Gas

10 de Noviembre del 2006

[Metrogas]

El otro día me cortaron el gas. Encontraron pérdidas internas. Los ruidos empezaron temprano a la mañana, abajo: rompieron la vereda, trabajaron durante dos días: dos días sin gas, dos días de duchas frías. Al tercer día taparon el pozo abajo y subieron a inspeccionar los departamentos del edificio. Cuarenta de los cincuenta no pasaron la inspección. El mío fue uno de ellos: necesito una rejilla por donde entre el aire y salga el monóxido de carbono en la cocina, necesito romper la pared y el piso para cambiar el caño de cobre que lleva el gas hasta la estufa. Necesito gas, dije furioso. Necesito agua caliente, necesito vivir, dije, clavando los ojos y las palabras como arpones en el gasista matriculado. Me dieron una prórroga: quince días para romper y cambiar. Vino un hombre con un encendedor verde transparente, lo apoyo en la mesada y se paró frente a la cocina. Giró lentamente la llave de paso y después cada una de las perillas de las hornallas. Escuché el silbido del gas, llamando. El hombre agarró el encendedor y fue encendiendo cada una de las hornallas. La llama azul tembló. Una detrás de otra, en sentido contrario a las agujas del reloj, las llamas temblaron un segundo y luego ondularon como odaliscas. Gas, pensé, pensé frío, llave de paso, romper y cambiar, contra-reloj, pérdidas internas, necesito gas, pensé.

36

18 de Octubre del 2006

[Hoy cumplo 36 años]

Estoy así en el borde de la pileta de la nada. No estoy solo. Estamos todos en fila, en el borde, como en un musical de Busby Berkeley, como una fila de piezas de domino cayendo hacia el costado, zambulléndonos en la pileta de la nada.

A otros se les acaba el aire. Así le pasó a V.: en el tren, diagnóstico: ataque de pánico. “Lleve siempre una bolsita de plástico y cuando sienta que se ahoga respire adentro de la bolsita”, le dijo la psiquiatra. “Respire su propio dióxido de carbono”, le dijo.

“Respire su propia combustión”, pienso. “Cómase a cucharadas su propio detritus”. Escriba puntos suspensivos sobre la línea de puntos.

“La medicación es paliativa, la respiración es curativa”, le dijo la psiquiatra. Estamos medicados pero nos quedamos sin aliento.

Hoy cumplo 36 años.

Nadie lo dice y por eso no va a importar que lo diga yo, aunque suene apocalíptico y desintegrado: no pasa nada. Flotamos en un bienestar inerte, en una ingravidez de música funcional, en una burbuja de anestesia, en una nube low impact, acolchada, que no jode las articulaciones.

Estamos medicados y se fueron los síntomas, pero nos quedamos sin aliento. No se puede escribir.

Piel

24 de Julio del 2006

[Julio de 2005, Buenos Aires. Son las 5.20 AM y me estoy durmiendo, así que este texto lo publico sin revisar ni corregir]

Es el resoplido de un gran animal mecánico, metálico, un búfalo, todo de hierro, de 20 metros de altura, erguido entre los edificios, las patas firmes sobre avenida Santa Fé, llega hasta la esquina de Bulnes, se detiene un segundo y sus ojos de luz roja titilan un segundo, se decide a doblar hacia la derecha, derriba a su paso el semáforo de la esquina, corta los cables del alumbrado público con el pecho de escamas metálicas filosas y camina hasta mitad de cuadra, respirando un humo verde por los orificios perfectamente circulares de la nariz, un humo verde venenoso y caliente, y ahora se detiene un segundo y se inclina sobre la ventana de mi dormitorio, la luz roja de sus ojos centellea y las rayas rojas de luz se vuelcan sobre mi cama, sobre el parqué, las paredes y los estantes de los libros, y el bufido entrecortado, rítmico, metálico, mecánico entra también a la habitación.

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Mayonesa

5 de Abril del 2006

[5 de Abril de 2006, 3 AM]

Una vez en la vida asomado al tobogán, de cabeza ahora que nadie mira, para enterrar la trompa en el arenero, en el agua de la pileta que te estira la piel de la cara para atrás como una cirugía. El viento siempre en contra, el miedo siempre a favor, pero ahora sí hay que remar como subiendo una catarata de dibujito animado hasta que splash. O dejarse caer en caída libre. Siempre es libre la caída.

Los ojos miran el magma de la fugazeta. Las aceitunas giran como soles en el plato. La botella de pepsi hierve de apocalipsis. Los hongos avanzan en las axilas y entre las piernas. Las plagas, las deudas, el karma, el rewind hacia la gran mayonesa que nos parió.

Y yo, otra vez yo, siempre yo, una vez en la vida, arquitecto de castillos de arenas movedizas. Maestro mayor de sobras. Alcaucil del condado condenado. Cerrajero de la barba candado. Surfer del sufrir.

Con esa heráldica fotocopiada pongo proa al subte. Con esos pequineses arremeto cuando sale la luna. En ese locutorio me meto para salir vestido Superman. Ese morral hindú revoleo en mi remolino de Mujer Maravilla.

Así me va. Y así me viene, el muchacho se entretiene. Pero van quedando pocas pulgas y pronto van a saltar ornamentales los bisontes al abismo.

Y yo mismo, sentado en esa mesa de ahí, voy a morder otra vez la carne de los pescados capitales, mientras las odaliscas sucundúm corren en círculos como hipocampos en el hipódromo de San Isidro.

Pura pulpa

3 de Abril del 2006

[3 de abril de 2006, 4 AM, Insomnio número 379.673]

Ahora que estoy acá y no allá, se me complica el tute cabrero. Ahora que se me pinchó la rueda de exilio, ya no me muero de calor en esta cafetera, chofer. Ahora que llegó la hora de apurar ese motor se me empastó la bujía y la brújula. No hay inminencia, hay inmanencia; no hay emergencia, hay presencia; no hay turgencia, hay fluorescencia.

Están los que corren tras la zanahoria imaginaria, y están los que huyen de la mordida en el culo del perro rabioso, cuidado con el perro. Y están los que huyen de ambas cosas al mismo tiempo, los que corren hacia ambas cosas al mismo tiempo.

Y estoy yo, extra lubricado para acción natural, aloe vera, gel caléndula. Hamacándome entre lo íntimo y lo minado, vacío y envasado, rodeado y enredado.

Mentira, no estoy enredado. Estoy vacío, como en vacaciones, como en una playa atontado por el sol, como creciendo otra piel y otra cola y otros garfios. Invernando, veraneando, sufriendo los efectos del efecto invernadero, y a veces a punto de florecer o fructificar o ramificar, algún pimpollo o repollo nuevo, alguna hoja amarga, alguna incubación, algún cubito en la cubetera, alguna monada nueva en el monedero.

El exilio se fue. El sexo como medio de locomoción se terminó. Está de paro, cardíaco. El sexo como liana que te lleva de árbol en árbol, de hombre en hombre, de piel a pliegue, me lo privatizaron. Escribir no puedo, no quiero, transpiro y me resfrío. Dormir, a veces puedo, tengo frío, tengo calor, me tapo, me destapo.

Estoy elevado pero no audaz, el aura rostro imita. Oír se dejan los ecos de una chacarera que ya se fue, oler se deja una transpiración de las axilas que ya no tengo. Tocar me dejo de vez en cuando.

Soy como una babosa, pura digestión. Soy como una araña, pura red. Soy como un pulpo, pura pulpa.

Desodorizame, oprimime, contraatatacame, reclamame, eclipsame, amaneceme. Todo esto me lo digo al espejo, con la pasta de dientes chorreándome en burbujas de la boca. Burbujeame. Es a la mañana, después del pis y antes de las medias y las zapatillas y de levantar la persiana. Y no es que me sonó el despertador, es que la cama se reserva el derecho de admisión y permanencia y me sigue admitiendo pero no permanezco.

Es más o menos así, desde la ventana de un avión, a la noche, a pura turbina y turbulencia. Habrá que pedir ventana y no pasillo, y cuando todo el mundo duerme tapado con sus frazaditas de mentira y sus auriculares y sus antifaces de mentira, abrir los ojos, levantar en silencio la cubierta de plástico del cuadrado que te vendieron como ventanilla, y asomarse a mirar las ciudades sumergidas allá abajo, titilando como palabras escritas en la pantalla, que no quieren decir nada pero que a veces dicen.

Bolilleo explicado

12 de Noviembre del 2005

Update 11/11: Un poco más de explicación, ver más abajo…

Parece que no se me entiende. Así me lo dice Herrayos en un comentario del post Bolilleo. Dice Herrayos:

LA VERDAD… TE ENTIENDO MUY POCO… QUIZÁS NO TENGA EL NIVEL DE FILOSOFÍA… PERO VOY A SEGUIR INTENTANDO. SI PODÉS ACLARÁ HASTA LO OBVIO EN LO QUE ESCRIBÍS, SIN DEJAR DE PERDER TU ESTILO. POR LO PRONTO TODAVIA ME ATRAE LEERTE Y ESPERO ENTENDER QUE ES LO QUE ME ATRAE…

Cumplo entonces, por única y última vez, en explicar un poco más de lo que corresponde (y de lo que me conviene).

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Bolilleo

1 de Noviembre del 2005

Este es mi cuadro de situación: un cuadro cubista, donde todas las aristas se enroscan y todas las perspectivas se apilan. Así, uno encima de los otros, se aparean los últimos minutos con los últimos días y con las últimas semanas. Todo lo demás se borroneó o sale movido cuando intento enfocar y sacar la foto. Vivo en un presente continuo que podría ser algún estado místico o alguna versión de la estupidez más estúpida. Si intento acomodar un razonamiento, me empantano en la primera premisa. Y ahí mismo hay que ponerse a sacudir las manos al costado de la ruta y rogar que alguien me ayude a empujar para sacar la citroneta del barro. Me siento a escribir con la cabeza vacía y sin nada para decir, con la inercia de siempre: el imán del silloncito de cuero negro frente al teclado qwerty y la musiquita que me hamaca. Me hamaco: primero un empujón para salir del estado de reposo y después de pronto el piso y el cielo y los árboles que se comban bajo mis pies en un arco continuo, los pies que levanto bien alto, como para patear una nube, para sentir ese vacío súbito en el estómago y en las sienes. Escribir es armar una fiesta donde solo invité colados, no sé quién va a venir, cuantos sánguches encargar, dónde colgar los globos.

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Lo que hemos perdido

26 de Octubre del 2005

[Para Diego, que insiste en que deje la cámara prendida mientras escribo]

Me acordé hoy todo el tiempo de la canción esa de Pink Floyd en la que Geldof se adormece confortablemente en un sofá de no sé que droga. Le meten un pinchazo de no sé que aguja y grita pero no se lo escucha y entonces hello hello hello is there anybody in there? No sé si era así. Y la canción habla de esas cosas que sospechás con el rabillo del ojo pero que cuando girás la cabeza ya no están más. Y también del humo de un barco distante en el horizonte. Geldof está alienado y ve dibujitos animados y se tira a una pileta de sangre y se lleva una puta, que no se coge, a su carromato. No sé si era un carromato, era como un trailer, porque el vivía en una familia rodante rockera y sonaba una música medio ieva-ieva-mové-con-su-pollera-colorá y fiesta fiesta y venían las putas y el de seguridad gordo se abría de piernas y ponía cara de que rica esta fellatio, mientras Geldof en otro lado se afeitaba las cejas, la barba, se cortajeaba y se bañaba en su sangre y después explotaba la pared de su alienación, creo que esa era la interpretación y al final una imagen congelada de un pibe que agarraba una botella de plástico en un baldío y la volcaba y se salía el líquido y el líquido quedaba congelado en la imagen. Mi hermana me dijo que eso significaba que los cascotes de la pared de Geldof, que son los de todos, van a ser recogidos por las futuras generaciones de chicos, que somos todos, que andan por los baldíos de la historia y que esa historia se repite y se repite y se repite. Yo no quería hablar de Pink Floyd The Wall.

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35

18 de Octubre del 2005

Hoy cumplo 35 años. Pensé que eso me iba a empujar a la reflexión.

A las 10 de la noche de ayer pedí un matambrito a la fugazetta por teléfono y un cuarto de helado. Mientras esperaba caminé alrededor de la mesa ratona. Fui al baño. Limpié los pelitos que habían quedado adheridos al espejo cuando me afeité hoy a la mañana. Fui al dormitorio. Hice la cama, doblé la ropa. Me puse crema en la planta de los pies. Se hicieron las 12 y llegó el delivery y los 35, pero no la reflexión. Fui al living. Me comí el granizado de dulce de leche, dejé el mango para más tarde.

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Mensaje enviado

13 de Septiembre del 2005

Mis viejos se fueron al sur. Y aprendieron, parece, a usar los mensajes de texto de sus celulares. El primer mensaje llegó anteayer a las 11 pm. Busqué a tientas el celular en la oscuridad fría de mi habitación.

“ESTAMOS.BIEN.BESOS.MAMA”.

La primer palabra que llegó desde el firmamento celular del planeta de mis padres fue “ESTAMOS”. Me dormí pensando que eso es lo que quiero de mis viejos, que estén.

A las 5 am llegó el segundo:

“Aqui recien aparece el sol, la vista es espectacular, tenemos una ventana balcon frente al lago a metros, el agua es un espejo”.

Ese es mi viejo. Casi todo es un espejo si te le ponés enfrente.

Más tarde, el tercer mensaje:

“Como.estas.besos.mama”.

Mi vieja aprendió a usar las minúsculas, pero no los espacios. Y firma todos sus mensajes.

Un poco más tarde, el último:

“Estamos en el cerro Bayo a 1500 mts, mucha nieve y gente esquiando, sol, hermoso dia, besos.”

A los 35 años y a 1500 metros de altura, donde calienta el sol y el agua es un espejo, la comunicación con mis viejos es por primera vez posible. Y alcanza con 100 caracteres.

Hermoso. Día.