencia de Caddy.</p>
<p>La novela es, en realidad, el relato de la ausencia de Caddy. Cada uno de los hermanos, en sus monólogos, hablan de esa ausencia, de esa pérdida. Y Benjy es el que más pierde: no sólo pierde a Caddy, sino que pierde el prado, y terminará perdiendo, también, sus genitales. Ese episodio es devastador: unas chicas que juegan más alla de la cerca, se preguntan qué pasará con el idiota si atraviesan esa cerca. Para ellas es, simplemente, una travesura. Cuando lo hacen, Benjy cree que esas niñas son Caddy que regresa, e intenta agarrarlas. Esto es visto por los demás, que no están en la cabeza de Benjy, como un intento de abuso sexual. Y por eso es castrado.</p>
<p>Esta es la escena:</p>
<blockquote><p>Vinieron. Yo abrí la portilla y se pararon, dando la vuelta. Yo intentaba decir, y la cogí, intentando decir, y ella gritó y yo estaba intentando e intentando decir y las figuras brillantes empezaron a pararse y yo intenté salir.</p></blockquote>
<p>&#8220;Yo estaba intentando e intentando decir&#8221;. ¿Intentando decir qué? Intentando decir, seguramente: &#8220;Aquí, Caddy&#8221;. Intentando decir, recuperar lo que no está, lo que está más allá de la cerca, intentando decir, intentando asir esas formas brillantes, intentando salir: una definición de lo que es la literatura.</p>
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		<title>Canto I</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 15:44:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xtian</dc:creator>
				<category><![CDATA[canapés]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy canto, erguido, vertical, flotando sobre Palermo pegoteado. Canto conmigo y sinmigo, a lo que no puede ser arrastrado hacia la alcantarrilla, a lo que se aferra. El óxido que se enrosca barroco en el fierro de la ventana. Los jirones de mayonesa contra el frasco, que esquivan el tenedor torero. Al alcohol en gel [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy canto,<br />
erguido,<br />
vertical,<br />
flotando sobre Palermo pegoteado.<span id="more-412"></span><br />
Canto conmigo y sinmigo,<br />
a lo que no puede ser arrastrado hacia la alcantarrilla,<br />
a lo que se aferra.<br />
El óxido que se enrosca barroco en el fierro<br />
de la ventana.<br />
Los jirones de mayonesa contra el frasco,<br />
que esquivan el tenedor torero.<br />
Al alcohol en gel que no se evapora<br />
nunca.<br />
A los restos de jabón<br />
en el borde la bañera<br />
como piezas<br />
rosas y celestes<br />
de dominó.<br />
Los agarrás y se te resbalan y patinan<br />
y quedan ahí asomados<br />
mirando el abismo rendondo del desagüe<br />
Hitchcockiano.<br />
A lo que nunca, nunca, nunca,<br />
terminás de raspar de la olla,<br />
armado de espátula,<br />
miga de pan,<br />
cepillito,<br />
destornillador,<br />
uña.<br />
A todo esto le canto,<br />
a lo que no le canta<br />
María Elena Walsh<br />
ni su escudero Kevin Johansen.<br />
Canto a todo eso,<br />
a todo lo que es mi hermano:<br />
a lo que es residuo y residencia.</p>
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