Tres vasos de agua
31 de Enero del 2007
A pedido del público y a modo de anticipo, acá hay tres cuentos de Marcela Espadero, del libro de próxima aparición: “En mi lavadero la mancha de birome no sale”.
A pedido del público y a modo de anticipo, acá hay tres cuentos de Marcela Espadero, del libro de próxima aparición: “En mi lavadero la mancha de birome no sale”.
Marcela es una alumna del taller literario que damos con Sandra Russo. Marcela está por publicar su primer libro de relatos y le pidió a Sandra que escriba algo para la contratapa del libro y a mí que escribiera el prólogo. Esa contratapa del libro se convirtió en esta contratapa de Página 12, que salió publicada hoy. Y acá abajo publico el prólogo que escribí para ella. Cuando tenga tiempo publicaré algún cuento de Marcela, así se van deleitando con anticipación, mientras esperamos la publicación en papel:
Un vaso de agua, por Christian Rodriguez
(prólogo para En mi lavadero la mancha de birome no sale)
“Es un infierno allá afuera”, me dijo Lucía. Lo dijo inclinándose sobre la mesa, ahuecando la voz y señalando a través de la ventana del bar. Para Lucía “allá afuera” es el lugar donde suceden sus desengaños amorosos. Yo asentí con la cabeza, porque estoy de acuerdo, pero pensé en otro allá afuera: los polos que se derriten, los huracanes, las guerras, el hambre mundial y las tres o cuatro películas al año que protagoniza Robin Williams. Más allá de lo de Robin Williams, somos muchos los que asentimos con la cabeza cuando escuchamos eso del infierno allá afuera. La pregunta que surge, claro, es ¿qué hacer? Y si lo que se hace es escribir, la pregunta es ¿cómo escribir? Es decir: ¿cómo mirar, qué mirar? ¿cómo transmitir?
(Quiero aclarar algo: mi intención es hablar de los relatos de Marcela, ténganme paciencia, es difícil hablar de los relatos de Marcela porque son transparentes, sencillos y honestos, pero si digo eso corro el riesgo de que alguien piense que lo que hace Marcela es espontaneísmo fiaca y yo creo, estoy seguro, que es mucho más. Para los que se quieran saltear esta indagación acá va una versión corta: Me encanta lo que escribe Marcela. Vayan y lean. Les deseo que como yo disfruten de la frescura y la amabilidad de su universo y de su voz y pasen la voz.)
Decía que hay un infierno allá afuera (suena un poco exagerado, pero convengamos en que la cosa está difícil) y todos queremos saber qué pasa allá afuera. Y de tanto informarnos nos embotamos, nos dormimos un poco. Y para despertarnos de nuevo, para seducirnos, para atraernos, tiene que llegar algo nuevo o algo impactante. En ese juego de énfasis crecientes la honestidad es siempre brutal, la única novedad es el escándalo y la incorrección política, lejos de ser sincera, es una pose crispada. Para decirlo rápido, la violencia está en todas partes, no solo en el infierno allá afuera, sino en las formas de transmisión, en el qué y en el cómo y pronto en el acá adentro.
Vuelvo del baño y me quedo detrás de una columna, para que el sordo no me vea. Retomo la investigación de los alrededores, busco al pibe de pantalones camuflados. Charla con otros dos tipos de musculosa, que me parecen demasiado feos para ser taxis, pero nunca se sabe. Al rato se acerca a Fabián, un pibe que conozco del chat (hablamos varias veces virtualmente pero solo nos saludamos con una inclinación de cabeza cuando nos vemos en persona). A los dos minutos el de pantalones camuflados hace una gesto señalando las escaleras, que llevan al sector fumador y también a los reservados. Fabián acepta la invitación y suben las escaleras. Los pierdo de vista. Quizás me equivoqué y el pibe no es taxi, solamente simpático y selectivo, le gustó Fabián y se fue a transar con él a los reservados.
- ¿Todo bien? No te preocupes que no te quiero levantar…
El que me habla es un pibe de unos 25 años, morrudo, con una sonrisa exagerada. Tiene una botella de cerveza en la mano.
[20 de enero de 2007, 3 am, Barrio norte]
Desde Cromañón el boliche está habilitado solo como pub, la pista de baile está vallada y la gente deambula de acá para allá. Algunos se ubican en el centro del lugar y se mueven al ritmo de la música, pero cada tanto aparece el de seguridad y les dice que no está permitido bailar. En los televisores colgados del techo pasan películas porno, es inevitable pasear la mirada por el lugar y de pronto subir los ojos hasta los televisores justo cuando una pija entra en un culo o en la boca de un tipo que revolea los ojos de placer.
Son las 3 de la mañana del sábado y el lugar está bastante lleno. Algunos tipos de 30 y pico, muchos de 40, y varios de bastante más años: osos en grupo, viejos solos apoyados en la barra, taxiboys en musculosa con las manos en los bolsillos, flaquitos amariconados en racimos gesticulando y riendo. Pido speed con licor de melón, estoy medio dormido y quizás el speed me despierte. Me gusta pararme a un costado y mirar lo que pasa, imaginarme lo que piensa cada uno, detectar a quién mira alguien y tratar de descubrir que tipo de hombre le atrae. A ese le gustan los pendejos flaquitos, aquel no mira a nadie que tenga menos de 40, a aquel otro le gustan los que son físicamente parecidos a él.
Hay uno que no logro descifrar. Tiene entre 25 y 30 años, un corte de pelo estilo militar y usa pantalones camuflados. No tiene musculosa, pero la remera le marca el pecho y el cinturón de hebilla ancha le resalta la cintura. Camina excesivamente erguido y sonríe demasiado. ¿Es taxi-boy? No estoy del todo seguro: los taxis suelen dar un par de vueltas y luego instalarse cerca de la barra, donde los tipos más viejos se instalan para charlar y negociar precio y servicio. A este no le interesa esa clientela, mira a tipos más o menos de su edad, con insistencia.
[Un experimento de ficción que seguramente continuaré. Salió de un tirón, de la imagen de una mujer que llevaba de la mano a un chiquito hoy en la plaza, veremos a dónde me lleva.]
No estoy cansada, pero tengo sueño. Se puede estar cansada y no tener sueño y se puede tener sueño y no estar cansada, para mí no tienen que ir las dos cosas juntas. En realidad debería estar cansada pero no lo estoy. Tres días sin dormir, así que debería estar cansada y tener sueño, pero en realidad tengo ganas de correr. Lo que siento es ganas de correr cada vez más rápido, hasta borronearme, como se borronean las paletas de un ventilador y en ese momento caer dormida. Es una lástima que el acto de correr y el de caer dormida sean incompatibles, que uno no se pueda enganchar con el otro porque es lo que quiero ahora: tomar carrera, acelerar como si fuera a saltar en una olimpíada pero en el momento de velocidad máxima caer dormida y caer en un colchón mullido. Tres días, tres noches sin dormir: la primera noche el teléfono y la voz de mi viejo diciéndome tu hermana se murió. En realidad quiso decir tu hermana se mató, pero no pudo decirlo así. Tuve que preguntar cómo. Se fue. Se fue dónde. Ahí lo supe. Mi viejo es ateo, así que cuando la gente se muere para él no se va a ningún lado, la muerte es muerte y listo, no es trampolín ni tobogán a nada. Te morís, punto. Por eso escuché se fue en el teléfono y lo supe. Decía irse en vez de matarse, porque irse todavía se podía deshacer. Mi viejo no lo sabía pero Mariana estaba todavía en la clínica, enredada en una madeja de tubos. O puede ser que haya querido decir se fue al hospital. No importa, cuando llegué al hospital ya había muerto. Me acuerde que pensé ahora sí se mató. Ahora sí, quería decir, ahora sí, en el hospital, se mató. Como si lo hubiera planeado así, tirarse por el balcón y agonizar, no sé por qué me imaginé que Mariana quería agonizar, estar ahí ambigua, detenida, y después dar otro impulso, más allá de los sueros y los respiradores y morirse. En realidad sí sé por qué me imaginé que lo había planeado: porque me acordé de Mariana metiéndose en la pileta de la quinta: bajaba los dos escalones de material avanzando, hasta que el agua le llegaba a las rodillas y recién ahí se tiraba de cabeza. Yo creo que tiene sentido tirarse de cabeza desde el borde de la pileta o meterse de a poco en el agua, a mí siempre me llamó la atención lo que hacía Mariana. Era como dividir una decisión en dos partes: la decisión de entrar en el agua en vez de quedarse tirada al sol y después, apenas le llegaba la electricidad del agua fría y la conciencia de haber decidido algo, antes de tener que reevaluar otra vez si mejor retroceder o avanzar, interrumpir cualquier análisis y abalanzarse hacia adelante. No sé si ella era conciente de ese doble acto, de esa decisión sincopada, yo creo que no, yo nunca se lo señalé. La vi hacer lo mismo otras veces, era su forma de hacer las cosas, me parece, y por eso ahora volvía a verlo así. Tuve que pelear para que separar la imagen de la pileta y la de Mariana tirándose por el balcón. No quise dormir estos tres días porque sabía que podía mantener las dos imágenes separadas si estaba despierta, pero que en el sueño las dos cosas se iban a juntar, que la iba a ver entrar en la pileta decidida pero asustada, y que después vendría el impulso final hacia adelante, y que iba a ver la malla enteriza roja abriendo el agua en dos, de espaldas, la espuma cerrándose, tragándola. Y cuando alguien se muere y solo pasaron unos días la espuma todavía esta ahí, todavía sigue tragándose cosas, es como una mancha que sigue extendiéndose, y todavía no se sabe, y no sé cuantos días más va a llevar darse cuenta cuantas cosas se tragó la muerte de Mariana.
(continuará)
[Pinot, frente a Plaza Guadalupe, Palermo, Buenos Aires, setiembre de 2006]
6 de la tarde, llegan dos hombres y dos mujeres de unos 50 y pico de años, al principio me parecen dos parejas, pero después empiezo a dudar. Se quedan unos minutos decidiendo en qué mesa ubicarse, cerca de la ventana del bar o más hacia el centro, dónde hay una mesa amplia vacía. Las consultas son democráticas, no existe ese tipo de entendimiento tácito de las parejas, todo necesita confirmaciones verbales explícitas. Al final se sientan en la mesa de al lado. Piden cafés y tostados. A los poco minutos me quito los auriculares del ipod.
- … son del gordo y el flaco vestido de civil. Eso me enterneció, ella lloraba.
- Sí, esa mueve al sentimiento. A mí me conmueven esas cosas viejas de antaño, conservadas al natural.
- Si vas al google imágenes la ves, esta era de estudio, bien empilchaditos, foto de composición, pero natural natural. Me va a alegrar toda la vida, te lo juro.
- La vida sonriente es la tuya y está bien porque la risa es el bálsamo más importante.
- Fabuloso eh el satélite del google, yo estoy enamorado de ese satélite, no sé si lo viste, Juana.
- Sí, lo vi, te metés y te muestra todo. Antes no era tan bueno pero ahora si estás sentado en la puerta de tu casa te ves, se ve todo.
- Sí, es tal cual, vas con el mouse y llegás, se ve como un mapa.
- Yo diría como una aerofoto, en el mapa no ves gente sentada, me parece, no sé, yo digo.
- Pero mirá que yo quise entrar y no pude, hay que cambiar esa computadora, se prende y se apaga sola, yo la compré para los nietos pero ahora con el google estoy entusiasmada y aparte practico inglés que ya me había olvidado pero ahora me acuerdo mucho, es como que practico y revive.
- Igual no se ve con mucha nitidez la foto, yo lo leí en el diario y fui pero nítido nítido como dice él, prístino, ni por las tapas.
- Sí, nítido nítido, no sé si prístino, eso no sé decirte. Es un programa de la CIA, te escuchan a 50 metros, tal cual.
- Ven detrás de las paredes como en Irak.
- Parece que ayer murió Bin Laden, no sé si es momento de decir esto cuando estamos comiendo estas masitas secas, pero es una noticia fuerte.
- Fuente no confirmada, eso sí. Yo lo escuché, no sé dónde. Que se había muerto de tifus.
- Falta de higiene total eso. Los árabes tienen otras defensas, es como que el desierto, no sé, se acostumbran más a la intemperie, pero igual es falta de higiene, no sé, me parece.
- Pero no se justifica, tiene mucha plata, tiene 72 vacas porque se baña con leche, eso lo escuché también.
- Yo lo del tifus lo escuché tempranito.
- Yo lo voy a creer si le sacan una foto, sino no, estoy incrédula con el tema terrorismo en general, no sé, estaré loca.
- Eso es psicológico, psicosomático.
- Yo lo relaciono con lo que estoy leyendo de las guerras napoleónicas. Napoleón registró 2500 hombres y quedaron 500, los piojos se los comían vivos.
- Bueno, yo no como más masas, con esta conversación después expectoro.
- ¿Pero quién empezó? Empezaste vos, si querés cambiamos de tema.
- No, hay libertad de prensa, decilo que me interesa, aparte yo miro documentales mientras como y veo cada porquería, pero es como que lo visual me provoca menos que cuando vos lo contás, no sé, será que yo presto mucha atención al habla.
- Sí, puede ser porque se te nota en los ojos cuando mirás estás como atenta mirando así. Bueno, te cuento: resulta que hicieron excavaciones y encontraron que las ropas estaban intactas. Conclusión: los piojos se los comieron, gran festín los piojos. No había penicilina, nada. Yo estoy leyendo los cinco tomos desde el origen de la vida y cómo se agrupaban en cuevas.
- Yo vi la película.
- ¿Qué película?
- Esa de que se agrupaban en cuevas, pero la dieron cortada, no sé, me parece, me dio la impresión que faltaban partes.
- Después decime si te acordás el título.
- No me acuerdo, en el cable, yo a veces anoto los títulos, pero de esa no.
- Qué lastima, bueno, entonces en las cuevas la medicina se basaba en curar enfermedades con infusiones de los huesos de los muertos.
- Menos mal que dejé las masas, los huesos me causan vértigo.
- Uno agarró un bisonte y le sacaron los huesos y les metieron las manos en las vísceras.
- Eso es casi canibalismo, no sé, me parece.
- Y también en el tomo dos dice que existía el control de la natalidad.
- ¿Abortaban?
- No, no quedaban embarazadas. Y los chinos, y yo me saco el sombrero con los chinos…
- Eso también son comunidades primitivas.
- Los chinos, ¿cómo mantenían el fuego?
- Eso es algo que yo siempre me pregunté.
- Y sí, era cuestión de vida o muerte.
- La grasa, se llevaban la grasa, cuando emigraban uno se hacía cargo del fuego y lo llevaba con la grasa prendida.
- ¿Lo del palito no es verdad?
- ¿Qué palito?
- El palito que lo girás y se prende fuego.
- No, todo mentiras eso. La grasa es la clave. Yo te diría que la grasa es la clave de la civilización porque sin fuego no hay civilización.
- Y yo que engordo dos kilos y me traumo.
- El colesterol es otra cosa, con eso no se juega, es una ruleta rusa.
- ¿Pero usaban grasa en serio? Qué peligro…
- No era grasa grasa, era con yesca que caía de los árboles y un poco de grasa.
- Ah, entonces la yesca es la clave.
- Yo vi Naúfrago con Tom Hanks, muy instructiva para esos casos, ¿vos la viste?
- Sí, pero con piedra es esto que te digo.
- ¿Pero es una piedra especial?
- Sí, con adoquines yo entiendo que se hacía.
- Hasta que llegó el chispero Aurora.
Se ríen, pagan la cuenta en silencio y se van.
Costó convencerla, pero lo logré. Sandra Russo ya tiene blog en www.sandrarusso.com.ar. Yo haré de webmaster y de a poco iré rellenando los archivos con los cientos de textos de Sandra desperdigados por la web. Tener todo lo que escribió Sandra en un solo lugar ya es un gran avance, porque el motor de búsqueda de Página 12 es un desastre (y desde hace unos meses es imposible buscar por autor). La otra ventaja es la posibilidad de hacer comentarios, claro.
Intentaré también rescatar artículos de Sandra que no están en la web, aunque ella duda del contenido de su propio disco rígido. Y también trataré de que escriba cosas para el blog, claro…
Por ahora el diseño del sitio es bastante básico (la plantilla por defecto de wordpress). Ténganme paciencia. El primer objetivo es subir los textos. Después vendrán los retoques cosméticos.
Están todos invitados.
[Mar del Plata, 7 de enero de 2007]
Estoy parado al costado de la ruta, son las 6 de la tarde y el sol, oblicuo y anaranjado, resbala en el horizonte. Me pica la espalda, me pican los ojos. Se termina mi día de sol, mar y arena en la playa nudista. Miramar, borrosa a lo lejos. Los campos verdes. El chorro de agua del riego, como un signo de admiración plateado en la lejanía. Los pájaros flotan rígidos en el viento, hamacándose.
Playa Escondida es también una playa gay. La mitad de la concurrencia son hombres reunidos en racimos, tomando mate, máquinas de mirar y de dejarse ver atrás de los lentes oscuros y los shorts pegados al cuerpo que redondean el culo.
Subo la escalera de madera hasta la parada del colectivo, al costado de la ruta. Hay otras quince personas esperando, un grupo de seis o siete se sienta en el pasto y hace circular un porro.
Pasa un taunus marrón camino a Miramar. Unos cien metros más allá gira en U, retoma la ruta en dirección opuesta, avanza hacia dónde estoy yo y el grupo que espera el colectivo, nos pasa y se detiene a unos 10 metros. Toca bocina. Nos miramos entre nosotros pero nadie se mueve. El conductor hace señas en su espejo retrovisor, pero no logramos distinguir que quiere decir. Señala a alguien y luego se toma la barbilla con los dedos: “sí, vos, el de barbita candado, vení”, parece decir, en código. Los de barbita candado somos dos: un tipo de unos 50 años, canoso y que abraza a su pareja y yo. Todos los ojos se clavan en mí. Agarro mi mochila del suelo y troto hacia el auto.
- ¿A mí me buscás? - pregunto.
No conozco al conductor, un tipo de unos 40 años, de cara redonda, tostado, que me sonríe.
- Sí, a vos, subí, te llevo a Mar del Plata y vos a cambio me tirás la goma.
- ¿Cómo?
Entendí perfectamente lo que me dijo, los términos del contrato están clarísimos, pero necesito unos segundos para procesar la información.
- Sí, te vi en la playa. Me gustás. Subí y me tirás la goma un rato, dale, y de paso te llevo hasta la terminal.
El tipo sonríe, galante, confianzudo, ganador. Todos los ojos están girados sobre mí, como orejas estirándose para escuchar lo que no llegan a escuchar.
- No, te agradezco che.
Me divierte la escena, hasta me siento halagado, seducido.
- Dale, si te gusta…
Esto ya no es tan halagador. ¿Me gusta qué? ¿La pija? ¿Chuparla arriba del auto? ¿La tracción a sangre?
- Todo bien pero no.
Me alejo del auto hacia el grupo de ojos que ahora pretenden no haber visto nada. Uno de los pibes se saca el porro de la boca y me pregunta: “¿Qué onda, te quería dar un aventón?”. “Sí, pero no era gratis el aventón”, contesto. Hace el gesto de lavarse los dientes con un cepillo de dientes bien grueso y se ríe. Asiento con la cabeza. “Hubieras aceptado, a esta hora los colectivos vienen llenos y no paran.”
Tiene razón, los próximos colectivos pasan de largo. Hace frío. Pasa un auto lleno de chicas adolescentes. Una de ellas saca la mitad del cuerpo por la ventanilla y grita “¡Manga de putos!”.
Estoy emocionado. Abrà el email y vi que Sandra me habÃa mandado un mensaje diciendo “X, espero que te guste la contratapa de hoy, porque te la dediqué con mucho amor”. Y fui y leÃ. Me encanta que esta en especial me esté dedicada, porque son de mis contratapas favoritas, en las que Sandra mezcla su excepcional agudeza con emoción. Asà que acá estoy, todo emocionado y contento y honrado.
Como nota simpática, mi vieja no sabe que vine a Mardel con mi novio. Es más, mi vieja no sabe que tengo novio. Es más, nunca tuve novio y ahora que tengo, nunca se lo dije. Asà que se pensó que me habÃa rayado y me habÃa venido a la costa a pasar el fin de año solo. Le acabo de mandar un mensaje de texto para que vaya a comprar el Página y lo lea, asà que en este momento estoy saliendo del ropero del noviazgo con mi vieja. Si esto no es blog - verdad, no sé qué es.
La contratapa está acá:
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-78675-2007-01-06.html