Sábado a la noche, segunda parte
26 de Enero del 2007
Vuelvo del baño y me quedo detrás de una columna, para que el sordo no me vea. Retomo la investigación de los alrededores, busco al pibe de pantalones camuflados. Charla con otros dos tipos de musculosa, que me parecen demasiado feos para ser taxis, pero nunca se sabe. Al rato se acerca a Fabián, un pibe que conozco del chat (hablamos varias veces virtualmente pero solo nos saludamos con una inclinación de cabeza cuando nos vemos en persona). A los dos minutos el de pantalones camuflados hace una gesto señalando las escaleras, que llevan al sector fumador y también a los reservados. Fabián acepta la invitación y suben las escaleras. Los pierdo de vista. Quizás me equivoqué y el pibe no es taxi, solamente simpático y selectivo, le gustó Fabián y se fue a transar con él a los reservados.
- ¿Todo bien? No te preocupes que no te quiero levantar…
El que me habla es un pibe de unos 25 años, morrudo, con una sonrisa exagerada. Tiene una botella de cerveza en la mano. - No estoy preocupado.
- Lo que quiero decir es que no te enojes, que solamente me acerqué a charlar…
- ¿Por qué me iba a enojar? Estoy medio aburrido, pero no enojado…
- Yo te digo por las dudas, porque vos sos bravo…
- ¿Bravo? ¿De dónde sacaste eso?
- Yo estaba atrás tuyo en la cola esperando para entrar en la fiesta del aniversario de los osos…
Ahora me acuerdo. Ese día llegué a las 3 de la mañana al boliche y había media cuadra de cola para entrar. No solo eso, la cola casi no avanzaba. Entraban, en promedio, dos personas cada 10 minutos. En un momento llegó un grupo de 6 personas, uno de ellos reconoció a alguien en la cola y se acercaron todos a charlar. Esperé unos minutos, de a poco los del grupo se iban incorporando a la cola, disimuladamente, mientras charlaban a los gritos. Le pedí a alguien que me guardara el lugar. Fui hasta el grupo y le hablé al que estaba inicialmente en la cola. “Tus amigos tienen que hacer la cola como todo el mundo. Acá entramos por orden de llegada y tus amigos acaban de llegar. En otra situación no sería tan grave, pero hoy está entrando una persona cada 10 minutos, así que si tus amigos quieren charlar, todo bien, pero en el momento de entrar, entrás vos solo y ellos se van a hacer la fila, como todo el mundo.” Dije todo de un tirón y al final casi me quedé sin aliento. Sentí la sangre inundando mi cara. Mejor, quería que me vieran enojado y hasta desencajado. Algunos hicieron un gesto de fastidio y me ignoraron. Los otros me miraban con cara de “¿y este loco de dónde salió?”. No me moví, seguí mirandolos fijo. “Estoy hablando en serio”, agregué. Traducción: si intentaban entrar todos juntos, me agarraba a trompadas. Volví a la cola con los ojos de todo el mundo clavados encima. Se escucharon algunos aplausos y un “¡así se hace, campéon!”. Los colados se desprendieron de la fila y se fueron.
- Ese día estaba recaliente y tenía razón. Lo raro es que nadie de los 100 que estaban esperando haya saltado.
- Sí, te habías puesto todo colorado y tenías la mirada desorbitada.
- No es para tanto…
- A mí me gustan los violentos.
- Yo no soy violento, solamente reacciono si me provocan - pienso: estoy hablando como Bill Bixby.
- No importa, me gustan los violentos. Son los únicos que me interesan, los demás me aburren. Igual no te quiero levantar.
- ¿Cuántas cervezas te tomaste?
- ¿Por?
- Ese día no me sacaste conversación. ¿Cuántas cervezas tomaste?
- Un montón, no sé cuántas, estoy re en pedo, sino no me animaba a hablarte. Me encanta que me peguen fuerte, me la banco rebien.
- Te voy a decir algo: no ando por ahí pegándole a la gente, por suerte se asustan con mi cara y mi actitud antes.
- También me gusta que me meen.
Me hago el que no escuché, miro hacia la pista, hacia los televisores, hacia las escaleras. Fabián, el conocido del chat, baja en ese momento con el pibe de los pantalones camuflados. Se separan al pie de la escalera, Fabián va hacia la barra a reunirse con sus amigos y el de los pantalones camuflados se va al baño (”¿a lavarse la boca o la pija?, pienso). ¿Qué pasó? ¿Por qué se cortó todo tan rápido?
- Ya vengo - le miento al masoquista.
Quiero saber qué fue lo que pasó, pero no me animo a ir directamente a preguntárselo a Fabián. Ahora el deseo se vuelve necesidad: tengo que saber si el tipo es taxi boy o no, tengo que saber que pasó. Me apoyo contra una columna y espero. Al rato veo al soldado salir del baño, de nuevo mira para todos lados y le sonríe a los que le devuelven la mirada. Está retomando su rutina laboral. Le sonrío, me sonríe, me acerco.
- ¿Todo bien?
- Sí, ¿y vos? ¿cómo te llamás?
- Christian, ¿vos?
- Alejandro.
- Y, Alejandro, decime una cosa, ¿sos simpático por naturaleza y le sonreís a todo el mundo, sos el relaciones públicas del boliche o estás laburando?
Bajo los ojos al final de la pregunta y me meto las manos en los bolsillos para buscar mis tictacs. Me está clavando los ojos, sorprendido. No me ve la cara, así que no sabe si le estoy preguntando por el servicio o si mi interés es policíaco.
- En este momento estoy tranquilo.
Es taxi. Confirmado.
- ¿Y vos, que estás buscando? - agrega.
- Yo también estoy tranquilo.
- ¿De dónde sos?
- De acá, ¿por? ¿Tengo acento extranjero? Mucha gente me dice que tengo acento raro.
- ¿De acá de dónde?
- Argentina.
- Pero yo te pregunto dónde vivís…
- Acá en la capital.
- Pero en qué barrio…
- En Mataderos - miento. Es demasiado pronto para que me esté preguntando dónde vivo. Todo esto es raro, no me gusta nada. - Bueno, Alejandro, no te quiero robar más tiempo. Fue un gusto.
Quiero irme ya del boliche, irme a mi casa, meterme en la cama, leer un poco y después dormir. Pero antes voy hasta dónde está Fabián, le aprieto el brazo, lo saludo y le pido que hablemos a un costado.
- ¿Qué pasó con el pibe con el milico?
- Nada.
- Boludo, decime.
- No pasó nada.
- Te vino a hablar, te dijo de ir al reservado…
- ¿Cómo sabés, me estás persiguiendo, me viste en el reservado?
- No, no hay nada mejor que hacer en este boliche y vi lo que pasó, nada más. Ese pibe es taxi.
- ¿En serio? Mis amigos también me dicen que el tipo es gato, ¿cómo es que se dan cuenta y yo no?
- ¿Pero no te lo dijo? ¿No te dijo que era taxi?
- No, no me dijo nada.
- Okay, reconstruyamos los hechos: el tipo te dijo de ir al reservado. Subieron, transaron y seguramente te agarró la mano y se la puso en la pija…
- ¿Cómo sabés, me seguiste hasta el reservado? No me gusta el chumserío, eso de que todo el mundo hable de todo el mundo.
- Escuchame, no importan los detalles. El tema es que te hizo poner al palo, ¿y después qué pasó?
- No sé qué pasó. Me dijo que bajáramos. Y cuando bajamos se fue por su lado.
- No puede ser, algo más tiene que haber pasado. Te hizo calentar y después… ¿te preguntó dónde vivías?
- Sí, ¿cómo sabés eso?
- ¿Y vos le dijiste que vivís en Ramos Mejía?
- Sí, le dije eso.
- Y te preguntó si vivías con alguien.
- Sí, tal cual, eso fue todo lo que hablamos.
- Bueno, escuchame lo que te voy a decir. El tipo es taxi, eso es seguro. No tiene nada de malo. Lo que me llama la atención es que al tipo le dejaste de interesar porque vivís lejos y con tus viejos. A mí me preguntó lo mismo, dónde vivía. Se me ocurren varias opciones: una: vive lejos y no quiere volverse a esta hora a su casa, dos: está de visita en Buenos Aires y no tiene dónde quedarse, tres: no quiere ir a un telo para que no se encarezca el servicio, cuatro: te quiere afanar. No te quiero asustar de más pero tenelo en cuenta y si decidís irte con el tipo tomá todas las precauciones. Si querés coger con él lo mejor sería que le pidas el celular y arregles para verlo otro día, en un telo. No quiero sonar a abuelito que da consejos, pero bueno, tenés 24 años y sos medio ingenuote, así que bancátela.
- Qué basura que sos…
Se ríe. Lo saludo con un beso y me voy. El boliche ya está casi vacío. Afuera el cielo se recorta celeste entre los edificios y los porteros baldean las veredas.
FIN
Por Xtian Rodriguez
Muy buena crónica de un sábado a la noche.
Parece patético, pero esas situaciones que contás son muy habituales en los boliches y sobre todo en ese lugar venido a menos.
Saludos.
Rosarioso, desde Rosario, Cuna de la Bandera Argentina.
Me he enganchado ultimamente a estas historias, pero no entiendo algunas palabras. que significa taxi? agradeceria muxo que me contestara alguien!! gracias!!
Laura, taxi boy es un hombre que se prostituye (un hombre que ofrece servicios sexuales a cambio de paga).
“pienso: estoy hablando como Bill Bixby.”
me reí 10 minutos seguidos con esa frase!
No tengo idea de quien sea Bill Bixby, pero fue un estupendo relato :D. Me encanta tu forma de escribir, eres genial.
Saludos.
Bill Bixby es el actor que hacía de David Banner, es decir, el tipo que cuando se enojaba se convertía en el increíble Hulk.
Muxas gracias Xtian!! Me encanta tu pagina
Que historia! que bueno tener un amigo observador como Xtian…
Nuevamente, excelente el relato. de lo mejor de los blogs. Gracias!
habia leido tu blog en el mes de enero y como un bolu no lo agende. Llevo tres dias buscandote por todos los blogs y por fin llegué. Me encanto la forma en que escribís y si te sirve de aliento segui con mas relatos de este tipo que estan ganiales. Suerte. y ah ya te agendé (jaja)
BUENISIMA DESCRIPCION DE LO QUE PASA EN EL AMBIENTE, LA VERDAD QUE NO CAI DE QUE LUGAR SE TRATABA…
BSOS.
ahhh ahora que leo esta 2º parte quedé mas a gusto con el destino de cada uno. mmmm…
y como dijo: (alguien que no me acuerdo) El carácter de cada uno forma nuestro destino. bueno, me voy porque tengo que repasar para el final de matemáticas 3 y no me considero Einstein, así que saludos!!! Y abrazos para todos! Un Pampeano!