El pakistaní, parte 6

28 de Julio del 2006

La carrocería del ómnibus torció arriba en la colina hinchada, se detuvo, abrió sus puertas, expulsó dos figuras sobre el terraplén y volvió a deslizarse convertida en un punto azul en el mapa satelital interactivo. Subieron apenas siguiendo el sendero que bordea la calle, cruzaron y descendieron ya del otro lado, hacia el parque trasero, espeso de árboles, del que surgen como rayos de cemento los cuatro edificios. Él señalaba los carteles, extendía el brazo hacia lo lejos, hacia el gimnasio, el estadio de football, el río. Introdujo la llave y empujó con el hombro, la mezcla de olores lo trajo otra vez: curry, ajo, cebolla. La nube de todo esto, pensó, pero no dijo nada. Señaló la escalera, subieron, introdujo la llave en otra puerta, el pestillo saltó del otro lado, empujó con el hombro, sostuvo la puerta y lo dejó pasar. El sofá y la televisión recostada fue lo primero que vio, a la izquierda; la mesada de la cocina, vacía, la heladera, a la derecha; y él señalando el pasillo, hacia el fondo. Le ofreció algo para tomar, solo tengo agua, aclaró. El dijo que agua estaba bien. Dónde, preguntó. La última habitación, respondió. Caminaron con los vasos de agua uno detrás del otro hasta la última puerta, enfrente del espejo. Las miradas se cruzaron en el espejo y la puerta se cerró.

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Piel

24 de Julio del 2006

[Julio de 2005, Buenos Aires. Son las 5.20 AM y me estoy durmiendo, así que este texto lo publico sin revisar ni corregir]

Es el resoplido de un gran animal mecánico, metálico, un búfalo, todo de hierro, de 20 metros de altura, erguido entre los edificios, las patas firmes sobre avenida Santa Fé, llega hasta la esquina de Bulnes, se detiene un segundo y sus ojos de luz roja titilan un segundo, se decide a doblar hacia la derecha, derriba a su paso el semáforo de la esquina, corta los cables del alumbrado público con el pecho de escamas metálicas filosas y camina hasta mitad de cuadra, respirando un humo verde por los orificios perfectamente circulares de la nariz, un humo verde venenoso y caliente, y ahora se detiene un segundo y se inclina sobre la ventana de mi dormitorio, la luz roja de sus ojos centellea y las rayas rojas de luz se vuelcan sobre mi cama, sobre el parqué, las paredes y los estantes de los libros, y el bufido entrecortado, rítmico, metálico, mecánico entra también a la habitación.

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El pakistaní, parte 5

22 de Julio del 2006

[Quinta entrega de la historia que empezó acá]

Tengo la bolsita de plástico en la mano con el sandwich de pollo adentro, y tengo a Shabeh en el rabillo de mi ojo derecho mientras camino por la vereda con el viento en la cara. Yo no dije nada, él no dijo nada y sin embargo estamos caminando hacia la parada de taxis. El que me sigue es él mientras lo guío hacia el taxi que nos llevará hasta Busch campus, hasta mi habitación, hasta mi cama. Pero no, a media cuadra de la parada Shabeh dice: “Mejor sentémonos ahí en el pasto y charlemos un rato.”

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Backstage

7 de Julio del 2006

Hay cosas que no entran en puto y aparte. Lo que no entra va a parar a algún email que me mando a mí mismo y que después pierdo. O sea, no va a parar a ningún lado, se diluye.

Decidí entonces armar una página con posts chiquitos, autoreferenciales, irrelevante. Es decir: decidí abrir un blog. Está acá.

http://www.putoyaparte.com/backstage

Aclaración: Puto y aparte sigue vivo, y en unos días se viene la quinta parte de El Pakistaní.

Spiedo

1 de Julio del 2006

Se terminó el mundial y en la ciudad y en mí hay una tristeza nueva. Hoy me quedé todo el día mirando esa tristeza como si fuera un pollo cocinándose al spiedo: gira sobre sí misma, muestra sus redondeces, se va dorando, muestra sus huesos escondidos, se vuelve transparente, chorrea su líquido pegajoso, se vuelve un holograma, se agrieta y se vuelve carne otra vez.