Gas
10 de Noviembre del 2006
[Metrogas]
El otro día me cortaron el gas. Encontraron pérdidas internas. Los ruidos empezaron temprano a la mañana, abajo: rompieron la vereda, trabajaron durante dos días: dos días sin gas, dos días de duchas frías. Al tercer día taparon el pozo abajo y subieron a inspeccionar los departamentos del edificio. Cuarenta de los cincuenta no pasaron la inspección. El mío fue uno de ellos: necesito una rejilla por donde entre el aire y salga el monóxido de carbono en la cocina, necesito romper la pared y el piso para cambiar el caño de cobre que lleva el gas hasta la estufa. Necesito gas, dije furioso. Necesito agua caliente, necesito vivir, dije, clavando los ojos y las palabras como arpones en el gasista matriculado. Me dieron una prórroga: quince días para romper y cambiar. Vino un hombre con un encendedor verde transparente, lo apoyo en la mesada y se paró frente a la cocina. Giró lentamente la llave de paso y después cada una de las perillas de las hornallas. Escuché el silbido del gas, llamando. El hombre agarró el encendedor y fue encendiendo cada una de las hornallas. La llama azul tembló. Una detrás de otra, en sentido contrario a las agujas del reloj, las llamas temblaron un segundo y luego ondularon como odaliscas. Gas, pensé, pensé frío, llave de paso, romper y cambiar, contra-reloj, pérdidas internas, necesito gas, pensé.
Por Xtian Rodriguez