A ver: me llamo Christian Rodriguez y nací el 18 de octubre de 1970 en Merlo, provincia de Buenos Aires. Mis hermanas se entretenían vistiéndome de hawaiana y jugando a la maestra conmigo. Por eso siempre fui un chico medio hawaiano y leí desde muy chico (de la colección Robin Hood y de la Billiken). Mark Twain, Julio Verne, Juana Spyri, Emilio Salgari. Los setentas en mi casa: mi vieja ponía discos de los Beatles y pasaba la enceradora Yelmo, mis hermanas lavaban y secaban los platos y yo me encargaba de la gamuza y el Blemm: obladí, obladá. Mi viejo era operario de Olivetti, laburaba todo el día y cuando dormía había que hacer silencio total. Mi abuela vivía en una casa pegada a la nuestra y cultivaba verduras en su quinta. Mi abuelo era albañil, siempre con un sombrero de lona rota y con olor a cal.

Me colgué. El primario fue en una escuela privada (el Instituto Modelo Almafuerte, me tuve que aprender el “No te sientas vencido ni aun vencido” de memoria). El secundario en una escuela estatal: el Manuel Belgrano de Merlo. Ese colegio fue un semillero de talentos. No lo digo por mí, sino por Rafael Spregelburd, el autor teatral, que también fue al mismo colegio (un año antes que yo).

Sigo colgado: terminé el secundario con la idea de ser un chico genio del Balseiro. Sí, convertirme en ingeniero nuclear y to the universe and beyond. Creo que leí en el Clarín que ahí iban los genios, y yo quería ser un genio. Por eso me anoté en la UBA, en Ingeniería Mecánica y, al mismo tiempo, en Ingeniería Electrónica en la UTN. Quería estar mejor preparado que todos, aprender el doble. Duré un año, me pudrí. Me cambié a Licenciatura en Análisis de Sistemas de la UBA y me convertí en estudiante crónico. Salí del ropero: primero le dije a mis amigos que era gay, después a mis padres. Después a la gente del laburo. Después, no sé que pasó después, después ya es ahora.

Sigo: por el 96 o el 97 me volví becario de Ingeniería. En la oficina había internet y ahí descubrí los chats gays. En ese momento los chats eran para conversar, porque no se podían mandar fotos ni videos ni nada, así que la gente, en estado de perpetua inocencia, charlaba. En el chat gay descubrí un mundo fascinante. En el mundo fascinante me encontré con Andrew (yanqui) y Martin (descendiente de argentinos), ambos residentes en Nueva York, y me hice amigo (años más tarde me designaron padrino de Julia y Lucas, sus hijos. Gracias a ellos supe que tenía posibilidades de ir a estudiar becado a USA. Mejoré mi inglés, me puse las pilas para terminar la licenciatura, la terminé y me fui a estudiar a Rutgers, en New Jersey, en julio de 1998.

A los pocos días de llegar a USA, solo, a oscuras en la oficina, empecé a escribir emails masivos para mis amigos y conocidos en Argentina. El primero de esos emails fue una confesión en masa, diciendo que era gay. Esos emails fueron el comienzo de este blog. Siempre leí, siempre me interesaron las humanidades (eso suena a “siempre me gustaron los hombres”, cosa que también es verdad), pero nunca había escrito más que el inevitable poema deprimente o enamorado. Para no saturar las bandejas de entrada de la gente decidí subir los textos a un blog. A los pocos meses, recibí un mensaje: “Hace como 15 días que no escribís, dale, ponete las pilas”. Yo pensé que solo me leían mis amigos, pero no, ahí estaba este mensaje insólito, firmado por Roxanova, otra de las incipientes bloggers de esos días.

Terminé el Masters en Rutgers y decidí irme a probar suerte laboral a San Francisco. Cuando me fui de New Jersey, California prometía aventuras y sueldos jugosos. A los pocos meses de llegar la burbuja se había pinchado. Viví dos años en San Francisco. A los dos años perdí mi trabajo y no pude encontrar otro. Le pedí a Rutgers que me diera una (nueva) beca para hacer el doctorado. Volví a New Jersey, cursé las clases del Ph.D. (así se dice doctorado en English, aprendan), hice investigación, publiqué un paper con otra gente en SIGGRAPH (la conferencia más importante de computación gráfica, así que acá deberían escucharse aplausos y suspiros de admiración, o sino pueden colgar un pasacalles frente a mi casa, pero no, eso ya lo hizo mi vieja cuando volví de USA en el 2004).

Ya que estoy agrandado, aprovecho para acumular toda la petulancia acá: cuando estaba en San Francisco traduje google al castellano (el sitio, la ayuda, la barra de herramientas, la ayuda de la barra). Hice solo la primera versión, así que si ven algo que no les gusta en la traducción, debe ser alguno de los que me sucedió.

Volví a Argentina en julio de 2004. Ya había tenido la experiencia de vivir afuera y había perdido el entusiasmo. Argentina estaba mejor y tenía ganas de volver. Volví, conseguí laburo en xoopit, una empresa de San Francisco que tenía una sede en Buenos Aires (tradúzcase empresa como 2 personas, tradúzcase sede como 3 personas). Una startup en stealth, traducción: una empresa muy chiquita, de la que no puedo contar mucho, porque es secreto (pero eso ya pasó y la empresa la compró yahoo). Laburé en xoopit hasta noviembre de 2006. Y luego en una empresa de software especializada en buscadores, Flaptor, ubicada en la zona de Palermo.

En noviembre del 2004 me anoté en el taller de Sandra Russo, reconocida periodista y escritora del ámbito nacional (además de ser homónima de una famosa estrella porno especializada en sexo anal). Cursé dos meses en el 2004 y unos 6 meses en el 2005. Me hice amigo de Sandra y en el 2006 me ofreció laburar juntos. Trabajé con Sandra dando talleres presenciales desde el 2006 hasta junio del 2009, fecha en el que Sandra no pudo seguir porque se quedó sin horarios. Empezó a trabajar al mediodía en radio (Radio Nacional, El nombre de las cosas) y a la noche en la tele (678), luego se dedicó a escribir la biografía de mujeres famosas (Milagro Sala, Cristina Fernandez de Kirchner).

Decidí entonces continuar por mi cuenta, dictando talleres, y a eso me dedico hoy, full-time, en distintos formatos. Presenciales semanales, presencialmenes quincenales, virtuales y un taller de lectura de novelas (si te interesa, andá a la sección “Talleres”). En 2010 Hernán Casciari me convocó para colaborar en la revista Orsai. Traduje un cuento inédito en castellano de Nick Hornby en el número 1, y se publicó un cuento mío en el número 4. También estoy guionando un programa de televisión y alguna otra cosa más.
Mis hobbies: la numismática y la pintura sobre tela. Mentira. Leo (novelas, cuentos, ensayos, diarios, revistas, blogs). Miro (películas, gente). Como (de todo). Vivo. Escribo este blog. La puta que vale la pena estar vivo, solo se trata de vivir, a veces la vida, que es una moneda, te besa en la boca.

Pedidos: si quieren hacer donaciones, chiflen. Si tienen algún laburo muy bien pago, avisen. Si tienen propuestas deshonestas: los hombres: tengo novio (update: no tengo más novio; update: sigo sin novio; update: sigo sin novio, pónganse las pilas), pero igual manden las fotos; las mujeres: manden un tupper con pastafrola o galletitas caseras. O manden un email, o bah, hagan lo que quieran.

Que quiero para este año: paz mundial, primero. Segundo: publicar. Esto es un guiño hacia el mundo editorial: si quieren hacerme ganar algún concurso trucho o publicarme el libro o convertirme en el próximo fenómeno editorial, tiren cifras.

Ahora sí, en serio: quiero agradecer a los lectores. A los que comentan, a los que envían emails cuando me agarra bronca o pachorra, a los que siempre están ahí. Se agradece el feedback porque escribir es una actividad solitaria y es bueno saber que hay frontones donde rebotan estas pelotitas. No quiero listar a todos los que ayudaron a amar este blog, son demasiados y ya suena la musiquita y me empujan del escenario.

Sigamos leyendo.