Un vaso de agua

29 de Enero del 2007

Marcela es una alumna del taller literario que damos con Sandra Russo. Marcela está por publicar su primer libro de relatos y le pidió a Sandra que escriba algo para la contratapa del libro y a mí que escribiera el prólogo. Esa contratapa del libro se convirtió en esta contratapa de Página 12, que salió publicada hoy. Y acá abajo publico el prólogo que escribí para ella. Cuando tenga tiempo publicaré algún cuento de Marcela, así se van deleitando con anticipación, mientras esperamos la publicación en papel:

Un vaso de agua, por Christian Rodriguez
(prólogo para En mi lavadero la mancha de birome no sale)

“Es un infierno allá afuera”, me dijo Lucía. Lo dijo inclinándose sobre la mesa, ahuecando la voz y señalando a través de la ventana del bar. Para Lucía “allá afuera” es el lugar donde suceden sus desengaños amorosos. Yo asentí con la cabeza, porque estoy de acuerdo, pero pensé en otro allá afuera: los polos que se derriten, los huracanes, las guerras, el hambre mundial y las tres o cuatro películas al año que protagoniza Robin Williams. Más allá de lo de Robin Williams, somos muchos los que asentimos con la cabeza cuando escuchamos eso del infierno allá afuera. La pregunta que surge, claro, es ¿qué hacer? Y si lo que se hace es escribir, la pregunta es ¿cómo escribir? Es decir: ¿cómo mirar, qué mirar? ¿cómo transmitir?

(Quiero aclarar algo: mi intención es hablar de los relatos de Marcela, ténganme paciencia, es difícil hablar de los relatos de Marcela porque son transparentes, sencillos y honestos, pero si digo eso corro el riesgo de que alguien piense que lo que hace Marcela es espontaneísmo fiaca y yo creo, estoy seguro, que es mucho más. Para los que se quieran saltear esta indagación acá va una versión corta: Me encanta lo que escribe Marcela. Vayan y lean. Les deseo que como yo disfruten de la frescura y la amabilidad de su universo y de su voz y pasen la voz.)

Decía que hay un infierno allá afuera (suena un poco exagerado, pero convengamos en que la cosa está difícil) y todos queremos saber qué pasa allá afuera. Y de tanto informarnos nos embotamos, nos dormimos un poco. Y para despertarnos de nuevo, para seducirnos, para atraernos, tiene que llegar algo nuevo o algo impactante. En ese juego de énfasis crecientes la honestidad es siempre brutal, la única novedad es el escándalo y la incorrección política, lejos de ser sincera, es una pose crispada. Para decirlo rápido, la violencia está en todas partes, no solo en el infierno allá afuera, sino en las formas de transmisión, en el qué y en el cómo y pronto en el acá adentro. Bueno, entra Marcela en escena. Marcela tiene un lavadero en Bernal por el que desfilan una multitud de personajes. Y Marcela, como esas sábanas y esos manteles que van y vienen, tiene la capacidad de entrar y salir de esas casas y de las vidas de sus personajes, sigilosa, amable. Y claro, todo suavizado con el sentido del humor que no se regodea en la ironía, que es siempre un descanso, una reconciliación.

Transparencia, amabilidad, sigilo, descanso, sonrisa. Así describiría los textos de Marcela. Y agregaría un dato perturbador al menos para mí: no es fácil encontrar este tipo de relatos. Son virtudes en desuso, mal vistas. Lo que hoy está in, lo que se usa para este verano perpetuo es: complejidad enroscada, ironía filosa, alienación, nihilismo o, en un lance heroico: minimalismo. Si hay carne, que esté congelada.

No es que Marcela haga literatura testimonial, ni que busque un rescate costumbrista, ni nada de eso. Si le preguntamos, Marcela se encoge de hombros, se pone un poco incómoda y dice “no sé, yo quería escribir sobre… y me salió esto”. Lo de Marcela no es estrategia, no es intento de endulzar la realidad cubriéndola de marrón glacé y coco rallado. Marcela es así: amable, respetuosa y honesta, su escritura es así y su mirada es así. Y con esa coherencia transparente sale al encuentro de sus historias y lo que nos trae son relatos fragantes, agridulces, sensibles en los dos sentidos de la palabra.

En estos días de calor de enero releí los relatos de Marcela. Además de los relatos, que permanecieron en mi cabeza durante el día, me persiguió otra idea recurrente. Recién ahora me doy cuenta que ambas cosas están conectadas. La otra obsesión es el vaso de agua. Todo empezó con un verso de una canción escuchada al azar: “Cuando despiertes / seré tu vaso de agua”. Me acordé entonces de una anécdota. Un hombre en el living trepado a una escalera de pie para alcanzar un libro de un estante alto patina y cae de espaldas al piso. Le duelen todos los huesos, apenas se puede mover. Su hija de cinco años entra en la habitación con un vaso de agua, lo deja sobre la mesa ratona al lado del hombre inmóvil y se retira en silencio. Le conté estas cosas a una amiga mía que lee el iris y me dijo: “Sí, tenés que llenar un vaso de agua y dejarlo en tu mesita de luz. A la noche, mientras dormís, el agua absorbe tu energía y se llena de burbujitas, y cuando te despertás te despertás totalmente relajado.” Más allá de que las burbujas en el vaso sean explicables mediante leyes físicas obvias, me gustó la imagen de una persona que duerme y sus sueños se elevan en el aire y se zambullen dentro del vaso de agua de la mesita de luz y se convierten en burbujitas pegadas a la pared de vidrio del vaso. Y enseguida me acordé de los relatos de Marcela, que son como vasos de agua: transparentes, refrescantes, reparadores. Sí, es un infierno allá afuera y cuando despertemos lo primero que vamos a necesitar es un vaso de agua.



5 Comentarios en “Un vaso de agua”

  1. Demian | 29/01/2007 a las 21:13:36

    Xtian, no funciona el link de “Seguir leyendo…”

  2. Alfredo | 29/01/2007 a las 12:28:49

    ¿Qué pasa que YA me quiero comprar el libro de cuentos de Marcela? Parece que funciona.

  3. Rosarioso | 29/01/2007 a las 13:48:58

    “A veces el prólogo es mejor que el libro”… eso leí en algún lado, acerca de un prólogo escrito por Borges para no sé qué obra, de no sé cuál autor…
    En este caso, como no conozco los textos de Marcela, no puedo decir nada… solo que el prólogo de Xtian me encantó :-) porque no es retorcido y críptico como otros prólogos que están escritos para quién sabe qué lector que no soy yo, y porque cumple con un objetivo importante: despierta el interés por leer el libro.
    Una duda, ¿porqué no figura el apellido de Marcela por ningún lado? ¿El nombre artístico de la autora es “Marcela” a secas?

    Saludos.

    Rosarioso. desde Rosario, Cuna de la Bandera Argentina.

  4. bruno | 29/01/2007 a las 00:35:00

    cuando publique mi novela, quiero un prólogo así!!!
    felicitaciones (a vos, y a marcela, a quien espero conocer en el taller…)

  5. María Teresa | 29/01/2007 a las 18:40:25

    Xtian. Te conozco - es un decir- del blog de Hernán CAsciari. Ya alguna vez entré al tuyo, que recomendaba con fervor Hernán. La cadena sigue porque le dí la dirección de puto y aparte a Franco, un amigo. Ahora, que quise empezar el taller de Sandra, entro a su página y al verte, voy directo (hacía rato que no leía nada tuyo)y me agarró una envidia tierna al leer este prólogo. Ojalá alguna vez dijeras eso de mí. Un abrazo inmenso.
    María T.

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