El pakistaní, parte 8
11 de Agosto del 2006
El viernes a las siete y media sonó el timbre del departamento: era Shabeh cargando un bolso gigante. Rajul nos pasaría a buscar en el auto a las ocho. Nos duchamos juntos, rápido y me vestí en cinco minutos. Shabeh, mientras, extraía prendas de vestir de su bolso como si fueran palomas de una galera sin fondo y las extendía sobre el sofá. Dos musculosas, tres remeras, tres camisas; dos jeans, uno más claro que el otro y un pantalón de tela negro; un par de borceguíes, un par de zapatos y un par de zapatillas azules con rayas anaranjadas.
Se puso el jean más oscuro, un borceguí en un pie y una zapatilla en el otro y una de las musculosas. “¿Qué te parece?”, dijo, mientras desfilaba por el pasillo que va de la cocina al baño, giró, se metió el pulgar en el bolsillo del jean, torció la boca y puso cara de galán de cine noir. Me parecía bien y se lo dije, pero se sacó toda la ropa y volvió a probar una combinación distinta. - Las combinaciones posibles son setenta y dos, Shabeh. Ocho entre camisas y remeras multiplicado por tres pantalones multiplicado por tres opciones de zapatos. Supongamos que tardás un promedio de dos minutos en vestirte y desfilar por el pasillo. Eso da un resultado de ciento cuarenta y cuatro minutos y solo tenemos diez.
- ¿Esto cómo me queda?
- Ese pantalón te apreta demasiado, de culo te queda bien, pero de adelante no, ponete el otro jean. Musculosa no te pongas, ponete una camisa. Y zapatos. Las botamangas son muy chicas y se arrugan todas si te ponés borceguíes.
Me hizo caso con los zapatos y el jean, pero se probó todas las camisas y musculosas sin decidirse. Iba a empezar una segunda vuelta cuando sonó el timbre. Se puso una musculosa roja y bajamos.
***
Rajul y Shabeh se saludaron con un apretón de manos y subimos al auto. Se preguntaron los datos básicos: de qué ciudad eran, cuánto hacía que vivían en USA, qué habían estudiado, etcétera. Cuando hablaban pasaban del inglés al hindi casi sin darse cuenta. Al subir al tren había lugar para dos personas en un asiento y un lugar del otro lado del pasillo. Les hice una seña para que se sienten juntos. Durante la hora que duró el viaje en tren me entretuve mirando por la ventanilla y aguzando el oído, intentando detectar palabras sueltas y cambios de tono para deducir de qué hablaban.
La conversación seguía un patrón más o menos fijo. Rajul parecía hacer una pregunta. Shabeh parecía responder pausadamente en tono descriptivo. Rajul interrumpía brevemente, como pidiendo mayores detalles o aclaraciones. Gradualmente el ritmo de las respuestas de Shabeh se aceleraba, se rascaba la parte superior de los muslos o se acomodaba el reloj en la muñeca, negaba suavemente con la cabeza y miraba por la ventanilla, como buscando recomponerse de una leve irritación. Rajul sonreía, consentía con la cabeza y miraba también por la ventanilla. Seguía un silencio corto, hasta la siguiente pregunta de Rajul.
Llegamos a Penn Station y nos detuvimos en el hall central a discutir hacia dónde íbamos.
- Conozco un lugar de comida árabe muy bueno. No es muy popular pero se come bien y barato – dijo Shabeh.
- ¿Cómo se llama? – preguntó Rajul.
- Mediterranean Grill, creo.
- Creo que lo conozco, ¿es el de Chelsea? Tengo un amigo que vive por ahí cerca, pero pensé que era solo para delivery – dijo Rajul.
- Sí, es muy chiquito, creo que no tiene mesas, solamente una barra muy chica, pero podemos comer en la vereda – dijo Shabeh.
Pregunté si en ese lugar preparaban cócteles. A propósito, porque estaba seguro de que no.
- Prefiero ir a un lugar donde podamos sentarnos, charlar tranquilos y pedir cócteles. Conozco un restaurant mexicano muy bueno y preparan unas margaritas de mango excelentes – sugerí.
- Bueno, vamos ahí entonces – dijo Rajul.
Shabeh bajó la cabeza y se quedó mudo.
- ¿Qué te parece, Shabeh? – pregunté.
- Okay – dijo, clavando la mirada en el piso.
***
Rajul y yo pedimos margaritas de mango, Shabeh pidió agua. Rajul y yo elegimos rápidamente una combinación de enchiladas de carne y pollo para compartir, Shabeh iba y venía por el menú sin decidirse. Cuando vino el mozo le pidió un pechuga de pollo grillé, sin condimentos, acompañada de arroz.
- Si no te gusta el lugar vamos a otro lado – le dije.
- No, está bien.
No estaba bien. Sacó un paquete de Camel del bolsillo, prendió un cigarrillo y escupió una pompa de humo hacia la lámpara de papel con forma de serpiente emplumada. Miré a Rajul teletransmitiéndole un “no le des bola” y le pregunté por sus cosas. Me dijo que estaba preparándose para dar los exámenes para ingresar en la maestría en business de Stanford. Las pompas de humo se apelotonaban alrededor de la serpiente. Los intentos de incluir a Shabeh en la conversación fueron inútiles, se limitaba a responder con monosílabos y mirar su reloj.
- ¿Te pasa algo? – le preguntó Rajul.
- No, estoy bien.
- Okay…
Cuando terminamos de comer y después de pagar la cuenta, Shabeh se fue al baño.
- ¿Qué le pasa? – me preguntó Rajul.
- No tengo idea, yo no le hice nada. ¿De qué hablaron en el tren?
- Nada importante, cosas de Pakistán y la India. Pero ahora se enojó por algo…
- Supongo que sí, pero no voy a dejar que me cague la noche.
Decidimos ir a Barracuda. (Decidimos Rajul y yo, Shabeh parecía haber reducido su vocabulario a una única palabra: okay.) Pedimos (Rajul y yo) un trago en la barra y fuimos a acomodarnos en los sillones del fondo. Apenas nos sentamos Shabeh dijo que iba al baño y que ya volvía. Media hora después no había vuelto.
- ¿Querés que lo vaya a buscar? – preguntó Rajul.
- No, dejalo. No le prestes atención.
Rajul fue a la barra a buscar tragos para los dos y volvió sacudiendo la cabeza.
- Shabeh está sentado en la barra hablando con un tipo de unos 60 años que parece todo acaramelado y le pone la mano en el hombro mientras le habla. Espero que te des cuenta que Shabeh es un idiota o un infantil o un…
- Terminemos el trago y vámonos que no quiero perder el último tren – interrumpí.
Me tomé el trago de un sorbo.
- ¿Le vas a avisar que nos vamos o nos vamos sin decirle nada? – preguntó Rajul.
- Le voy a avisar. Se suponía que se quedaba a dormir en mi casa y ya es tarde para que se vuelva a la suya, así que no tiene dónde ir, salvo que se vaya a dormir a lo del viejo que acaba de conocer.
Fui hasta la barra mientras Rajul salía a esperar a la vereda. Shabeh estaba charlando con un tipo canoso de anteojos, estaban juntos, en una posición incómoda y con las piernas se entrelazadas entre las banquetas. Le puse la mano en el hombro pero miré hacia delante, hacia el espejo que cubría toda la pared detrás de los barmans.
- ¿Te quedás? - le dije a la imagen de Shabeh entre las botellas -. Nosotros nos vamos porque en quince minutos sale el último tren.
Giró para mirarme pero yo seguí mirando el espejo, a su nuca ondulada entre las botellas de whisky en los estantes espejados.
- No, vamos.
Ni siquiera saludó al tipo canoso, que me miró con furia. Salió a la vereda y empezó a caminar hacia la estación de trenes sin decir una palabra. Caminaba rápido y lo perdimos de vista. Tampoco lo vimos al subir el tren. Rajul quiso ir a buscarlo pero yo insistí en que lo dejara. Pensé que quizás se bajaría en Rahway y se iría en taxi a su casa, pero no, cuando bajamos en New Brunswick estaba esperando al final del andén.
- ¿Qué querés hacer? ¿Vamos a casa? – le pregunté.
Se sacó el cigarrillo de la boca a medio fumar, lo tiró al piso y lo aplastó con el zapato.
- En eso habíamos quedado, ¿no?
- No importa en qué habíamos quedado, ¿venís o no?
Giró y empezó a caminar hacia donde estaba estacionado el auto de Rajul. Al subir al auto Rajul le preguntó algo en hindi. La respuesta de Shabeh salió ahora en chorros constantes y potentes, con una ira contenida pero espesa. Yo, desde el asiento de atrás, trataba de verle la cara en el espejo retrovisor pero no podía. Rajul intentaba responder pero Shabeh lo interrumpía. En un semáforo Rajul giró su cabeza, me miró, arqueó las cejas y se encogió de hombros, con resignación. Era el gesto del doctor que no puede hacer nada frente a lo incurable. Al llegar al departamento Shabeh se bajó dando un portazo.
- ¿Qué mierda le pasa? - le pregunté a Rajul.
- No importa. Este tipo es cualquiera. Después hablamos.
- Ningún después hablamos. Este tipo tiene un ataque de furia y se está quedando a dormir conmigo. Hace tres días que lo conozco. Decime qué le pasa.
- No va a pasar nada, te lo aseguro. No te preocupes.
- Eso no me deja más tranquilo.
- Si querés lo llevo a la casa y listo.
- No, queda demasiado lejos. Pero si me decís que el tipo es peligroso lo llevamos a New Brunswick y le pago un hotel para que se quede ahí y mañana se tome el tren a la casa.
- No pasa nada. ¿Querés que me quede a dormir acá con vos? Hagámosla corta porque está ahí esperando y se le están acabando los cigarrillos.
- Listo, andá nomás, mañana hablamos.
Bajé del auto y fui hasta donde estaba Shabeh fumando.
- ¿Qué te pasa?
- Nada, estoy bien.
- Escuchame, no te vas a quedar a dormir acá sin decirme qué te pasa.
- Bueno, entonces me voy.
- No, yo te dije que te podías quedar acá. Ahora son las cuatro de la mañana y no te podés volver a tu casa. Quedate a dormir, dormís en una habitación y yo duermo en otra y mañana cuando haya colectivos te vas.
- Okay.
- ¿Okay?
- Sí, okay.
- Okay.
Abrí la puerta para que pase.
- Apagá el cigarrillo, no se puede fumar adentro.
Amagó a entrar con el cigarrillo prendido. Lo tomé del hombro y lo detuve con firmeza. Retrocedió, aspiró el humo lentamente, lo sopló hacia arriba y entró. Saqué las sábanas de mi cama y las usé para hacer la de él en una de las habitaciones libres (solo tenía un juego). Pensé que iba a rechazar la cortesía pero no. Simplemente dijo “Buenas noches” y se metió en la habitación.
Me metí en la mía, trabé la puerta, me acosté vestido sobre el colchón sin sábanas y me dediqué a mirar el techo sin poder dormir. Me levanté varias veces a tomar agua, las ropas de Shabeh estaban desparramadas por todo el departamento. Sobre el lavatorio había un cepillo de dientes, un frasco de perfume y una afeitadora. Era inútil analizar nada o intentar entender lo que había pasado. Era obvio: un ataque de celos repentino pero insensato. No quería ir mucho más allá antes de hablar con Rajul. Igualmente no podía dormir, así que me entretuve dejando que mi oído pescara cornalitos de sonido lejano en la noche. Me dieron ganas de mear. Miré el reloj: 6:47. Meé y al acercame a la pileta para lavarme las manos vi que el cepillo de dientes había desaparecido. Prendí la luz: el perfume y la afeitadora tampoco estaban. Fui hasta el living, la ropa desparramada ya no estaba. Abrí la puerta de la habitación de Shabeh y prendí la luz: la cama estaba vacía, las sábanas arrugadas. Shabeh se había levantado en el medio de la noche y sin hacer ningún ruido había recogido sus cosas y se había ido.
Por Xtian Rodriguez
huy! que fué eso? me quedo a la espera del 9
Si en 10 minutos me pisa el colectivo y me muero, voy a volver a atormentarte para saber cómo termina todo esto.
Iba a escribir algo sobre cómo me dejó tenso este final y que publiques pronto la parte que sigue, pero el comentario anterior me provocó mucha gracia y además expresa perfectamente lo que yo quería decir :S
A la tarde me tomo el bus a BA, qué problema si publicás durante el fin de semana voy a tener que entrar a algún ciber a leerlo!!!
Saludos desde Rosario, cuna de la bandera.
Rosarioso
Muy interesante. Me he quedado intrigado. Me encanta como escribes… ¿te lo había dicho?
Esta historia no para de bambolearse. Me voy a tomar un Dramamine para enfrentarme con el capítulo 9.
Te digo, Shabeh ya me tiene podrido a esta altura de la soirée. ¿Quién es? ¿Estrellita mía? Como diría Austin Powers… “behave!”
Salutti
Alfredo
Empece con la historia del pakistaní y me enganche…manda pronto el 9 porfis!! Despues me hice una recorrida rapida por el blog…Buenísimo!! Prometo indagar mas por allí…
Prometo seguir haciendo comentarios.
Her
Alfredo tiene quizás algo de razón, creo. Shabeh se ha convertido en un insoportable. Y quizás el texto no llegue a ser del todo efectivo explicando mi (mini, micro o macro) obsesión con él y qué raíz tiene. Eso quizás tenga que ver con que yo tampoco lo tengo del todo claro (no sé del todo qué pasó) y porque descarté una buena base para la obsesión, que era el tema sexual. Entonces, si el tipo no es bárbaro cogiendo, ¿por qué carajo me banqué eso que en general está claro que no me banco de mucha gente?
En fin, pequeñas fallas que tendría que corregir en una segunda versión, profundizar más ahí. Los textos son siempre borradores porque los escribo y los publico inmediatamente, solo con correcciones cosméticas. Creo que de esa manera ganan en frescura. Por otro lado permiten poner a raya mi obsesión, lanzando al aire versiones beta y no versiones definitivas.
Pero este comentario de Alfredo creo que es acertado y señala algo donde el texto está un poco enclenque.
Saludos.
No me parece que el texto esté “enclenque”, para nada. Creo que está super atrapante.
Y ami no me hartó Shabeh, para nada.
¡¡¡QUIERO SABER MÁS!!!
lo único que me preocuparía a mi es justo eso, que es lo que tiene el tipo que va y viene, será un pesadito más? será que lo aguantas por una obsesión que todavía no revelas (en serio: sexual?)? no puedo creer que sea solo porque es un borrador…
la lectora aquí presente se pregunta que m… hablaron esos dos tipos… algo político? ves que el bamboleo no es falto de efecto? espero el 9.
Xtian,
Lo del bamboleo no era una invitación a la autocrítica ni mucho menos, eh? Nada más lejos de mí, que nunca se me ocurriría opinar sobre la obra de alguien que nunca me pidió mi opinión.
Es sólo el reflejo de lo que siento al leer. Cuando creo que la cosa va para un lado, resulta que va para el otro. La obsesión sexual la descarté hace unas cuantas entregas.
Que siga el baile!
Abrazo,
Alfredo
¿Hacían falta el 7 y el 8? Terminar en el 6 hubiera sido brillante. Perdió toda la magia el pobre pakistaní y rajul no compite. Hasta el 6, una obra de arte.
Como a muchos en el blog, le estoy tomando un poco de fobia a Shabeb… igual le pongo todavía algunas fichas… a ver si revierte su sentido “del humor?”… abrazo, como siempre genial de su parte Sr.!!!
a mi me parece una buena historia, una novela por entregas. No me parece que tengas que explicar tanto tu obsesión: son cosas que a veces no tienen razones claras. Shabeb no es alguien de quién me gustaría ser amigo, pero eso no quita que sea buen personaje para una ficción.
Lo unico que espero es que no sea quién sospecho que és.
¿o acerté?
Yo creo que todo pasa por la distancia cultural. Si a veces nos cuesta entendernos a nosotros mismos, imaginate entender lo que piensa un pakistaní…
uso el blog de dieguez como indice de blogs. no lo leo mas porque da asco de tan facho. antes tenia buenas historias. la jaula esta vacia. lola me hincho las bls. solo xtian y liniers salvan mis mañanas de blog. necesito recomendaciones!
www.arbitrario.com.ar
está en el blog de Dieguez y es muy bueno.
www.bambula.blogspot.com
también.
Los otros que conosco son más personales que otra cosa..
Me acordé otro más:
www.revistapeinate.com.ar
Ay ay ay! que va a pasar? que paso con elmuchacho? por que se puso asi?? bueno, me lei el relato en 30 segundos!
Dan ganas de conocerte en persona para que cuentes uno de tus tantos relatos y logres, como haces siempre transportarme a donde paso todo!
No se si soy un buen narrador oral. Tengo muy poca paciencia y siento que mis historias son medio bobas, asi que las cuento desordenadas y rapidas. La palabra escrita y la hablada son parientes, pero no son lo mismo. Me dicen bastante lo de “cuando te leo siento que estoy ahi”, pero nunca me dijeron “cuando te escucho es como estar ahi”. Lo que me dicen bastante seguido cuando cuento una historia mia en una charla es “y eso es todo?”. No creo que mis historias sean muy especiales, es solo que pongo garra para contarlas, digamos, y busco que traer todas las caras de la historia y ordenarlas como en un cubo magico y eso me sale mejor escribiendo que hablando.
A mi lo que me entretiene en gral. de aquí es el permiso que das para meterse en tu forma de pensar. Y no es desmerecer tu escritura, porque te podría decir que a propósito de como está escrita Crimen y Castigo, es muy interesante permitir una visión desde el ir y venir de la cabeza.Y a lo mejor por eso es más entretenido leerte que escucharte,porque aquí es donde desarrollas mejor ese sistema de contar,menos inhibición.Aunque, por supuesto, no me conste. A mi me pasa al revés.
perdón, pero dieguez facho? en serio… y por qué me gusta? vivo en el limbo, y por eso perdón que pregunte aquí, pero en serio? facho?
buen dia. gracias por las recomendaciones v! pal, no me hace gracia leer algo escrito con odio. demasiados posts para celebrar, justificar o pedir la muerte de otras personas (milicos, rolingas, palestinos, etc).
me gustaba cuando poesteaba historias como las de aca, escritas de una forma que se te meten directo en la cabeza y te transportan a otro lugar.
La historia del pakistani ha tenido sus altibajos, por supuesto (aunque la parte 9 recupero velocidad como nunca). Pero creo que Xtian ha logrado en cada entrega crear el ambiente de suspenso y la necesidad incontenible de leer lo que sigue. Mi parte preferida es la 3 donde hay muchas descripciones, porque me engancho mucho con lo visual. La gargola que se descuelga de la pared es una joya.
Ah y para aquellos que se quejan de la falta de otros blogs para leer, aprovecho a pasar el chivo y los invito a leer el mio:
http://sigueparticipando.wordpress.com/
Saludos,
L.C.