El pakistaní, parte 5
22 de Julio del 2006
[Quinta entrega de la historia que empezó acá]
Tengo la bolsita de plástico en la mano con el sandwich de pollo adentro, y tengo a Shabeh en el rabillo de mi ojo derecho mientras camino por la vereda con el viento en la cara. Yo no dije nada, él no dijo nada y sin embargo estamos caminando hacia la parada de taxis. El que me sigue es él mientras lo guío hacia el taxi que nos llevará hasta Busch campus, hasta mi habitación, hasta mi cama. Pero no, a media cuadra de la parada Shabeh dice: “Mejor sentémonos ahí en el pasto y charlemos un rato.” El truco del sándwich no funcionó. Nos sentamos en el pasto. Miramos pasar los autos y la gente. Shabeh se saca el pulóver a pesar de que hace frío y se lo acomoda sobre la falda como si quisiera calentarse las piernas. La noche avanza, las cosas cambian de granularidad y los contornos se borronean. Lo mismo pasa con nuestra conversación, se licúa, se evapora, se condensa y nos llueve en los oídos, como gotas pegajosas, como granizo de goma espuma:
es raro estar lejos
no sé si es lejos o no
cuando yo era chico me encantaban los semáforos, me quedaba mirándolos y esperaba que se quemara la lamparita cuando los estaba mirando pero nunca pasó, es más nunca vi a alguien cambiando la lamparita de un semáforo
no, yo cuando era chico pensaba que había que viajar a la luna de noche, porque de día la luna no está, eso pensaba
si te morís, quién te imaginás que va a llorar más, no digo quién va a sufrir más, sino quién va a llorar más, y no digo quién va a demostrar más, o sea quién va a llorar más a los gritos o con mocos, sino a quién va gastar más líquido en lágrimas, entendés
ves ese auto de ahí, yo tengo un sueño en el que viajo en un auto muy parecido, pero cada vez que sueño el auto tiene un color distinto
alguna vez te dio asco besar a alguien, a mí una vez
yo cuando pienso en mi futuro veo muy claro las cosas en cinco años o algo así, pero no puedo saber que va a pasar en seis meses, es como si en realidad yo fuera muy parecido ahora al que voy a ser en cinco años, pero no tengo nada en común con el que voy a ser en seis meses, entendés
Pasa más de una hora y Shabeh se levanta, se ata el sweater a la cintura, y yo pienso “Mirá vos, los musulmanes también se atan los pulóveres a la cintura”. Me pide que lo acompañe hasta la estación. No sé como despedirlo, no puedo darle un beso en la mejilla, tampoco corresponde que le de la mano. Por suerte cuando llega el tren el que me abraza es él. Me abraza cuando el tren empieza a frenar y se queda ahí, abrazándome una eternidad, más de veinte segundos seguro, treinta y cinco o cuarenta por lo menos, hasta que el tren frena y la gente sube. A último momento me suelta y con un salto se mete en el tren.
Vuelvo a casa, tiro el sándwich a la basura, me acuesto en la cama y me pajeo. Enseguida me salta la leche sobre el estómago y el pecho. Me quedo mirando el techo, dormito un rato, las líneas de luz que se cuelan por la persiana me dan sueño. Me toco el abdomen, está áspero porque la leche se secó y se me pegaron todos los pelos. Me pajeo de nuevo, acabo, me levanto y me limpio en la pileta del lavatorio así nomás. Prendo la computadora y me meto en el chat. Me quedo esperando que aparezca Shabeh. Pasa una hora y no aparece. Abro las fotos que me mandó por email y las acomodo en la pantalla para que se vean todas. Me pajeo otra vez mirando las fotos, pero casi no me sale leche. Me meto en la ducha, me acuesto en la bañera y dejo que la lluvia me caiga sobre la cara y los ojos. Trato de pajearme de nuevo pero no se me para. Salgo de la bañera, me seco y me miro al espejo, tengo los ojos rojos.
A las 3 de la tarde del día siguiente suena el teléfono y es Shabeh.
- ¿Todo bien?
- Sí, todo bien, ¿vos? ¿Ya te comiste la mitad del sandwich de pollo?
- No, lo tiré ayer apenas llegué.
- Me imaginé.
- ¿Te imaginaste? ¿Te imaginaste qué?
- Me imaginé muchas cosas, entre ellas que no te ibas a comer el sandwich.
- ¿Qué otras cosas te imaginaste?
- Mirá, no me pasa muy seguido pero ayer estaba muy caliente. Me calentás mucho.
- Ah, yo pensé que no tenías interés y que…
- Se me paraba la pija todo el tiempo y no sabía como esconderla. Por eso te dije de sentarnos en el pasto y me tuve que tapar con el pulóver. Se hacía tarde pero me quedé charlando estupideces porque no se me bajaba más.
- Entonces, ¿cuándo nos vemos?
- Hoy si querés, pero esta vez es directamente para coger.
- Bueno, es difícil ubicarse en el campus, si querés te mando un mapita por email y te explico como llegar.
- No, vení a buscarme a las cinco a la estación de New Brunswick y de ahí nos vamos a tu casa.
A las cinco en punto lo encuentro frente a las escaleras de la estación. Caminamos casi sin hablar, el colectivo viene pronto, por suerte, subimos y nos sentamos en el asiento del fondo, seguimos sin hablar. Es un silencio incómodo pero no se me ocurre nada para decir que no suene ridículo o inoportuno. Está todo escrito y lo único que hay que hacer es leer hasta el final del párrafo.
Por Xtian Rodriguez
guau.. me mataste con lo de: “está todo escrito y lo único que hay que hacer es leer hasta el final del párrafo”… me encanta la sencillez en la explicación que le otorgás al texto… sigo esperando tus novedades casi a diario… saludos desde el “westside” de buenos aires… valga la comparación…
los heterosexuales tenemos la tendencia a creer que hasta en las parejas homosexuales existe esa repartición de roles hombre-mujer… este h+h=h² me asombra siempre de nuevo… claro, ya se que esto principalmente es un relato y no tu autobiografía, pero que quieres me fascina la claridad del deseo sexual que a mi me parece más fácil de encontrar en el h²… me alegra que al final hayan terminado tirando… y de alguna manera creo que hay parte 6…
Esto se está poniendo cada vez mejor…
Es habitual que uno piense que el otro no tuvo onda cuando sí tuvo (o viceversa), o sino que uno piense que todo va marchando bien y el otro desaparezca de repente, o también que alguien reaparezca de la nada, con una excusa inentendible. Navegamos en un mar de incertidumbres, sin ningún faro que nos oriente.
Ahora nos comunicamos mediante SMS, MSN, mensajes a través de páginas de contactos, e-mail, chat, etc., pero la comunicación era más efectiva cuando el cavernícola le pegaba con un garrote en la cabeza a su eventual pareja (hombre o mujer che, que siempre hubo de todo en este mundo) y l@ arrastraba hasta la caverna para tener sexo, sexo salvaje, sexo sin vueltas, hasta saciarse y quedar rendido.
Por otra parte, qué bien describís ese silencio incómodo que se produce cuando tenés que compartir un trayecto largo con alguien que vas a coger y no lo conocés bien, en ese momento las palabras pueden ser tan inoportunas que conviene callarse.
Espero ansioso la parte 6, 7…
Rosarioso, desde Rosario, cuna de la bandera argentina y del inminente tren bala a Buenos Aires.
clima… es increible el modo en que manejas el clima del relato… gracias…
Tienes una capacidad literaria increíble; empezar a leerte es no poder dejar de hacerlo.
Todo lo relatas de una manera tan sencilla pero sin que se escape nada escencial, el ambiente, la situación, los personajes. Me encanta leerte, muchas gracias.
Fargok.
Creo que, como comentaba pal, en las relaciones hombre-hombre hay mas claridad en expresar los deseos sexuales y hay mas habilidad de separar lo que es sexual y lo que no.
El otro dia vi un documental sobre los muelles en el West Village de Manhattan en los an~os 70 (se llama “Gay sex in the ’70s”) y uno de los entrevistados decia que tener sexo con alguien era una manera de romper el hielo buenisima y que despues de coger con alguien la conversacion fluye mucho mejor.
Hola!! Buena la historia!! Espero la parte 6, respeto al comentario de ej, esa manera me parece muy atractiva para romper el hielo, pero no te parece que es un poco incomoda cuando no conoces muy bien a la otra persona!!