<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?>
<!-- generator="wordpress/2.1.3" -->
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	>

<channel>
	<title>Puto y aparte</title>
	<link>http://www.putoyaparte.com</link>
	<description>De Merlo a New Jersey a San Francisco a Palermo a...</description>
	<pubDate>Fri, 09 May 2008 02:21:13 +0000</pubDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.1.3</generator>
	<language>en</language>
			<item>
		<title>Cómo convertirse en escritora, de Lorrie Moore</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2008/05/07/como-convertirse-en-escritora-de-lorrie-moore/</link>
		<comments>http://www.putoyaparte.com/2008/05/07/como-convertirse-en-escritora-de-lorrie-moore/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 07 May 2008 16:38:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[citas y traducciones]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.putoyaparte.com/2008/05/07/como-convertirse-en-escritora-de-lorrie-moore/</guid>
		<description><![CDATA[<div id="post_excerpt_366" class="post_excerpt" ><p>Otro cuento, esta vez de Lorrie Moore, de su libro Autoayuda. Existe una versión de ese libro de Emecé, pero no lo conseguí, así que esta traducción es mía. Es un cuento atípico, narrado en segunda persona. En la traducción usé el ti en vez del vos, para mantener el tono estándar de los textos de autoayuda.</p>
<p><strong>Cómo convertirse en escritora, por Lorrie Moore</strong></p>
<p>Primero intenta ser algo, cualquier otra cosa. Estrella de cine / astronauta. Estrella de cine / misionera. Estrella de cine / maestra jardinera. Presidente del Mundo. Fracasa horriblemente. Es mejor si fracasas a una edad temprana, por ejemplo, a los catorce. Una desilusión temprana, crítica, para que a los quince puedas escribir largas oraciones en forma de haiku sobre los deseos frustrados. Es un estanque, un cerezo en flor, un viento peinando las alas del gorrión rumbo a la montaña. Cuenta las sílabas. Muéstraselo a tu mamá. Ella es dura y práctica. Tiene un hijo en Vietnam y un marido que podría tener una amante. Ella cree que hay que usar ropa marrón porque disimula las manchas. Ella mirará brevemente tu texto y luego otra vez a tí con la cara vacía como una galletita. Ella dirá: &#8220;¿Por qué no vacías el lavavaplatos?&#8221;. Desvía la vista. Mete los tenedores en el cajón de los tenedores. Accidentalmente rompe uno de los vasos que te dieron gratis en la estación de servicio. Este es el dolor y el sufrimiento necesarios. Esto es solo el comienzo.</p>
<p>En la clase de literatura en la escuela mira sólo la cara de Mister Killian. Decide que las caras son importantes. Escribe una villanelle sobre los poros. Esfuérzate. Escribe un soneto. Cuenta las sílabas: nueve, diez, once, trece. Decide experimentar con la ficción. Ahí no tienes que contar sílabas. Escribe un cuento corto sobre un anciano y una anciana que se disparan un tiro accidentalmente en la cabeza, uno al otro, resultado de una inexplicable falla en un rifle que aparece misteriosamente en el living, una noche. Dáselo a Mister Killian como trabajo final de la clase. Cuando te lo devuelve ha escrito en el papel: &#8220;Algunas imágenes son bastante buenas, pero no tienes sentido de la trama.&#8221; Cuando estás en tu casa, en la privacidad de tu cuarto, garabatea en lápiz, debajo de su comentario en tinta negra: &#8220;Las tramas son para los idiotas, cara-porosa&#8221;.<br />
Toma todos los trabajos de niñera que consigas. Eres bárbara con los chicos. Ellos te adoran. Les cuentas historias de ancianos que mueren de forma idiota. Les cantas canciones como &#8220;Las campanas azules de Escocia&#8221;, tu favorita. Y cuando están en pijama y finalmente dejaron de pellizcarse entre ellos; cuando se duermen, lees todos los manuales de sexo que hay en la casa, y te preguntas cómo alguien podría hacer esas cosas con alguien que ama. Quédate dormida en la silla mientras lees la Playboy de Mister McMurphy. Cuando los McMurphys vuelvan a casa, te tocarán en el hombro, mirarán la revista en tu falda y sonreirán ampliamente. Querrás morirte. Te preguntarán si Tracy se tomó el remedio. Explica que sí, que lo hizo, que le prometiste contarle una historia si se portaba como una señorita y que eso funcionó bastante bien. &#8220;Ah, maravilloso&#8221;, exclamarán.<br />
Trata de sonreír orgullosa.<br />
Anótate en Psicología Infantil en la universidad.</p>
</div><div id="post_content_366" class="post_content" style="display:none;"></div><a id="post_content_link_366" href="http://www.putoyaparte.com/2008/05/07/como-convertirse-en-escritora-de-lorrie-moore/" onclick="inap_request('366','content','&gt;&gt; continuar leyendo','&lt;&lt; volver '); return false;" rel="nofollow">&gt;&gt; continuar leyendo</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post_excerpt_366" class="post_excerpt" ><p>Otro cuento, esta vez de Lorrie Moore, de su libro Autoayuda. Existe una versión de ese libro de Emecé, pero no lo conseguí, así que esta traducción es mía. Es un cuento atípico, narrado en segunda persona. En la traducción usé el ti en vez del vos, para mantener el tono estándar de los textos de autoayuda.</p>
<p><strong>Cómo convertirse en escritora, por Lorrie Moore</strong></p>
<p>Primero intenta ser algo, cualquier otra cosa. Estrella de cine / astronauta. Estrella de cine / misionera. Estrella de cine / maestra jardinera. Presidente del Mundo. Fracasa horriblemente. Es mejor si fracasas a una edad temprana, por ejemplo, a los catorce. Una desilusión temprana, crítica, para que a los quince puedas escribir largas oraciones en forma de haiku sobre los deseos frustrados. Es un estanque, un cerezo en flor, un viento peinando las alas del gorrión rumbo a la montaña. Cuenta las sílabas. Muéstraselo a tu mamá. Ella es dura y práctica. Tiene un hijo en Vietnam y un marido que podría tener una amante. Ella cree que hay que usar ropa marrón porque disimula las manchas. Ella mirará brevemente tu texto y luego otra vez a tí con la cara vacía como una galletita. Ella dirá: &#8220;¿Por qué no vacías el lavavaplatos?&#8221;. Desvía la vista. Mete los tenedores en el cajón de los tenedores. Accidentalmente rompe uno de los vasos que te dieron gratis en la estación de servicio. Este es el dolor y el sufrimiento necesarios. Esto es solo el comienzo.</p>
<p>En la clase de literatura en la escuela mira sólo la cara de Mister Killian. Decide que las caras son importantes. Escribe una villanelle sobre los poros. Esfuérzate. Escribe un soneto. Cuenta las sílabas: nueve, diez, once, trece. Decide experimentar con la ficción. Ahí no tienes que contar sílabas. Escribe un cuento corto sobre un anciano y una anciana que se disparan un tiro accidentalmente en la cabeza, uno al otro, resultado de una inexplicable falla en un rifle que aparece misteriosamente en el living, una noche. Dáselo a Mister Killian como trabajo final de la clase. Cuando te lo devuelve ha escrito en el papel: &#8220;Algunas imágenes son bastante buenas, pero no tienes sentido de la trama.&#8221; Cuando estás en tu casa, en la privacidad de tu cuarto, garabatea en lápiz, debajo de su comentario en tinta negra: &#8220;Las tramas son para los idiotas, cara-porosa&#8221;.<br />
Toma todos los trabajos de niñera que consigas. Eres bárbara con los chicos. Ellos te adoran. Les cuentas historias de ancianos que mueren de forma idiota. Les cantas canciones como &#8220;Las campanas azules de Escocia&#8221;, tu favorita. Y cuando están en pijama y finalmente dejaron de pellizcarse entre ellos; cuando se duermen, lees todos los manuales de sexo que hay en la casa, y te preguntas cómo alguien podría hacer esas cosas con alguien que ama. Quédate dormida en la silla mientras lees la Playboy de Mister McMurphy. Cuando los McMurphys vuelvan a casa, te tocarán en el hombro, mirarán la revista en tu falda y sonreirán ampliamente. Querrás morirte. Te preguntarán si Tracy se tomó el remedio. Explica que sí, que lo hizo, que le prometiste contarle una historia si se portaba como una señorita y que eso funcionó bastante bien. &#8220;Ah, maravilloso&#8221;, exclamarán.<br />
Trata de sonreír orgullosa.<br />
Anótate en Psicología Infantil en la universidad.</p>
</div><div id="post_content_366" class="post_content" style="display:none;"></div><a id="post_content_link_366" href="http://www.putoyaparte.com/2008/05/07/como-convertirse-en-escritora-de-lorrie-moore/" onclick="inap_request('366','content','&gt;&gt; continuar leyendo','&lt;&lt; volver '); return false;" rel="nofollow">&gt;&gt; continuar leyendo</a>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.putoyaparte.com/2008/05/07/como-convertirse-en-escritora-de-lorrie-moore/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Bala en el cerebro, de Tobias Wolff</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2008/04/03/bala-en-el-cerebro-de-tobias-wolff/</link>
		<comments>http://www.putoyaparte.com/2008/04/03/bala-en-el-cerebro-de-tobias-wolff/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 03 Apr 2008 21:34:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[citas y traducciones]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.putoyaparte.com/2008/04/03/bala-en-el-cerebro-de-tobias-wolff/</guid>
		<description><![CDATA[<div id="post_excerpt_364" class="post_excerpt" ><blockquote><p>Semanas atrás decidí ver de qué se trataban los podcasts y me bajé el podcast de ficción del New Yorker. Salí de mi casa rumbo a la oficina y me puse los auriculares. En el <a href="http://www.newyorker.com/online/2008/02/11/080211on_audio_boyle" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.newyorker.com');">podcast</a> el novelista T. C. Boyle anunció que leería un cuento de Tobias Wolff. No había leído nunca a Wolff, aunque sí había visto la versión cinematográfica de una de sus novelas: Mi vida como hijo (<a href="http://www.imdb.com/title/tt0108330/" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.imdb.com');">This boy&#8217;s life, 1993</a>), protagonizada por De Niro y DiCaprio. No voy a hablar del cuento, solo voy a decir que empecé divertido por la ironía del cuento y que en unos pocos minutos, cuando escuché los párrafos finales, tuve que detenerme y apoyarme contra el poste de un semáforo para asimilar el impacto. De los cuentos que leí, este es sin duda el más sorprendente y uno de los más bellos, y demuestra que en tres páginas se pueden alcanzar las profundidades de una novela. </p>
<p>Pero mejor es callarme la boca y dejar que hable Tobias Wolff. Espero que mi traducción sea lo suficientemente buena como para no haber estrangulado la belleza d<a href="https://netfiles.uiuc.edu/ro/www/LiteratureandMedicineInitiative/20080304/bullet.pdf" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/netfiles.uiuc.edu');">el origina</a>l. Gracias totales a Amalia, Maruja y Sofía, <a href="http://www.blogdedieguez.com.ar/" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.blogdedieguez.com.ar');">Dieguez</a>, <a href="http://www.wimbleblog.com.ar/" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.wimbleblog.com.ar');">Piro</a>, <a href="http://www.orsai.es/" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.orsai.es');">Casciari</a> y a todos los que leyeron el cuento y sugirieron correcciones.</p></blockquote>
<p><strong><br />
Bala en el cerebro<br />
Tobias Wolff</strong><br />
Traducción: Xtian Rodriguez</p>
<p>Anders llegó al banco poco antes de la hora de cierre, así que por supuesto la cola era interminable y quedó ubicado detrás de dos mujeres que, con su estridente y estúpida conversación, lo pusieron de un humor asesino. De cualquier manera nunca estaba del mejor humor, Anders—un crítico literario conocido por el cansado y elegante salvajismo con el que despachaba casi todo lo que reseñaba.</p>
<p>Aunque la cola serpenteaba siguiendo la cuerda, una de las cajeras puso un cartel de &#8220;caja cerrada&#8221; en su ventanilla, caminó hacia la parte de atrás del banco, se apoyó contra un escritorio y empezó a hacer tiempo con un hombre que ordenaba papeles. Las mujeres delante de Anders interrumpieron su conversación y observaron a la cajera con odio. &#8220;Ah, qué bien&#8221;, dijo una de ellas. Se volvió hacia Anders y agregó, confiada en su complicidad, &#8220;Uno de esos toquecitos humanos que nos hacen volver por más.&#8221; </p>
<p>Anders había acumulado ya su propio odio contra la cajera, pero inmediatamente lo desvió hacia la quejosa presumida que tenía delante. &#8220;Es tan injusto&#8221;, dijo. &#8220;Trágico, realmente. Si no están amputando la pierna equivocada o bombardeando un pueblo ancestral, están cerrando una ventanilla.&#8221;</p>
<p>Ella defendió su posición. &#8220;No dije que fuera trágico&#8221;, dijo. &#8220;Sólo creo que es una pésima manera de tratar a los clientes.&#8221;</p>
<p>—Imperdonable—dijo Anders.—El cielo tomará nota.</p>
<p>Ella aspiró y ahuecó sus mejillas, miró más allá de él y no dijo nada. Anders vio que la otra mujer, su amiga, miraba en la misma dirección. Y entonces los cajeros dejaron de hacer lo que hacían y los clientes giraron lentamente y un silencio invadió el banco. Dos hombres con pasamontañas negros y trajes azules estaban parados al lado de la puerta. Uno de ellos apretaba una pistola contra el cuello del guardia. Los ojos del guardia estaban cerrados y sus labios se movían. El otro hombre tenía una escopeta recortada. &#8220;¡Todos callados la boca!&#8221;, dijo el hombre con la pistola, aunque nadie había dicho una sola palabra. &#8220;Si alguno de los cajeros acciona la alarma son todos boleta. ¿Entendieron?&#8221;</p>
<p>Los cajeros asintieron.</p>
</div><div id="post_content_364" class="post_content" style="display:none;"></div><a id="post_content_link_364" href="http://www.putoyaparte.com/2008/04/03/bala-en-el-cerebro-de-tobias-wolff/" onclick="inap_request('364','content','&gt;&gt; continuar leyendo','&lt;&lt; volver '); return false;" rel="nofollow">&gt;&gt; continuar leyendo</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post_excerpt_364" class="post_excerpt" ><blockquote><p>Semanas atrás decidí ver de qué se trataban los podcasts y me bajé el podcast de ficción del New Yorker. Salí de mi casa rumbo a la oficina y me puse los auriculares. En el <a href="http://www.newyorker.com/online/2008/02/11/080211on_audio_boyle" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.newyorker.com');">podcast</a> el novelista T. C. Boyle anunció que leería un cuento de Tobias Wolff. No había leído nunca a Wolff, aunque sí había visto la versión cinematográfica de una de sus novelas: Mi vida como hijo (<a href="http://www.imdb.com/title/tt0108330/" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.imdb.com');">This boy&#8217;s life, 1993</a>), protagonizada por De Niro y DiCaprio. No voy a hablar del cuento, solo voy a decir que empecé divertido por la ironía del cuento y que en unos pocos minutos, cuando escuché los párrafos finales, tuve que detenerme y apoyarme contra el poste de un semáforo para asimilar el impacto. De los cuentos que leí, este es sin duda el más sorprendente y uno de los más bellos, y demuestra que en tres páginas se pueden alcanzar las profundidades de una novela. </p>
<p>Pero mejor es callarme la boca y dejar que hable Tobias Wolff. Espero que mi traducción sea lo suficientemente buena como para no haber estrangulado la belleza d<a href="https://netfiles.uiuc.edu/ro/www/LiteratureandMedicineInitiative/20080304/bullet.pdf" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/netfiles.uiuc.edu');">el origina</a>l. Gracias totales a Amalia, Maruja y Sofía, <a href="http://www.blogdedieguez.com.ar/" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.blogdedieguez.com.ar');">Dieguez</a>, <a href="http://www.wimbleblog.com.ar/" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.wimbleblog.com.ar');">Piro</a>, <a href="http://www.orsai.es/" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.orsai.es');">Casciari</a> y a todos los que leyeron el cuento y sugirieron correcciones.</p></blockquote>
<p><strong><br />
Bala en el cerebro<br />
Tobias Wolff</strong><br />
Traducción: Xtian Rodriguez</p>
<p>Anders llegó al banco poco antes de la hora de cierre, así que por supuesto la cola era interminable y quedó ubicado detrás de dos mujeres que, con su estridente y estúpida conversación, lo pusieron de un humor asesino. De cualquier manera nunca estaba del mejor humor, Anders—un crítico literario conocido por el cansado y elegante salvajismo con el que despachaba casi todo lo que reseñaba.</p>
<p>Aunque la cola serpenteaba siguiendo la cuerda, una de las cajeras puso un cartel de &#8220;caja cerrada&#8221; en su ventanilla, caminó hacia la parte de atrás del banco, se apoyó contra un escritorio y empezó a hacer tiempo con un hombre que ordenaba papeles. Las mujeres delante de Anders interrumpieron su conversación y observaron a la cajera con odio. &#8220;Ah, qué bien&#8221;, dijo una de ellas. Se volvió hacia Anders y agregó, confiada en su complicidad, &#8220;Uno de esos toquecitos humanos que nos hacen volver por más.&#8221; </p>
<p>Anders había acumulado ya su propio odio contra la cajera, pero inmediatamente lo desvió hacia la quejosa presumida que tenía delante. &#8220;Es tan injusto&#8221;, dijo. &#8220;Trágico, realmente. Si no están amputando la pierna equivocada o bombardeando un pueblo ancestral, están cerrando una ventanilla.&#8221;</p>
<p>Ella defendió su posición. &#8220;No dije que fuera trágico&#8221;, dijo. &#8220;Sólo creo que es una pésima manera de tratar a los clientes.&#8221;</p>
<p>—Imperdonable—dijo Anders.—El cielo tomará nota.</p>
<p>Ella aspiró y ahuecó sus mejillas, miró más allá de él y no dijo nada. Anders vio que la otra mujer, su amiga, miraba en la misma dirección. Y entonces los cajeros dejaron de hacer lo que hacían y los clientes giraron lentamente y un silencio invadió el banco. Dos hombres con pasamontañas negros y trajes azules estaban parados al lado de la puerta. Uno de ellos apretaba una pistola contra el cuello del guardia. Los ojos del guardia estaban cerrados y sus labios se movían. El otro hombre tenía una escopeta recortada. &#8220;¡Todos callados la boca!&#8221;, dijo el hombre con la pistola, aunque nadie había dicho una sola palabra. &#8220;Si alguno de los cajeros acciona la alarma son todos boleta. ¿Entendieron?&#8221;</p>
<p>Los cajeros asintieron.</p>
</div><div id="post_content_364" class="post_content" style="display:none;"></div><a id="post_content_link_364" href="http://www.putoyaparte.com/2008/04/03/bala-en-el-cerebro-de-tobias-wolff/" onclick="inap_request('364','content','&gt;&gt; continuar leyendo','&lt;&lt; volver '); return false;" rel="nofollow">&gt;&gt; continuar leyendo</a>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.putoyaparte.com/2008/04/03/bala-en-el-cerebro-de-tobias-wolff/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Historia, segunda parte</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2008/02/29/historia-segunda-parte/</link>
		<comments>http://www.putoyaparte.com/2008/02/29/historia-segunda-parte/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 29 Feb 2008 07:27:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[infancia]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.putoyaparte.com/2008/02/29/historia-segunda-parte/</guid>
		<description><![CDATA[<div id="post_excerpt_363" class="post_excerpt" ><p><em>Esta historia empezó <a href="http://www.putoyaparte.com/2008/02/14/historia/" >acá</a>.</em></p>
<p>Los recuerdos son como el juego de los palillos chinos, están ahí amontonados, de colores, algunos están separados de los demás, identificables, independientes, pero otros se apilan y no puedo sacar uno sin que se muevan todos los demás, sin que todo se desordene.</p>
<p>Este es un palillo suelto: en esa época llegó al barrio un chico nuevo, se llamaba Guillermo, le decían Willy y yo le tenía un miedo instintivo. Willy exhalaba un odio viscoso, ese odio le venía desde atrás y desde adentro. Yo suponía que alguien le había hecho algo horrible y que él había sido incapaz de vengarse por alguna razón. Físicamente no imponía mucho respeto: era flaco pero intentaba compensar caminando como si fuera un soldado. Amenazaba siempre con romperle la cara a alguien, pero nunca lo vi agarrarse a piñas. Sus hazañas de violencia siempre habían sucedido en otros barrios o antes de llegar al barrio. Estaba yendo a taekwondo y nos detallaba siempre el feroz entrenamiento al que se sometía. Una vez contó que lo obligaban a tomar leche cortada, que eso le daba más fuerza y que si no lo hacías el profesor te echaba. Los cuentos de Willy y el taekwondo me despertaban una morbidez erótica, me lo imaginaba en una versión macabra de Kung Fú, con un maestro Po de ojos blancos, pero con pecho peludo y cara de hijo de puta. Pero lo que yo temía en Willy no era ese estallido incipiente de violencia y maldad que esperaba consumación (y que había atisbado en actos de crueldad inútiles, que involucraban en general gatos indefesos, hormigueros o insectos), sino que Willy, como yo, sabía que en su interior algo no funcionaba, y que esa parte rota estaba rota para siempre y que ese defecto ya estructural marcaba en sí una frontera, algo de lo que no se salía ni ahora ni nunca. Aunque no supiera de qué se trataba, aunque no pudiera nombrar su propia oscuridad, explicarla o manejarla, sabía que en algún momento el país de su futuro se había recortado, que las aguas habían subido e inundado las costas y que ahora debía vivir para siempre en las partes altas, a salvo pero siempre expectante, vigilando el próximo deshielo.</p>
</div><div id="post_content_363" class="post_content" style="display:none;"></div><a id="post_content_link_363" href="http://www.putoyaparte.com/2008/02/29/historia-segunda-parte/" onclick="inap_request('363','content','&gt;&gt; continuar leyendo','&lt;&lt; volver '); return false;" rel="nofollow">&gt;&gt; continuar leyendo</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post_excerpt_363" class="post_excerpt" ><p><em>Esta historia empezó <a href="http://www.putoyaparte.com/2008/02/14/historia/" >acá</a>.</em></p>
<p>Los recuerdos son como el juego de los palillos chinos, están ahí amontonados, de colores, algunos están separados de los demás, identificables, independientes, pero otros se apilan y no puedo sacar uno sin que se muevan todos los demás, sin que todo se desordene.</p>
<p>Este es un palillo suelto: en esa época llegó al barrio un chico nuevo, se llamaba Guillermo, le decían Willy y yo le tenía un miedo instintivo. Willy exhalaba un odio viscoso, ese odio le venía desde atrás y desde adentro. Yo suponía que alguien le había hecho algo horrible y que él había sido incapaz de vengarse por alguna razón. Físicamente no imponía mucho respeto: era flaco pero intentaba compensar caminando como si fuera un soldado. Amenazaba siempre con romperle la cara a alguien, pero nunca lo vi agarrarse a piñas. Sus hazañas de violencia siempre habían sucedido en otros barrios o antes de llegar al barrio. Estaba yendo a taekwondo y nos detallaba siempre el feroz entrenamiento al que se sometía. Una vez contó que lo obligaban a tomar leche cortada, que eso le daba más fuerza y que si no lo hacías el profesor te echaba. Los cuentos de Willy y el taekwondo me despertaban una morbidez erótica, me lo imaginaba en una versión macabra de Kung Fú, con un maestro Po de ojos blancos, pero con pecho peludo y cara de hijo de puta. Pero lo que yo temía en Willy no era ese estallido incipiente de violencia y maldad que esperaba consumación (y que había atisbado en actos de crueldad inútiles, que involucraban en general gatos indefesos, hormigueros o insectos), sino que Willy, como yo, sabía que en su interior algo no funcionaba, y que esa parte rota estaba rota para siempre y que ese defecto ya estructural marcaba en sí una frontera, algo de lo que no se salía ni ahora ni nunca. Aunque no supiera de qué se trataba, aunque no pudiera nombrar su propia oscuridad, explicarla o manejarla, sabía que en algún momento el país de su futuro se había recortado, que las aguas habían subido e inundado las costas y que ahora debía vivir para siempre en las partes altas, a salvo pero siempre expectante, vigilando el próximo deshielo.</p>
</div><div id="post_content_363" class="post_content" style="display:none;"></div><a id="post_content_link_363" href="http://www.putoyaparte.com/2008/02/29/historia-segunda-parte/" onclick="inap_request('363','content','&gt;&gt; continuar leyendo','&lt;&lt; volver '); return false;" rel="nofollow">&gt;&gt; continuar leyendo</a>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.putoyaparte.com/2008/02/29/historia-segunda-parte/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Historia</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2008/02/14/historia/</link>
		<comments>http://www.putoyaparte.com/2008/02/14/historia/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 14 Feb 2008 07:56:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[infancia]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.putoyaparte.com/2008/02/14/historia/</guid>
		<description><![CDATA[<div id="post_excerpt_362" class="post_excerpt" ><p>Hablemos de mi historia sexual que es un tema espeluznante. </p>
<p>Sí, espeluznante porque empieza llena de clichés, sigue con una condena por un crimen que no cometí, con una comedia de teléfonos descompuestos, con desbordes (pero no de la carne volcándose en otra carne) y desemboca andá a saber en qué estuario.</p>
<p>Empecemos entonces con los clichés, el resto queda para otro día. Jardín de infantes: prolongadas estadías en el sector de la mamá, poco interés en el rincón de bloques. En el cuaderno de conducta los siguientes reportes: &#8220;cumple con las consignas con celeridad y esmero&#8221;, &#8220;colma de atenciones a sus compañeras, especialmente a Delfina Valmi&#8221; (ese nombre debía sonarme sofisticado, ella definitivamente lo era: yo envidiaba su vincha, su cartuchera con ruedita de caja fuerte con clave, inviolable, y su pelo platinado) y &#8220;suele recurrir al llanto cuando se siente contrariado (especialmente cuando sus compañeritos le señalan con sorna su erre afrancesada)&#8221;. </p>
<p>Ya en el primario tuve un breve affaire con el fútbol: primero me mandaron al arco y me gustó. Siempre me gustó esquivar cosas, debo tener algún síndrome de San Sebastián pero invertido. Si el mártir se consagra al atravesarse el torso con flechas, yo fantaseaba con enfrentar proyectiles y esquivarlos a último momento. Lamentablemente mi morbo es lo contrario a lo que se considera una exitosa estrategia como arquero: me ofrecieron el retiro voluntario, acepté. Por lástima o porque no había suficientes jugadores me ofrecieron un par de veces volver a jugar. Aduje lesiones cada vez más sofisticadas pero me ofrecí siempre como ávido espectador, alcanza pelotas y groupie. Abandonados los deportes de contacto físico me dediqué a los de destreza y estrategia (rayuela, elástico y payana).</p>
</div><div id="post_content_362" class="post_content" style="display:none;"></div><a id="post_content_link_362" href="http://www.putoyaparte.com/2008/02/14/historia/" onclick="inap_request('362','content','&gt;&gt; continuar leyendo','&lt;&lt; volver '); return false;" rel="nofollow">&gt;&gt; continuar leyendo</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post_excerpt_362" class="post_excerpt" ><p>Hablemos de mi historia sexual que es un tema espeluznante. </p>
<p>Sí, espeluznante porque empieza llena de clichés, sigue con una condena por un crimen que no cometí, con una comedia de teléfonos descompuestos, con desbordes (pero no de la carne volcándose en otra carne) y desemboca andá a saber en qué estuario.</p>
<p>Empecemos entonces con los clichés, el resto queda para otro día. Jardín de infantes: prolongadas estadías en el sector de la mamá, poco interés en el rincón de bloques. En el cuaderno de conducta los siguientes reportes: &#8220;cumple con las consignas con celeridad y esmero&#8221;, &#8220;colma de atenciones a sus compañeras, especialmente a Delfina Valmi&#8221; (ese nombre debía sonarme sofisticado, ella definitivamente lo era: yo envidiaba su vincha, su cartuchera con ruedita de caja fuerte con clave, inviolable, y su pelo platinado) y &#8220;suele recurrir al llanto cuando se siente contrariado (especialmente cuando sus compañeritos le señalan con sorna su erre afrancesada)&#8221;. </p>
<p>Ya en el primario tuve un breve affaire con el fútbol: primero me mandaron al arco y me gustó. Siempre me gustó esquivar cosas, debo tener algún síndrome de San Sebastián pero invertido. Si el mártir se consagra al atravesarse el torso con flechas, yo fantaseaba con enfrentar proyectiles y esquivarlos a último momento. Lamentablemente mi morbo es lo contrario a lo que se considera una exitosa estrategia como arquero: me ofrecieron el retiro voluntario, acepté. Por lástima o porque no había suficientes jugadores me ofrecieron un par de veces volver a jugar. Aduje lesiones cada vez más sofisticadas pero me ofrecí siempre como ávido espectador, alcanza pelotas y groupie. Abandonados los deportes de contacto físico me dediqué a los de destreza y estrategia (rayuela, elástico y payana).</p>
</div><div id="post_content_362" class="post_content" style="display:none;"></div><a id="post_content_link_362" href="http://www.putoyaparte.com/2008/02/14/historia/" onclick="inap_request('362','content','&gt;&gt; continuar leyendo','&lt;&lt; volver '); return false;" rel="nofollow">&gt;&gt; continuar leyendo</a>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.putoyaparte.com/2008/02/14/historia/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Tilt</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2008/02/12/tilt/</link>
		<comments>http://www.putoyaparte.com/2008/02/12/tilt/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 12 Feb 2008 20:19:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[anuncios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.putoyaparte.com/2008/02/12/tilt/</guid>
		<description><![CDATA[<div id="post_excerpt_361" class="post_excerpt" ><p>Mientras decido si sigo con este blog escribo en el otro: <a href="http://www.miracomotiemblo.com" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.miracomotiemblo.com');">www.miracomotiemblo.com</a>.</p>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post_excerpt_361" class="post_excerpt" ><p>Mientras decido si sigo con este blog escribo en el otro: <a href="http://www.miracomotiemblo.com" onclick="javascript:urchinTracker ('/outbound/article/www.miracomotiemblo.com');">www.miracomotiemblo.com</a>.</p>
</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.putoyaparte.com/2008/02/12/tilt/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Separata</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2008/01/11/separata/</link>
		<comments>http://www.putoyaparte.com/2008/01/11/separata/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 11 Jan 2008 09:52:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[nocturnos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.putoyaparte.com/2008/01/11/separata/</guid>
		<description><![CDATA[<div id="post_excerpt_360" class="post_excerpt" ><p>Las cosas son como caramelos, envueltas en el papel de las palabras. Ahora hace calor y las cosas se ablandan, se ponen chirles, sudan su baba central y se pegan a las palabras que las envuelven. Hay que desenvolver las cosas con cuidado milimétrico, o sino resignarse a comer el caramelo con pedacitos de papel pegado. </p>
<p>Escribir es como cortarse las uñas, algo te crece dentro de la carne, se abre camino y se curva, se vuelve sólido y flexible, un tejido de células muertas. Y hay que desprenderlo para que vuelva a crecer, cortarlo con un clic.</p>
<p>Clic.</p>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post_excerpt_360" class="post_excerpt" ><p>Las cosas son como caramelos, envueltas en el papel de las palabras. Ahora hace calor y las cosas se ablandan, se ponen chirles, sudan su baba central y se pegan a las palabras que las envuelven. Hay que desenvolver las cosas con cuidado milimétrico, o sino resignarse a comer el caramelo con pedacitos de papel pegado. </p>
<p>Escribir es como cortarse las uñas, algo te crece dentro de la carne, se abre camino y se curva, se vuelve sólido y flexible, un tejido de células muertas. Y hay que desprenderlo para que vuelva a crecer, cortarlo con un clic.</p>
<p>Clic.</p>
</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.putoyaparte.com/2008/01/11/separata/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Fin de año fin</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2008/01/02/fin-de-ano-fin/</link>
		<comments>http://www.putoyaparte.com/2008/01/02/fin-de-ano-fin/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 02 Jan 2008 09:07:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[pesadillas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.putoyaparte.com/2008/01/02/fin-de-ano-fin/</guid>
		<description><![CDATA[<div id="post_excerpt_359" class="post_excerpt" ><p>No creo en confabulaciones cósmicas ni nada de eso, menos mal, porque sino estaría tentado de leer todas estas cosas como señales, y como las señales ocurrieron a fin de año no sabría tampoco si leerlas como coda de un ciclo que termina o como advertencia de lo que vendrá. La cosa es así: invité a dos o tres amigos a pasar el fin de año en casa, varios más vendrían a sumarse luego de las 12. El 31 a la mañana me desayuné con que el portero eléctrico no funcaba. Me desesperé: la mina que venía a limpiar (una nueva, porque la que venía antes tiene el marido grave, ¿otra señal?) seguramente había tocado el timbre y se había ido después de un rato de sentirse ignorada (es incapaz de llamar por teléfono, parece, aunque le di el número unas 4 o 5 veces). Bajé entonces a hablar con el portero (el humano) para ver si podíamos arreglar el portero (el eléctrico) cuanto antes. Le expliqué que iba a venir gente a la noche y que iba a ser casi imposible detectar extrasensorialmente su presencia sin ayuda del portero (llamar por teléfono o celular, alrededor de la medianoche se iba a tornar imposible). Salí mientras a hacer las compras necesarias (sánguches de miga y gaseosas) y al volver el portero me dio la buena noticia de que vendría el electricista en un par de horas. Increíblemente vino en un par de horas, tal como había prometido y solucionó el problema, previo desembolso por parte del locador (yo) de una suma cercana a los 100 pesos (“que no cubre el consorcio”, aclaró). Pensé, erróneamente, que después de todo, que el fin de año fluiría hasta su desembocadura sin obstáculos. Pedí helado, me puse a limpiar la casa. Terminé alrededor de las 5 de la tarde y me tiré un rato a dormir la siesta. A las 8 de la noche sonó el timbre. Salté de la cama, ¿quién sería?, mis amigos venían, supuestamente, a las 10. Era el portero (el humano hablando a través del eléctrico): “Le quería avisar que se rompió un caño y que le tenemos que cortar el agua del baño”. Yo: “¿Solo del baño?” Portero: “Sí, supongo que el resto va a seguir funcionando”. La reputísima madre que lo parió, pensé, y dije: “¿No me puede dar un rato así me ducho antes de que corte el agua?”. Dijo que sí. Me duché a toda velocidad. Después me puse a lavar los platos. El agua en las canillas del baño se puso marrón y luego de extinguió, y lo mismo en la cocina. Desesperación. Envidié a mi abuela, accionando la bomba que extraía el agua de la tierra a mano. Bajé a buscar al portero humano, pero no lo encontré. Tampoco respondió la docena de timbrazos. Había desaparecido. Mis 5 invitados y yo deberíamos abstenernos durante horas de ir al baño, lavarnos las manos y cualquier otra actividad que necesitara agua. En ese momento el agua que tenía en el departamento consistía en los dos litros de agua mineral que tenía en la heladera y en la que contenía el balde (la que salía del aire acondicionado) con varios mosquitos muertos flotando. Volví a subir a mi departamento y llamé a los invitados avisándoles que no vinieran. Pasaría el año nuevo mirando el techo y controlando a lo fakir mi uso de agua y mis necesidades excretoras. No, mejor no, mejor me voy a Merlo, pensé. Eran ya las 10 y media. Llamé a mi madre y de pronto, en el medio del llamado, mi teléfono inalámbrico murió y me quedé a oscuras. Habían cortado la luz. Me asomé: no era yo solo, toda la calle a oscuras. Llamé a mi vieja desde el teléfono no-inalámbrico. Me voy para Merlo, le dije. Correr, huir de la ciudad hacia el suburbio. Metí un par de remeras en la mochila, un par de calzoncillos, el desodorante, un libro de Murakami. Salí corriendo a tomar el colectivo. Subí al 68. En las veredas de Santa Fé se acumulaba la gente que había salido de los restaurants a oscuras. El chofer del colectivo hablaba por celular con su mujer avisándole que “media ciudad está a oscuras”. En Once subí al último tren, casi vacío, hacia el oeste. Busqué un vagón de los viejos, de esos que tienen asientos con apoya-cabezas, para poder dormir. No encontré ninguno. Me senté contra una ventanilla, apoyé la cabeza contra la chapa de la pared. De a ratos un viento fresco me golpeaba la cara. Me dormí.</p>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post_excerpt_359" class="post_excerpt" ><p>No creo en confabulaciones cósmicas ni nada de eso, menos mal, porque sino estaría tentado de leer todas estas cosas como señales, y como las señales ocurrieron a fin de año no sabría tampoco si leerlas como coda de un ciclo que termina o como advertencia de lo que vendrá. La cosa es así: invité a dos o tres amigos a pasar el fin de año en casa, varios más vendrían a sumarse luego de las 12. El 31 a la mañana me desayuné con que el portero eléctrico no funcaba. Me desesperé: la mina que venía a limpiar (una nueva, porque la que venía antes tiene el marido grave, ¿otra señal?) seguramente había tocado el timbre y se había ido después de un rato de sentirse ignorada (es incapaz de llamar por teléfono, parece, aunque le di el número unas 4 o 5 veces). Bajé entonces a hablar con el portero (el humano) para ver si podíamos arreglar el portero (el eléctrico) cuanto antes. Le expliqué que iba a venir gente a la noche y que iba a ser casi imposible detectar extrasensorialmente su presencia sin ayuda del portero (llamar por teléfono o celular, alrededor de la medianoche se iba a tornar imposible). Salí mientras a hacer las compras necesarias (sánguches de miga y gaseosas) y al volver el portero me dio la buena noticia de que vendría el electricista en un par de horas. Increíblemente vino en un par de horas, tal como había prometido y solucionó el problema, previo desembolso por parte del locador (yo) de una suma cercana a los 100 pesos (“que no cubre el consorcio”, aclaró). Pensé, erróneamente, que después de todo, que el fin de año fluiría hasta su desembocadura sin obstáculos. Pedí helado, me puse a limpiar la casa. Terminé alrededor de las 5 de la tarde y me tiré un rato a dormir la siesta. A las 8 de la noche sonó el timbre. Salté de la cama, ¿quién sería?, mis amigos venían, supuestamente, a las 10. Era el portero (el humano hablando a través del eléctrico): “Le quería avisar que se rompió un caño y que le tenemos que cortar el agua del baño”. Yo: “¿Solo del baño?” Portero: “Sí, supongo que el resto va a seguir funcionando”. La reputísima madre que lo parió, pensé, y dije: “¿No me puede dar un rato así me ducho antes de que corte el agua?”. Dijo que sí. Me duché a toda velocidad. Después me puse a lavar los platos. El agua en las canillas del baño se puso marrón y luego de extinguió, y lo mismo en la cocina. Desesperación. Envidié a mi abuela, accionando la bomba que extraía el agua de la tierra a mano. Bajé a buscar al portero humano, pero no lo encontré. Tampoco respondió la docena de timbrazos. Había desaparecido. Mis 5 invitados y yo deberíamos abstenernos durante horas de ir al baño, lavarnos las manos y cualquier otra actividad que necesitara agua. En ese momento el agua que tenía en el departamento consistía en los dos litros de agua mineral que tenía en la heladera y en la que contenía el balde (la que salía del aire acondicionado) con varios mosquitos muertos flotando. Volví a subir a mi departamento y llamé a los invitados avisándoles que no vinieran. Pasaría el año nuevo mirando el techo y controlando a lo fakir mi uso de agua y mis necesidades excretoras. No, mejor no, mejor me voy a Merlo, pensé. Eran ya las 10 y media. Llamé a mi madre y de pronto, en el medio del llamado, mi teléfono inalámbrico murió y me quedé a oscuras. Habían cortado la luz. Me asomé: no era yo solo, toda la calle a oscuras. Llamé a mi vieja desde el teléfono no-inalámbrico. Me voy para Merlo, le dije. Correr, huir de la ciudad hacia el suburbio. Metí un par de remeras en la mochila, un par de calzoncillos, el desodorante, un libro de Murakami. Salí corriendo a tomar el colectivo. Subí al 68. En las veredas de Santa Fé se acumulaba la gente que había salido de los restaurants a oscuras. El chofer del colectivo hablaba por celular con su mujer avisándole que “media ciudad está a oscuras”. En Once subí al último tren, casi vacío, hacia el oeste. Busqué un vagón de los viejos, de esos que tienen asientos con apoya-cabezas, para poder dormir. No encontré ninguno. Me senté contra una ventanilla, apoyé la cabeza contra la chapa de la pared. De a ratos un viento fresco me golpeaba la cara. Me dormí.</p>
</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.putoyaparte.com/2008/01/02/fin-de-ano-fin/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Usted está aquí</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2007/12/27/usted-esta-aqui/</link>
		<comments>http://www.putoyaparte.com/2007/12/27/usted-esta-aqui/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 27 Dec 2007 03:51:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[nocturnos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.putoyaparte.com/2007/12/27/usted-esta-aqui/</guid>
		<description><![CDATA[<div id="post_excerpt_358" class="post_excerpt" ><p>(y ahora que va a pasar con todo esto<br />
eso es lo que me pregunto)</p>
<p>y en este preciso momento<br />
el aleteo de una mariposa en Birmania<br />
provoca el aleteo de un mariposón<br />
en el Buenos Aires Design<br />
deme dos<br />
dos velitas de aquellas<br />
deme déme deme déme </p>
<p>y en este preciso momento<br />
Johnny se aleja de la orquesta<br />
va hasta la baranda que lo separa del mar<br />
saca del martini el pinche con la aceituna<br />
es importante decir<br />
que Johnny abandonó a su esposa<br />
y a sus tres hijos<br />
renunció a su trabajo<br />
retiro voluntario y se gastó toda la guita<br />
en este crucero<br />
el danubio azul va atenuándose<br />
la bruma fija sobre el mar<br />
el mar cartón pintado<br />
la luna redondel<br />
y Johnny saca el pinche con la aceituna del martini<br />
la aceituna en la boca<br />
la lengua que la empuja hacia atrás<br />
la acomoda<br />
los molares y los premolares<br />
prensan desgarran trituran<br />
el vodka y el aceite<br />
en la lengua<br />
el paladar<br />
se le imprimen como una marca de agua<br />
en un billete falso</p>
</div><div id="post_content_358" class="post_content" style="display:none;"></div><a id="post_content_link_358" href="http://www.putoyaparte.com/2007/12/27/usted-esta-aqui/" onclick="inap_request('358','content','&gt;&gt; continuar leyendo','&lt;&lt; volver '); return false;" rel="nofollow">&gt;&gt; continuar leyendo</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post_excerpt_358" class="post_excerpt" ><p>(y ahora que va a pasar con todo esto<br />
eso es lo que me pregunto)</p>
<p>y en este preciso momento<br />
el aleteo de una mariposa en Birmania<br />
provoca el aleteo de un mariposón<br />
en el Buenos Aires Design<br />
deme dos<br />
dos velitas de aquellas<br />
deme déme deme déme </p>
<p>y en este preciso momento<br />
Johnny se aleja de la orquesta<br />
va hasta la baranda que lo separa del mar<br />
saca del martini el pinche con la aceituna<br />
es importante decir<br />
que Johnny abandonó a su esposa<br />
y a sus tres hijos<br />
renunció a su trabajo<br />
retiro voluntario y se gastó toda la guita<br />
en este crucero<br />
el danubio azul va atenuándose<br />
la bruma fija sobre el mar<br />
el mar cartón pintado<br />
la luna redondel<br />
y Johnny saca el pinche con la aceituna del martini<br />
la aceituna en la boca<br />
la lengua que la empuja hacia atrás<br />
la acomoda<br />
los molares y los premolares<br />
prensan desgarran trituran<br />
el vodka y el aceite<br />
en la lengua<br />
el paladar<br />
se le imprimen como una marca de agua<br />
en un billete falso</p>
</div><div id="post_content_358" class="post_content" style="display:none;"></div><a id="post_content_link_358" href="http://www.putoyaparte.com/2007/12/27/usted-esta-aqui/" onclick="inap_request('358','content','&gt;&gt; continuar leyendo','&lt;&lt; volver '); return false;" rel="nofollow">&gt;&gt; continuar leyendo</a>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.putoyaparte.com/2007/12/27/usted-esta-aqui/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>Bit</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2007/11/23/bit/</link>
		<comments>http://www.putoyaparte.com/2007/11/23/bit/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 23 Nov 2007 08:41:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[nocturnos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.putoyaparte.com/2007/11/23/bit/</guid>
		<description><![CDATA[<div id="post_excerpt_356" class="post_excerpt" ><p>El gargajo - ¡sstchupt! - cae en el centro del charco. Javier es el que escupe mejor, puede disparar uno sin dejar de hablar. Los pómulos tensos  mientras habla, esperando a que venga la próxima t para disparar.</p>
<p>- Conmigo no te hagas el pelot-¡sstchupt!-udo – y el miquimoco ya colgando del borde del delantal azul del pelotudo.</p>
<p>El único que le gana es Juan porque tiene los dientes de adelante separados. El agujero en V de los dientes de adelante, el latigazo de la lengua y el chorrito - ¡schpit! - en parábola newtoniana. Los de Juan son  transparentes, los de Javier, los de Javier&#8230; vení y mirá. </p>
<p>Estamos todos en fila saliendo de la escuela nueva de este lado de la calle. Karina Pianelli está parada en el medio de la calle frenando el tránsito. No hay nada que frenar, a esta hora no pasa nadie. </p>
<p>(Pero igual vos Pianelli estuviste chupando las medias toda la semana y ahora sos borradora oficial del pizarrón y regadora oficial de la batata del frasco arriba del armario de los mapas. Nunca Pianelli te van a elegir mejor compañera: sos una falsa y no importa que te sigas haciendo la linda porque sos la única que tiene teléfono y una casa con dos pisos con escalera y todo.)</p>
<p>Karina Pianelli está parada con el cartel de PARE en la mano.Y cruzamos la calle, la señorita Noemí cruzando la calle y Javier tensa los pómulos y sabemos que va a apuntar a los talones de la señorita y el gargajo - ¡schupt! - le va a rozar los talones, el taco del zapato. Si se frenara un segundo justo en el cordón, pero no.</p>
<p>Los demás siguen cruzando la calle en fila, yo me arrodillo en el cordón y me asomo al charco de agua. El cielo reflejado, azul y nubes y en el medio el gargajo. Es de esos que requieren preparación: sonido de recolección de mocos, regurgito, guisito verde. Moco verde que me mira a mí narciso y se desenrolla, tentáculos, cintas, espirales, ovillo. Moco verde te miro y te muto del reino mineral al vegetal. Babita querida, estalactita, galaxia, viví y coleá. Ahora en el reino vegetal, marina, coral y después medusa. Te soplo olas en el costado, te regalo una costilla para que nazcas, Eva y para que cambies de color de una vez, como la memoria.</p>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post_excerpt_356" class="post_excerpt" ><p>El gargajo - ¡sstchupt! - cae en el centro del charco. Javier es el que escupe mejor, puede disparar uno sin dejar de hablar. Los pómulos tensos  mientras habla, esperando a que venga la próxima t para disparar.</p>
<p>- Conmigo no te hagas el pelot-¡sstchupt!-udo – y el miquimoco ya colgando del borde del delantal azul del pelotudo.</p>
<p>El único que le gana es Juan porque tiene los dientes de adelante separados. El agujero en V de los dientes de adelante, el latigazo de la lengua y el chorrito - ¡schpit! - en parábola newtoniana. Los de Juan son  transparentes, los de Javier, los de Javier&#8230; vení y mirá. </p>
<p>Estamos todos en fila saliendo de la escuela nueva de este lado de la calle. Karina Pianelli está parada en el medio de la calle frenando el tránsito. No hay nada que frenar, a esta hora no pasa nadie. </p>
<p>(Pero igual vos Pianelli estuviste chupando las medias toda la semana y ahora sos borradora oficial del pizarrón y regadora oficial de la batata del frasco arriba del armario de los mapas. Nunca Pianelli te van a elegir mejor compañera: sos una falsa y no importa que te sigas haciendo la linda porque sos la única que tiene teléfono y una casa con dos pisos con escalera y todo.)</p>
<p>Karina Pianelli está parada con el cartel de PARE en la mano.Y cruzamos la calle, la señorita Noemí cruzando la calle y Javier tensa los pómulos y sabemos que va a apuntar a los talones de la señorita y el gargajo - ¡schupt! - le va a rozar los talones, el taco del zapato. Si se frenara un segundo justo en el cordón, pero no.</p>
<p>Los demás siguen cruzando la calle en fila, yo me arrodillo en el cordón y me asomo al charco de agua. El cielo reflejado, azul y nubes y en el medio el gargajo. Es de esos que requieren preparación: sonido de recolección de mocos, regurgito, guisito verde. Moco verde que me mira a mí narciso y se desenrolla, tentáculos, cintas, espirales, ovillo. Moco verde te miro y te muto del reino mineral al vegetal. Babita querida, estalactita, galaxia, viví y coleá. Ahora en el reino vegetal, marina, coral y después medusa. Te soplo olas en el costado, te regalo una costilla para que nazcas, Eva y para que cambies de color de una vez, como la memoria.</p>
</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.putoyaparte.com/2007/11/23/bit/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
		<item>
		<title>S.O.S.</title>
		<link>http://www.putoyaparte.com/2007/11/15/sos/</link>
		<comments>http://www.putoyaparte.com/2007/11/15/sos/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 15 Nov 2007 19:43:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[citas y traducciones]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.putoyaparte.com/2007/11/15/sos/</guid>
		<description><![CDATA[<div id="post_excerpt_355" class="post_excerpt" ><p>La cosa es así: tengo una cita en la cabeza y no recuerdo dónde la leí. También me la acuerdo borrosa y puede ser que la haya deformado bastante. Entonces, les pido ayuda a todos los memoriosos. La cita dice algo así: &#8220;Una de las marcas de estilo de X (¿Balzac? ¿Stendhal?) es que cuando sus personajes toman decisiones importantes están ubicados en pisos altos&#8221;. Creo que la cita puede ser de Barthes (de El placer del texto), pero no la encuentro. ¿Alguien conoce la cita y de quién es? El que primero de la respuesta correcta se gana un putito y aparte de oro.</p>
</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="post_excerpt_355" class="post_excerpt" ><p>La cosa es así: tengo una cita en la cabeza y no recuerdo dónde la leí. También me la acuerdo borrosa y puede ser que la haya deformado bastante. Entonces, les pido ayuda a todos los memoriosos. La cita dice algo así: &#8220;Una de las marcas de estilo de X (¿Balzac? ¿Stendhal?) es que cuando sus personajes toman decisiones importantes están ubicados en pisos altos&#8221;. Creo que la cita puede ser de Barthes (de El placer del texto), pero no la encuentro. ¿Alguien conoce la cita y de quién es? El que primero de la respuesta correcta se gana un putito y aparte de oro.</p>
</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.putoyaparte.com/2007/11/15/sos/feed/</wfw:commentRss>
		</item>
	</channel>
</rss>
