El pakistaní, parte 6
28 de Julio del 2006
La carrocería del ómnibus torció arriba en la colina hinchada, se detuvo, abrió sus puertas, expulsó dos figuras sobre el terraplén y volvió a deslizarse convertida en un punto azul en el mapa satelital interactivo. Subieron apenas siguiendo el sendero que bordea la calle, cruzaron y descendieron ya del otro lado, hacia el parque trasero, espeso de árboles, del que surgen como rayos de cemento los cuatro edificios. Él señalaba los carteles, extendía el brazo hacia lo lejos, hacia el gimnasio, el estadio de football, el río. Introdujo la llave y empujó con el hombro, la mezcla de olores lo trajo otra vez: curry, ajo, cebolla. La nube de todo esto, pensó, pero no dijo nada. Señaló la escalera, subieron, introdujo la llave en otra puerta, el pestillo saltó del otro lado, empujó con el hombro, sostuvo la puerta y lo dejó pasar. El sofá y la televisión recostada fue lo primero que vio, a la izquierda; la mesada de la cocina, vacía, la heladera, a la derecha; y él señalando el pasillo, hacia el fondo. Le ofreció algo para tomar, solo tengo agua, aclaró. El dijo que agua estaba bien. Dónde, preguntó. La última habitación, respondió. Caminaron con los vasos de agua uno detrás del otro hasta la última puerta, enfrente del espejo. Las miradas se cruzaron en el espejo y la puerta se cerró. Giró la varilla de plástico y algunos puntos de luz aparecieron entre las persianas, sin atraversarlas, como si se hubieran detenido un segundo sobre las láminas metálicas antes de seguir camino. Cerró la puerta corrediza que hacía de ropero, cerró los cajones que habían quedado abiertos, los del modular de fórmica y luego los del escritorio. Le señaló la cama para que se sentara. Se arrodilló en el piso y abrió el último cajón, que recién había cerrado, debajo de las carpetas tanteó los forros y el pomo de lubricante. No los sacó, volvió a cerrar el cajón. Prendió la lámpara sobre el escritorio y la giró hacia la pared, para asfixiar la luz.
El otro se había levantado de la cama. Estaba quitándose el pulóver, que arrastró la remera hacia arriba, se rió de espaldas y aprovechó para sacarse la remera también. Volvió hacia la cama y la hebilla del cinturón titiló. Él buscó la almohada bajo la colcha y la acomodó transversal, contra la pared. Se quitó un zapato empujando con la punta del otro, y el otro empujando con la punta del pie, después las medias. Se dio cuenta que todavía no se habían besado. Se inclinó sobre él que ya había recostado la nuca sobre la almohada y descubría las estrellas adhesivas del techo. Se inclinó sobre él y lo besó. Los labios tardaron unos segundos en abrirse, y se pegaron apenas entre sí, antes de que la lengua abriera. Tengo que poner música porque las paredes son delgadas, dijo, y se levantó. Buscó un cd, Enigma, cantos gregorianos, sexo, beats, enigma, pensó: música para coger sí. Volvió a los labios y ahora estaban húmedos y el agua dentro del vaso se mecía apenas ahí sobre el escritorio.
Apoyó los labios en los labios y la mano debajo del ombligo, para sentirle respirar el vientre y la boca al mismo tiempo, como comprobando que la respiración no mentía. Decí treinta y tres, pensó, y la lengua tocó los dientes y se olvidó. El aliento era con gusto como a pistacho atrás o lejos. El vientre estaba rasurado, no pudo evitar deslizar la mano para sentir la fricción. El brazo de él pasó torpemente por atrás, le buscó ahora la base de la espalda. Vos también sacate. Se sacó y volvió y ahora la otra lengua se vino con el pistacho y se fue el gusto y vino otra cosa, la atención en los huecos y en lo tibio y en la mano. Abrió apenas los ojos y el pecho de él estaba ahí abajo, abierto y firme, torció la boca y la cabeza simulando otro frente de entrada para la lengua pero en realidad quería ver la tetilla y el contorno.
Cerró los ojos de nuevo y cruzó la pierna por encima de él, se despegó de su boca y se sentó arriba. Sonrió y lo miró entero, a los ojos. Él se pasó la lengua por los labios como en el restaurant con el ketchup de las papafritas. Amagó a entrelazar las manos y llevarlas detrás de su nuca para que el pecho viniera, pero él lo tomó de las muñecas y las apartó en cruz y se rió y apoyó el pecho contra el de él. Forcejearon y se respiraron. La mano bajó por detrás y se metió dentro del pantalón y del calzoncillo y entre los cachetes apenas. La mano bajó desde el pecho y hasta la hebilla que no se desprendía hasta que hubo que desenredarse y mientras fue hasta el escritorio a beber un sorbo de agua.
Cuando volvió solo había que bajar el cierre y buscar la pija dura con la mano. Es chica, la puta que lo parió, pensó, los huevos más o menos, pero la pija ni siquiera es gruesa, esta tenía que ser la única parte promedio de este tipo, hasta acá llegó el safari. Él había cerrado los ojos y respiraba lento mientras le lengua le lamía el pezón y bajaba, se salteaba apenas el abdomen rasurado y besaba la pija por encima de la tela del calzoncillo, la sacaba, chupaba y después sí. Olor que no es pistacho, un olor casi limpio pero que no es jabón.
Dame un forro que me voy a acabar. Este tipo no se pajea, pensó. Abrió el cajón, sacó el pomo de lubricante y un forro, rompió el envoltorio, se lo alcanzó apenas con el plástico rasgado en una punta. El lubricante no hacía falta porque la pija era chica, pero ahora que lo tenía en la mano había que usarlo, el pomo ya estaba por la mitad y entonces por qué no esta vez. Apretó para que haga ruido, se lubricó, lubricó el forro mientras se lo estiraba hasta la base. En qué posición será mejor, pensó, pero no hizo falta porque el otro ya había decidido y embestido y las manos en los costados de la cadera y la respiración. Los fuck yeah. El también eco del fuck yeah y se acordó de aquella vez cuando fue a Buenos Aires de vacaciones y cogió y se le escapó el fuck yeah en ese telo de la calle Anchorena y se suspendió todo ahí mismo, por las carcajadas y después ya no hubo onda.
Fuck yeah y debería estar de frente con este tipo que tiene esos brazos y ese pecho y esa cara, aunque seguro es otra cara pero si transpira es todavía mejor, pensó. Fuck oh fuck oh fuck oh fuck y recae. No te muevas, quedate quieto así un segundo, el nudito en el látex, dámelo que lo tiro. El baño es acá, sí entrá que te doy una toalla, ¿querés ducharte? No, dame una toallita chica. Él mientras va con los dos vasos a la heladera a llenarlos de agua otra vez y cuando vuelve le alcanza uno y le dice ya vuelvo y se da una ducha y sale con la toalla atada a la cintura, secándose. El otro no se vistió, qué raro, piensa. Busca el calzoncillo y no lo encuentra, ¿vos viste mi calzoncillo?, vení, dice él, va, y lo besa otra vez, le agarra la mano y se la apoya en la pija que está dura como si nunca se hubiera ablandado. Está sonriendo, piensa, mientras se cruzan la lengua, ¿no se le bajó o se pajeó mientras me bañaba?, se pregunta. No sé si tengo ganas de coger otra vez, ya me duché, pero le quiero ver la cara.
Ahora más lento, el que se había dejado hacer ahora muerde, y vuelve a la boca con una violencia que se expande y se acomoda, me vas a tener que echar para que no te siga dando, dice. Y él lo va a echar pero no ahora, después, después de verle la cara en el centro mientras empuja y de verle el pecho borroso pero tenso, de aferrarse de la cintura y sonreír y que él sonría porque esta vez va en serio. Pajeate y avisame cuando estás por acabar, dice, así acabamos juntos. Y él no cree en esa mística de la sincronía, en esos efectos mariposa y en esos últimos tangos, pero no es cuestión de fe sino de alguna otra cosa.
Voy a acabar dice, acatando, porque quiere ver qué pasa, esa ceremonia de más, como esas comuniones solo para que te den plata, tiene curiosidad y él tampoco cree pero ahí está, quitándose el forro de un tirón y con un chasquido ridículo y pajéandose y mirándolo a los ojos. Se frena un segundo y se tira el pelo hacia atrás, el pelo negrísimo y transpirado, y lo espera y acaban. Se tira sobre la cama riéndose, volviendo al aliento.
Él va hacia la pileta del baño y piensa que se le están por acabar las toallas, que dos veces en tan poco tiempo es como anular, es como dos tiramisús seguidos con la lengua pegada de café, tiene que haber espacio entre renglones sino no se lee, piensa. No se enoja sino que piensa qué significa eso de apilar en el canasto, qué significa para el de allá en la cama, no le está probando nada, no es una purga ni una exhibición.
Cuando vuelven a la cama otra vez y esta vez sin bañarse y secándose la transpiración con toallitas de papel, todavía tiene la pija parada. Qué lástima que sea chica, piensa. Pero ni siquiera sabe si tiene sentido coger todo el día, bajar al nivel viral o celular y festejar con chispazos eternos de magiclic andá a saber que plenilunio.
Sabe, de todas maneras, que lo va a echar ahora y él se va a sonreír, esta vez maliciosamente, de frente, como si hubiera ganado. Va a tardar en vestirse, va a guardar la pija todavía parada en el calzoncillo y la va a inclinar primero hacia la derecha y luego hacia la izquierda, oblicua. Se va a ajustar el cinturón y va a meterse un segundo el dedo en el ombligo, buscando transpiración o pelusa. Va a atravesar el cuello de la remera con la cabeza y luego va a dejar que la remera se le abrace al pecho y a los bíceps. Va a tomar lo que queda del agua en el vaso con un gesto de propaganda de coca cola es así. No va a decir nada, ni a, ni b, ni c, ni te llamo mañana, ni vos tenés mi número, llamame, ni nos hablamos. Se va a ir sin mirar para atrás pero sabiendo que él sabe que él se va sonriendo, otra vez pero con una sonrisa distinta a todas las otras esta vez.
Por Xtian Rodriguez
inesperado, preciso, friamente calculado, sin fallo alguno, expertamente expuesto.
en espera de una respuesta impensada, la historia finalmente tomo su camino. excelente. a big hug. ::maino::
Que buen disco eligió (MCMXC A.D. [1990], de Enigma). Mezzanine de Massive Attack tampoco hubiera estado mal.
No comento nada sobre la importancia del “tamaño” porque no quiero generar polémica… pero, en fin…
El relato estuvo excelente, terminó como tenía que terminar… o no terminó?
“Se va a ir sin mirar para atrás pero sabiendo que él sabe que él se va sonriendo, otra vez pero con una sonrisa distinta a todas las otras esta vez.” ¿Porqué una sonrisa distinta a todas las otras, qué la hace distinta?
Saludos.
Rosarioso, desde Rosario, cuna de la bandera y de los travestis albañiles despedidos por putos.
Impecable como siempre
Es un placer leerlo….
delicioso… como siempre
Excelente, casi un analisis forense, con lujo de detalles, uno no solo seimagina la situacion, sino los pequeños detalles que hacen la historia.
Muy bueno señor.
muy bueno! la adjetivación, la forma de escribir… todo. excelente. hace mucho que leo lo que subís, pero nunca me animé a escribirte algo!
saludos
aGu
“…y festejar con chispazos eternos de magiclic andá a saber que plenilunio”.
Excelente.
Admito que, al estar escrito en tercera persona, me costó bastante trabajo entender e imaginar quién es quien.
Buen relato, exitante y fluído. Felicidades.
Me sorprendió el cambio de ritmo. La primera vez me pareció frío, como escrito con un bisturí. Me mareó tanto lo impersonal que (confieso) tuve que ir al final del capítulo anterior para enganchar dónde corno transcurría la acción. Lo leí de vuelta, y las fichas fueron acomodándose.
“esa ceremonia de más, como esas comuniones solo para que te den plata”
Esa frase hace que valga la pena pagar la banda ancha del mes. Hacía mucho que no leía algo que resumiera tanto.
Abrazo,
Alfredo
no puedo evitar pensar que al día siguiente te lo encontraste en la heladería… es que la escena final, es como para dejar todo hasta ahí,pero y si la vida no entiende que el final es perfecto donde está?
Rosarioso: despedido? mierda! fuerza… es pa´decirte algo…
me encantó. me hizo acordar a un relato de vera land en la decáda del 90, que nunca volví a leer. En un punto de la cogida, el ritual de los cuerpos se vuelve tan complejo que vera frena para preguntarle al lector ¿me seguís?. en tu caso, te super seguimos
abrazo
Gracias pal por tu solidaridad, pero no fui yo el despedido, soy un oso machote al que no le quedarían bien la peluca y los tacos jajaja, estaba haciendo alusión a esta noticia que tuvo mucha repercusión en mi ciudad, también la difundieron Crónica y otros medios de Buenos Aires.
La próxima vez que escriba un guiño de este tipo, pongo el link directamente así todos entienden.
Saludos.
Rosarioso, desde Rosario (a secas).
rosarioso, hice el ridículo solidario… enfín, ahora veo el link y me informo, claro que presiento que mi solidaridad le va a servir lo mismo a este que a ti te hubiera servido… todo sea por poner distancia con los “bestie planete”…