Guerra del hielo

28 de Noviembre del 2006

Salí de mi casa rumbo a la oficina, que queda a 6 cuadras. A las 2 cuadras el cielo se oscureció, una cuadra después empezó a lloviznar, una cuadra más y la lluvia se volvió torrencial. Me refugié a esperar que parara el chaparrón debajo de una de esas estructuras de chapa y caños que usan los albañiles para refaccionar los frentes de los edificios. El agua caía con una violencia demoníaca, el torrente marrón de la calle mordisqueaba el cordón y avanzaba hacia mis pies. Escuché voces de varios hombres atrás mío, se abrió el portón de chapa de la obra a mi lado y salieron tres o cuatro albañiles a presenciar el diluvio.

(La lluvia, cuando cae con esa ferocidad, produce un efecto de irrealidad, porque borra los bordes. Nuestra percepción es una percepción de bordes, de límites y la lluvia es una cortina impresionista sobre las cosas. No hablo solo de bordes visuales. El ruido blanco del agua cayendo ahoga todo lo demás, aun el pulsar de las alarmas de los autos suena ahogado, respetuoso. El agua marrón borronea los cuadrados de las baldosas, el límite vial esencial, el que separa la vereda de la calle, el peatón del automovilista. La línea que separa lo seco de lo húmedo también se vuelve zigzagueante, eléctrica, caprichosa. En eso pensaba cuando una gigantesca gota cayó en el centro de mi cabeza y me trajo de vuelta).

De repente, el granizo. Las bolitas de naftalina rebotando sobre la vereda, como pelotitas de ping pong, el repiqueteo atronador de las chapas, la segunda gota en el centro de mi cabeza trayéndome de vuelta. - Pibe, vení, metete acá.

(En un instante sentí el cambio de luces, el virar hacia el anaranjado de los focos, las cámaras reacomodándose en picado y contrapicado. El mundo real había quedado allá afuera, atrás del portón de chapa y yo estaba acá, en mi película porno. La lluvia había sido una excusa, también la obra en construcción, todo era una excusa para que cuatro albañiles con olor a cal y cemento me cogieran salvajemente. Los asistentes aparecerían para rociarme con spray y que parezca transpirado, para desabotonar apenas el mameluco del que me indicaba el camino y que se le vieran mejor los pelos del pecho, para indicar otra vez la secuencia de la violación seriada. Fue solo un instante y las luces cambiaron otra vez al color plomizo de la tarde.)

Traspasé el portón y avancé entre los escombros. Era una gigantesca estructura de cemento de un futuro edificio de departamentos. Por ahora lo que había era algunas paredes, el techo y algunas escaleras a los costados. En el centro del techo había un agujero cuadrado (el hueco del ascensor, pensé). 3 o 4 avanzamos hacia el agujero del techo, o mejor dicho hacia las piedras de granizo que se acumulaban en el piso. Más allá se veía a dos asomados hacia la parte trasera por una ventana.

- Vos apuntale al Tucu, que es re leche hervida, vas a ver cómo se calienta - le indicó el gordo barbudo al de casco anaranjado, mientras se agachaba para recoger una piedra grande de granizo.

Vi la parábola del trozo de hielo en el aire, el golpe en la espalda del Tucu y la piedra partiéndose en dos al tocar el piso. Desde atrás aparecieron dos más con piedras de granizo en la mano y enseguida empezó la batalla campal. Me escondí atrás de un barril de chapa y grité “¡Paren, locos de mierda!”. Fue peor porque una balacera de granizo golpeó el barril. Corrí hacia la escalera del costado. Una piedra me golpeó en la rodilla. Desde ahí me asomé, eran como quince. Sacaban piedras de granizo de los bolsillos y al grito de “Laucha, la concha de tu madre”, “Pepo, bostero de mierda” y “Culo roto, a ver cómo bailás” se disparaban a mansalva (apuntaban a las piernas, de ahí la referencia coreográfica). La guerra parecía funcionar con reglas precisas: cuando alguno agotaba sus municiones tenía que ir a buscar municiones nuevas al centro del recinto, donde estaba el agujero del techo, y ese momento era aprovechado por los demás para hacerlo bailar a los piedrazos.

El granizo y la lluvia habían amainado, las alarmas de los coches comenzaban a desactivarse, pero la guerra continuaba con la misma ferocidad. Subí corriendo las escaleras. El Tucu me vio y gritó “¡Ese todavía no bailó!” y me tiró un piedrazo a través de la ventana. Lo esquivé. Otros dos corrieron hacia mí, los vi esquivar la montaña de escombros y aparecer al pie de la escalera. Corrí hacia el borde del techo, miré hacia abajo, solamente 3 metros. Salté hacia la montaña de arena, me incorporé y crucé corriendo la calle. Mientras daba vuelta la esquina escuché el último grito: “¡No te escapes, maricón!”.



5 Comentarios en “Guerra del hielo”

  1. pal | 28/11/2006 a las 09:56:01

    Lo leí viéndolo como en el cine. Muy buenas escenas, la de la película porno, la de la guerra.

    (Se nota que esta historia no es real en que los minos huelen a cal y arena, los obreros de mi vida huelen a sudor desconocido.)

  2. Maestruli | 28/11/2006 a las 14:35:01

    Qué cosa! Luego del vacío existencial de ayer, te aparecés con este relato tan colorido y vivaracho!

    Me parece que empezás a ejercitar tu fantasía, y con buen provecho.

    Continúa así! (como decían nuestras maestras)

  3. Maestruli | 28/11/2006 a las 14:40:09

    qué tonto soy, no había leído tu aviso previo que todo lo que escribieras a partir de ahora sería mentira.

    Sospeché que ese relato del granizo era producto de la fantasía, aunque basado en algunas escenas cotidianas. Está realmente muy bueno.

  4. Mariano | 28/11/2006 a las 19:14:14

    Xtian,

    me encantó el relato. El detalle de como cambia la percepción de las cosas cuando diluvia me parece muy bien lograda. Me gusta que te hayas metido en un edificio en construcción, con obreros gordos, barbudos y mal hablados. Si no hubiera estado lloviendo - el tronco, el nucleo del texto - seguramente hubieras hecho referencia a la parrilla, al asadito, al humo, al olor. Me reí con el tema del porno, pero como dirías vos, el tema no vuelve a aparecer en el texto y me quedó medio descolgado.
    Y por último, me llamó la atención el defasaje en el tiempo: el granizo cayó sobre Buenos Aires hace más de tres meses y tu texto apareció ayer. En Rosario cayó uno igual hace diez días. Este mismo texto, a los dos días de sucedidos los hechos, sale en el diario.

    Muy bueno lo suyo compañero.
    Agregué un link a tu blog en nuestra página.

    Abrazos, Mariano.

  5. Xtian | 28/11/2006 a las 20:16:06

    Gracias Mariano! (Le cuento al publico, Mariano y su hermano Riki son alumnos del taller que damos con Sandra Russo, ambos escriben muy bien, vayan a leer el blog).

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