El pakistaní, parte 11

31 de Agosto del 2006

[Primer epílogo. Falta otro y creo que con ese termino]

Epílogo I: San Francisco y Shabeh

Volé a San Francisco a buscar otra vida hervida.

SF: en la escenografía brillantina de mi optimismo conseguiría pronto un trabajo con mi visa de práctica profesional. Se hinchaba la burbuja puntocom y yo estaba parado en su centro como ese hombre desnudo en ese círculo desnudo que dibujó da vinci, con las piernas abiertas y los brazos extendidos para abrazar el futuro con las 4 extremidades. El clima sería amable, nada de lluvias desde marzo a noviembre, los fantasmas de canterville beat arrastrarían sus cadenas por las calles empinadas. Los patos en san francisco no dicen cuac, dicen kerouac. La gente no toma té de ginseng, toma té de ginsberg y aúlla. Bohemia y sex clubs y bares leather con lockers para encadenar a tu esclavo. Tranvías y terremotos, jacuzzis en ebullición en las terrazas, puentes colgantes anaranjados que cuelgan de nubes colgantes anaranjadas que patinan en patines de rueditas al ritmo disco hacia el atlántico. Dicen que la gente se ahoga en bakers beach que el agua te chupa. Dicen que en el parque golden gate, allá donde está el molino, hay canastitas colgadas de los árboles llenas de preservativos. Me llega una invitación electrónica anónima: “estaré con los ojos vendados y arrodillado y dejaré la puerta del patio abierta, el otro día me tragué 17 acabadas y ahora quiero batir mi récord”, la dirección y la foto vendada y arrodillada. La bandera arco iris flameando en la distancia allá en el castro. El loco de la guitarra que canta hotel california y tiene los brazos llenos de agujeros violetas. La entrevista de trabajo con la primera compañía que no se entiende pero que tiene un nombre hawaiano. “Significa amarrillo en hawaiano”. Pero qué idea tienen para esta puntocom. La idea es: servicio usuario sinergia cool social potencialidad quick pluralizar ecommerce expandir new amigable. Barajá y da de nuevo y es el mismo póker con cara de culo sucio. En dos meses me quedé en la calle porque hubo tormenta eléctrica en la cabaña del tío. Sobre el colchón inflable remando, flotando en ese mar de 2 metros cuadrados que alquilé a 500 dólares. La guita que se evapora pero no se condensa, se evapora pero nunca llueve. De esos 2 metros cuadrados a otra habitación alquilada y de ahí a otra, en el sunset, lejos, en el culo del mundo a 6 cuadras del pacífico. Otros 6 lugares de peregrinación. El sótano de un croata, el garage de un negro. El sexo como hilván, cosiendo los días como una máquina de coser, de coser a fuego lento infernal. La máquina de coser, la máquina de coger, la aguja que entra y sale de la tela, el microscópico nudo atragantando el género, y el número. Otra vez sin departamento y las entrevistas para conseguir uno. El cinéfilo que solo quiere vivir con los que vieron eraserhead de lynch. La lesbiana vegetariana que odia cualquier alimento animal, puedo comer atún, no, no podés. El servicio de inmigración me enviará la visa de trabajo en 90 días pero no, perdieron los papeles. Pero me dan una provisoria, supongo. No. Pero tengo el sello del correo, o sea los papeles los perdieron ustedes. Pero igual tiene que esperar que se cumplan los 90 días para reclamar. Puedo irme a argentina a esperar que se resuelva esto, porque vio, en esta ciudad no se puede vivir, me cobraron 600 dólares el mes pasado por el alquiler de un ropero. No puede salir del país sin visa. No puedo volver a argentina, no puedo trabajar, cómo hago. No sé señor, que pase el que sigue. Eso es así en versión videoclip tarantino con ruptura de secuencia temporal, mezclando el antes y el durante y el después, ese soy yo en san francisco, postales de la deriva, de la derivada que mide la inclinación de la tangente que señala el infinito retorno de la mala leche hervida.

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El pakistaní, parte 10

26 de Agosto del 2006

[Última parte de la saga. Aunque quizás después agregue un breve epílogo]

- No te enojás si me lo cojo a él también, ¿no?

En ese momento decidí que nunca más volvería a ver a Shabeh. Fui a buscar agua para borrar de mi cara cualquier gesto de bronca o sorpresa. Volví y mientras me vestía le dije que tenía que terminar de ordenar y limpiar el departamento porque al otro día venía el encargado de edificio a inspeccionar el departamento, ya que me iba en unos días. Era mentira, claro, pero ahora que me había movido más allá de su campo de fuerza no toleraba tenerlo cerca. Para que no sospechara que me estaba despidiendo lo acompañé hasta la parada. El colectivo llegó, nos abrazamos como siempre y volvió a decirme:

- No te molesta si me lo cojo, ¿no? Si vos me decís que no me lo coja no lo hago. A mí me interesás vos, no él. Nosotros dos tenemos que seguir juntos y vos lo sabés.
- Te doy permiso para que te lo cojas y para que hagas lo que quieras. Lo único que te digo es que si mencionás una vez más a Rajul, por cualquier motivo, no me ves más.

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El pakistaní, parte 9

16 de Agosto del 2006

- Yo que vos no le prestaría demasiada atención. No es el primer musulmán pakistaní con el que tengo este tipo de problemas – dijo la voz de Rajul en el teléfono.
- Pero explicame qué pasó.
- Es muy largo de explicar, te tendría que contar toda la historia del conflicto entre indios y pakistaníes y ahí entenderías. Pasar, no pasó mucho. Charlamos, le conté que estudié en el Indian Institute of Technology de Bombay y ya ahí se puso medio a la defensiva, porque el IIT es muy conocido y en Pakistán no tienen buenas universidades. Le pregunté que había estudiado él y me dijo que Administración y yo entonces le conté que estaba preparándome para entrar en Stanford a hacer un MBA y me dijo que eso no servía para nada.
- Vos también pavoneándote con tus credenciales…
- Sí, por eso cambié de tema. Pero cada tema que tocaba era peor, porque decía cosas medio incoherentes y esperaba que yo estuviera de acuerdo.
- ¿Te la pasaste peleando todo el viaje?
- No, pero hay cosas que son medio difíciles de tragar.
- ¿Cómo qué?
- El dice que es persa, no pakistaní. Te lo resumo diciendo que habla del imperio persa como si todavía existiera y dice cosas odiosas todo el tiempo. Dice que el urdu es superior al hindi, que el hindi es un lenguaje degradado y cosas así, que no tienen ni pie ni cabeza pero que las dice como si fueran ley.

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El pakistaní, parte 8

11 de Agosto del 2006

El viernes a las siete y media sonó el timbre del departamento: era Shabeh cargando un bolso gigante. Rajul nos pasaría a buscar en el auto a las ocho. Nos duchamos juntos, rápido y me vestí en cinco minutos. Shabeh, mientras, extraía prendas de vestir de su bolso como si fueran palomas de una galera sin fondo y las extendía sobre el sofá. Dos musculosas, tres remeras, tres camisas; dos jeans, uno más claro que el otro y un pantalón de tela negro; un par de borceguíes, un par de zapatos y un par de zapatillas azules con rayas anaranjadas.

Se puso el jean más oscuro, un borceguí en un pie y una zapatilla en el otro y una de las musculosas. “¿Qué te parece?”, dijo, mientras desfilaba por el pasillo que va de la cocina al baño, giró, se metió el pulgar en el bolsillo del jean, torció la boca y puso cara de galán de cine noir. Me parecía bien y se lo dije, pero se sacó toda la ropa y volvió a probar una combinación distinta.

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El pakistaní, parte 7

10 de Agosto del 2006

Al día siguiente esperé su llamado, pero no llamó. A la noche me fabriqué un perfil nuevo en el chat y me quedé esperando que apareciera, pero no apareció. Me costó dormirme, Shabeh me obsesionaba y no entendía del todo por qué: apenas lo había visto dos veces, no habíamos hablado demasiado y el sexo había sido torpe y apresurado. Había un bonus de énfasis en sus gestos y en sus palabras, un subrayado teatral que me forzaba a responder con una pirueta aun más acrobática. Con Shabeh siempre estaba jugando una final, nunca un amistoso; con Shabeh siempre estaba batiéndome a duelo: dos caballeros medievales con lanzas larguísimas que se acercan hacia su colisión final a toda velocidad subidos a sus monociclos. Al principio confundí esa expectación con calentura pero ahora la calentura se había retirado para ser reemplazada por una inquietud más llana pero no menos intensa. Lo de Shabeh no era enamoramiento, ni calentura, ni química alquímica. Operaba en mi cabeza con la intermitencia R.E.M. de una obsesión cutánea, si iba en busca de la picazón para rascarla la multiplicaba en otros pliegues, la esparcía hasta confundirla con la extensión completa de mi lucidez. Simultáneamente con este diagnóstico automedicado llegaba la certeza de la duración de esta invasión de hormigas marcianas en el hormiguero de mi conciencia: en 15 días me iba a San Francisco y la cosa se terminaba.

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Mariano va a la Rural

3 de Agosto del 2006

No suelo tener invitados especiales en el blog pero hoy hay razones de fuerza mayor: la mejor crónica de una visita a la Rural la escribió Mariano (me la pasó Ricardo) y va acá tal cual la recibí hoy. Gracias Mariano.

holas queridos corderos pat agonicos

el finde estuve en la rural la gran rural argentina dios carne argentina. luego de esperar que niños desciendan, me subi a un tractor y a una cosechadora, eso es! y asi se hace!

vacas salamines maquinas gordos minas quesito vinito sombrero choripanes de cinco peso, policias enamorados de sus canes, galpones rellenos de jaulas rellenas de gallinas, gallos que cantan a oscuras, palomas, conejos, canarios, gallinas suaves del japón, jamón, vacas premiadas, descalificadas o simplemente olvidadas, caballos hermosos, patos, patos gigantes, que lindas las llamas, ovejas, chanchos limpios con olor, cabra’, vino, pavos reales y republicanos, insecticidas, camperas oxford de campesino a la inglesa, carpincho hecho bota cinto portamate, fui obsequiado con un porongo entrerrriano que estoy curando, probé vinorgánico aceitunas lomito quesito me subi a un tractor y a una cosechadora. mucha gente mucho clon mucha achura por la sangre mucha cara hinchada de campero rosado incomodo con las vacas incomodas y estanciero parecido al otro misma campera oxford y otra vez carpincho looopeado. y la familia argentina. todas. los de departamento acariciando vacas desde el alambre llamas conejos sapos: todo lo tocan y acarician, muy dulces. familia bien, tapado de piel gorro gaucho para dama bien rural, la nena el nene como el padre el padre campera oxford bota carpincho y algo celestito, los cuidadores de animales rigurosa babucha boina mate y un aire monje budista suelto en hollybud, las chicas lindas
promocionan y las otras pasean. y ponchos. y plateria y provincias hechas stands de camionetas tractores cosechadoras gigantes cual jurassic, fargo paty formosa el tractorcito david “straight story” lynch jujuy ford campeón peón eon on n.

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