El pakistaní, parte 4
20 de Junio del 2006
Mientras camino esa media cuadra evalúo mi situación: estoy en alerta naranja, las luces titilan, las pantallas se llenan de mensajes indescifrables, el beep doppler de los radares barre el horizonte lleno de amenazas. No sirve que intente convencerme que no hay nada en juego, y que si esto realmente es un juego, no es el TEG 2, es la casita robada. El restaurant me tranquiliza porque no arriesga: ni muy fino ni muy fast food, ni la luz quirúrgica de los tubos fluorescentes ni las velitas íntimas y aromatizadas, ni fu, ni fa. El menú: promedio de sopas, ensaladas, sandwichs, hamburguesas, pastas y omelettes. Tengo ganas de pedir la hamburguesa terminator, pero me acuerdo de la montaña de papafritas chorreada de queso fundido y me decido por un sandwich de pollo con queso. Pido que le agreguen panceta pero contrarresto la osadía pidiendo que reemplacen los aros de cebolla por ensalada verde. Shabeh pide la hamburguesa jurásica doble con una porción de papafritas y un agregado de aros de cebolla y ketchup, mucho ketchup, por favor. Para tomar: yo, una coca light, él nada, agua de la canilla, bueno, yo también agua por ahora, después cualquier cosa te pido una gaseosa cuando venga la hamburguesa. Nos avisan que la hamburguesa tarda unos 20 minutos porque es jurásica y doble. No te hagas problema, tenemos tiempo, dice Shabeh. El “tenemos tiempo” lo dice en cámara lenta mientras se inclina sobre la mesa, apoya el codo y adopta la posición del pensador de Rodin, pero mirando al mozo. Pareciera que el nosotros de “tenemos tiempo” son el mozo y Shabeh, no Shabeh y yo.
Casita robada, pienso, mientras saco un grisín de la canastita del centro de la mesa y lo hundo en el queso crema. Le pregunto de dónde es. Islamabad. ¿Cuánto hace que está en Estados Unidos? 3 años. ¿Y yo? Yo soy de Buenos Aires, hace 2 años que estoy en Estados Unidos, estoy becado en Rutgers, estudiando un masters en ciencias de la computación, en realidad acabo de terminarlo y me voy a San Francisco en dos semanas a probar suerte con el boom puntocom. Una moza nos llena los vasos de agua. Shabeh saca una pequeña cantimplora de la mochila. ¿Si no tomás el elixir perdés los superpoderes?, pregunto. No debería haber dicho elixir, ni siquiera sé si la palabra existe en inglés, pero casi seguro que sí, esas palabras existen en todos los idiomas. No, es un batido de proteínas, tengo que tomar esto todo el día, contesta. Ah, los pectorales, pienso, los pectorales que se le marcaban hace un ratito cuando le colgaba la tira del bolso. Pero ya vas a ver que sí tengo superpoderes, agrega, mientras se mete el pompón de queso crema de la punta del grisín en la boca. ¿Vi bien y eso fue un leve gesto de succión antes de que llegara el audio de la mordida? El mozo nos trae una canastita llena. ¿Y acá que hacés? Empezó a estudiar computación, como yo, en Minnesota, pero después se cambió a administración y no terminó. Ahora trabaja en la empresa en la que su hermana es jefa de personal. Me pregunta si soy católico. No, le contesto. ¿De alguna otra religión? No, de ninguna. Yo soy musulmán, dice. ¿Hay vida gay en Pakistán?, le pregunto. No debería haberle preguntado eso, pero imaginármelo reclinándose rítmicamente hacia la meca me dispara la pregunta en forma refleja. Hay una playa a la que van todos los hombres, contesta. Mejor no pregunto más. Otro mozo viene a llenarnos los vasos de agua, estoy tomando mucha agua y comiendo muchos grisines. Shabeh le agradece y vuelve a usar la cámara lenta y alguna otra escultura, esta vez renacentista.
Me vuelve a invadir el sentimiento de inminencia, de que hay algo que está pasando sin que me de cuenta, de que tengo que ampliar esta foto hasta que el bulto oscuro al costado se convierta en lo que realmente es. Miro alrededor, a las otras mesas. Travelling y zoom: las caras, las sillas, la mesa, las canastitas, los vasos. Nada raro, todos esperan la comida como nosotros. Pero sí, ahora lo veo, hay algo distinto: el gesto de impaciencia de los viejos de la mesa de al lado. Giro hacia el otro lado y el gesto se repite en los ocupantes de la otra mesa, dos chicas góticas. Vuelvo a recorrer lentamente el contenido de las mesas. Lo encontré: las canastas están vacías y los vasos casi. Los mozos están ignorando las mesas vecinas, como si un campo gravitatorio potentísimo los atrayera inevitablemente hacia nosotros. A nuestra mesa la atienden dos mozos y una moza, nos llenan los vasos cuando todavía no se vaciaron y comemos grisines de dos canastitas, una llena y la otra a medio llenar.
Quiero coger. Quiero irme a San Francisco. Pero primero quiero coger con este tipo que chupa ahora del pico de la cantimplora. Su nuez de Adán se mueve como un pistón, tiene los ojos entrecerrados, como si mirara para adentro. Los mozos siguen girando alrededor como planetas, lentos y esclavos. La pechuga de pollo se termina de dorar en la parrilla en la cocina y las gotas de grasa de la hamburguesa se deslizan en fila por las ranuras de hierro negro. Tengo que coger con este tipo.
- ¿Ya decidiste cuál? - le pregunto.
- ¿Cuál qué?
- Cual mozo te vas a coger. Yo tengo forros, si necesitás, avisame.
- Hace rato que decidí.
El agua fría me atraviesa la garganta. A través del vidrio curvo del vaso veo todo claro. Voy a comer solamente la mitad del sandwich de pollo y voy a pedir que me envuelvan la otra mitad. De esa manera a Shabeh no se le va a ocurrir que vayamos a un bar después de salir del restaurant: no puedo ir con una bolsita de comida a un bar. El sandwich de pollo que necesita heladera va a funcionar como excusa para volver rápido a casa, para saltearse cualquier dilación.
Por Xtian Rodriguez
Te digo 3 cosas: ex, ce, lente.
A lo que dijo santxo, por ahí agregaría esto: !
que gusto das
f
Básico. Sugerente.
Porqué sería que el centro gravitatorio del restaurant pasaba por ahí?
Saludos.
Rosarioso, desde Rosario, cuna de la Bandera, en un 20 de junio completamente embanderado.
pertenecer tiene sus privilegios? me encantaria que una de esas dos chicas goticas escriba como vos y poder seguir esa historia. mientras tanto sigo con tu blog. muy bueno.
Cautivante
Ay pibe, cada vez más intriga!
Si conoceré esa angustia de las preliminares… to fuck or not to fuck. Pero una vez manejada la angustia, hasta se llegan a disfrutar esos momentos, incluso con la negativa.
Por la envergadura que adquiere este relato creo que obtendrás la positiva.
Muy bueno, como de costumbre, y ansioso de seguir leyendo mas! un placer que hays vuelto y que sigas asi, enganchandonos cada semana.
He de decir Xtian que este recreo parece haber renovado su creatividad (o capacidad de editar). La temperatura de la historia sube a ritmo acelerado y las descripciones son deliciosas. Tambien he de preguntar…que pasa con la gramatica?
“contraresto” = contrarresto
“Minessotta” = Minnesota (te salio una mezcla con Massachusetts)
Ya se, soy un hinchapelotas.
nene, es mortal la espera, pero mas desespera el desenlace… un abrazote
He saltado por todos lados en tus blogs… son angustiantes… estás lleno de historias, ideas, cosas, opiniones… tengo la sensación de que nunca podré leerlo todo… me gustaría, creo…
De esta historia leí esta última parte y hasta que no termines de contar no leeré el principio… obligas a tomar desiciones. Sigue nomás.
increible descripcion de atmosfera en 1197 caracteres!!! sos un genio!!!
esta bien buena la historiaaaaaaaaaaa x fin regresaste =) felicidades desde mexico
ke vibre mexico¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Simplemente genial,
genial y genial.
Muy bueno. Espero los próximos episodios.
Solo pase a saludar.
dale, dale.. esta muy bueno.. y aquí seguimos esperanod el final