Hace unos meses Gonzalo Moreno me convocó para trabajar en su nuevo proyecto, una obra de teatro escrita y dirigida por él que se llama Mundus Inmundus. Mi trabajo consistió en mirar el tape de la obra, leer el texto y discutir con Gonzalo el texto, la puesta en escena, las palabras y las ideas. A mi juego me llamaron: comer una picadita, tomar gaseosa light y discutir temas como la represión, la dualidad, el placer, la identidad, la mística medieval, el teatro.
La obra se estrena en agosto en La Colada. Es una obra compleja, intensa, pretensiosa (en el buen sentido de la palabra) y las dos actrices se laburan la vida.
Gonzalo me pidió que escribiera una reseña de la obra y no pude con mi genio: me fui por las ramas, me puse lírico y visceral, pero intentando hablar siempre de la obra y lo que me genera. Acá está:
Vivimos en una red de símbolos. A veces esa red es la que salva al trapecista que cae en caída libre. A veces esa red es la telaraña pegajosa que atrapa e inmoviliza. Mundus inmundus es un posible recorrido por esa red infinita, una invitación a abrir una puerta y salir a jugarse, es decir, a enredarse.
Mundus Inmundus, es, claro, una obra de teatro: se asiste a una sala, se abona una entrada, se ve un espectáculo. Pero las cosas se enredan pronto: esa mujer que repta en el escenario, ¿es una mujer o dos, o una sola duplicada? ¿es una persona o un animal? Lo que dicen, gritan o susurran, ¿es literal o está encriptado? ¿cuál es la llave para desencriptarlo? ¿existe esa llave?
Una red es una colección de cuerdas en tensión y de agujeros, Mundus inmundus es una red, y está lleno de tensiones y agujeros. De súbitos apagones e iluminaciones. De transformaciones y prestigidación. De borrones y resaltadores. Mundus inmundus es un juego de químicas. Los personajes son material fotosensible, reaccionan frente a la luz: imprimen sus gestos en el aire como en un film. Los sonidos ingresan al escenario y lo abandonan, como personajes. La psicología de los personajes es una brújula que gira loca, de polo en polo: del orden represivo de la lista al espasmo del chocolate chorreando de la boca, y otra vuelta más, y otra.
Como un disco rayado, Mundus inmundus funciona en espiral y a los saltos, pero la canción que se escucha no es siempre la misma. En esos estribillos recortados y pegados nos reconocemos: nuestras madres hablan así, nosotros mismos vivimos en vaivén perpetuo entre la represión glacial y el caos volcánico. Pero seguramente hay algo más allá de la complicidad de la identificación, de la poesía del texto o de la actuación incandescente y antropófaga, algo más que la suma de las partes dislocadas. Y ese algo más solo se obtiene luego de recorrer los caminos sinuosos de ese ritual, mitad sagrado y mitad pagano, que llamamos teatro.
Posted by Xtian at July 11, 2006 08:01 AMListo me convenciste voy. Si no la entiendo despúes venis y me explicas.
Posted by: canario at July 13, 2006 06:49 PM