Cabral

29 de Diciembre del 2005

(Por las dudas, para los que no conocen la marcha de San Lorenzo, acá está)

Lo de Cabral fue en tercer grado. La idea fue de la maestra: armar una especie de videoclip de la marcha de San Lorenzo. En eso, la señorita Mecha fue avant-garde, inventando el videoclip mucho antes de la era MTV. Yo quería ser San Martín pero Miguel Ángel se me adelantó y era inútil pelear esa bastalla perdida: él era el favorito de la maestra. Así que audicioné para el papel de Cabral y lo conseguí (le dije a la maestra que en gimnasia era muy bueno y que me caía muy bien al piso, una habilidad esencial para representar la muerte de soldados alcanzados por las balas de los fusiles o el filo de los sables). Juanjo sería el soldado realista que me mataría clavándome una espada por la espalda. Sí, una espada en vez de un sable, porque Juanjo insistió en usar una espada que colgaba de la pared del living de su casa, una imitación de una verdadera, pero de hojalata. No tenía filo casi, pero igual había que tener cuidado: ensayamos la estocada traicionera muchas veces, hasta que aprendí a detectar el toquecito en la columna, apenas arriba de la cintura, que marcaría mi final.

Llegó el día del acto. El traje de granadero me quedaba chico (mi mamá lo metió en el lavarropas con el agua caliente) y hacía un frío tremendo (debajo del uniforme almidonado llevaba dos pulóveres). La señorita Noemí distribuyó los sables de cartón (qué bronca, Juanjo siempre tenía que sobresalir con su sable brillante y Miguel Ángel lo mismo, era el único que había alquilado traje, claro, como era San Martín…). Se escuchó a la señorita Noemí anunciar nuestro número y después la fritura de la púa contra el disco y los primeros acordes rimbombantes de la marcha. El sol de flecos de papel crepé subió por detrás nuestro (once granaderos más San Martín), escondidos detrás de una silueta del convento de cartón. Se escuchó la corneta que sopló la maestra contra el micrófono y San Martín levantó su espada y y señaló el centro del patio. Los quince realistas avanzaron marchando desde el otro lado del patio. Como no había viento Germán movía la bandera roja enemiga con lentitud de un lado al otro (indicación de la maestra: “Germán, tiene que FLAMEAR, vos concentrate en eso”).

Comienza la batalla, es hora de escribir nuestra página mejor, lástima que casi no me puedo mover con esta porquería de uniforme. Le dije a mi vieja que me alquile un traje, pero esperó hasta último momento y cuando fuimos a la casita de Pringles donde te alquilan solo quedaba uno de soldado camuflado que no daba con la época. Por eso tuve que usar el que nos dio el colegio, que era para chicos de segundo grado y yo encima soy más grande de espalda. Ya me la vi venir cuando mi vieja me dijo que no respirara mientras me cerraba los botones de adelante. Se río cuando vio que las mangas me quedaban cortísimas y lo solucionó agregando unas muñequeras de papel amarillas, que encima no tienen nada que ver (eso de las muñequeras con volados es para mayordomos, no para soldados, eso en una batalla se te engancha).

Se acelera la música, está por llegar mi parte. Estamos todos un poco nerviosos, me doy cuenta porque la batalla está más violenta que en los ensayos. Ya se doblaron un par de las espadas porque se nos está yendo la mano con el espadeo. Y encima una vez que se te dobla la espada es un papelón (eso de que se te dobla no lo habíamos ensayado, indicación de la señorita: “Tiene que ser lo más real posible la batalla, pero no se saquen un ojo”). Y lo de real ahora hace que algunos medio forcejeen, se agarren de la ropa y se revuelquen en el piso (eso no lo habíamos ensayado, esto ya parece titanes en el ring). Tengo a dos enfrente con los que espadeo justo en el momento en que tengo que cubrirme de gloria. A uno le clavo la espada en el estomago (bueno, se me desvió un poco y se la clavé más abajo, en la zona prohibida), pero el otro, Leandro, me sigue peleando como si nada.

Lo que pasa es que el pibe con el que él tenía que pelear durante todo el final de la canción ya fue al piso desde el principio porque apenas intento espadear se quedó con el mango de la espada en la mano (indicación de la maestra: “si se quedan sin enemigo, improvisen”). Así que Leandro no me deja en paz. Y yo tengo que morir asesinado por la espalda, no puedo morir espadeando con Germán, que me espadea de frente. Llega la parte de su vida rinde haciéndose inmortal y yo ya debería estar camino al piso, pero Juanjo todavía no me clavó nada. Dónde está Juanjo? Giro y lo veo. Lo dejo a Leandro espadeando solo y me voy para el costado haciéndome el tarado. “Che nene, dale, clavame el sable”, le digo. “Ya te lo clavé como cinco veces”, me responde, molesto, mientras espadea con otros dos.

No hay tiempo: se viene el honor, honor al gran Cabral. Me agarro el pecho con las manos, tuerzo la boca por el dolor, levanto la mirada hacia el cielo, quiebro las rodillas, siento las costuras del pantalón ceder en los muslos. Caigo al piso, como fulminado por un rayo invisible. La carcajada es unánime y se extiende varios segundos después de terminada la canción.

La señorita Noemí tiene que esperar varios segundos para que se calmen las risas y poder anunciar el próximo número. Cuando finalmente logra hacerse escuchar anuncia: “Los chicos de tercero B acaban de interpretar una nueva versión de este importante hecho histórico. Las batallas en esa época eran muy estresantes y parece que Cabral murió de un síncope”.



16 Comentarios en “Cabral”

  1. Benciclo | 29/12/2005 a las 18:16:08

    Existe el verbo “audicionar”?

  2. Valeria | 29/12/2005 a las 23:54:25

    A veces pienso que la vida adulta se parece bastante a un acto escolar: improvisación casi permanente sobre un guión semidirigido. El problema que tengo es que no sé bien quién juega el papel de la maestra y sus comentarios ad hoc.

    Woody Allen? Petinatto? Wainraich?
    (Sólo espero que no sea Mirtha Legrand).

  3. Mainosan | 29/12/2005 a las 10:36:56

    como siempre xtian, un placer tus relatos de vida… buen año man!! y que todo salga como esperas.. desde el gba oeste…

  4. Rosarioso | 29/12/2005 a las 15:50:04

    En jerga cibernáutica, esto es un comment off topic?

    Feliz Año Nuevo Xtian !!!!

    Y que en el 2006 tengas mucho material nuevo, real e imaginario, que inspire tus textos !!!

    Rosarioso, desde Rosario cuna de la Bandera y de las muertes fulminantes heróicas.

  5. Palabres errantes | 29/12/2005 a las 21:50:51

    El mejor relato de San Lorenzo jamás leído.
    Gracias por la risa que brota leyéndote.
    Buen año, muy buen año!!!
    Brindo por haberte encontrado en la blogosfera.
    Beso
    Pasala bien
    M.

  6. Marie | 29/12/2005 a las 15:16:56

    Pareciera que la vida en ocasiones no es sino un error de traducción o de interpretación… en fin.
    Te deseo lo mejor para el 2006, un fuerte abrazo y un besote desde estas tierras.

  7. pattyce | 29/12/2005 a las 18:20:50

    clap, clap clap, y de pie!!
    así sí me gustaría aprender historia argentina.
    “Che nene, dale, clavame el sable”, le digo. “Ya te lo clavé como cinco veces”
    tan largo el sable y al pedo. ;D

    Feliz 2006!

  8. Iván | 29/12/2005 a las 21:34:35

    Qué cruel que puede ser la infancia… un saludo muy grande y feliz año!

  9. Negra Murguera | 29/12/2005 a las 21:08:29

    Y yo casi me muero de una mezcla de risa+ternura.

  10. Javier Roca | 29/12/2005 a las 16:03:24

    Feliz año!!! Por un año más de amistad, está muy bueno este relato, lo impactante que te acuerdes esas cosas de tanto tiempo atrás, yo ni idea!!!

  11. Turca | 29/12/2005 a las 22:07:48

    Lo leí el día q posteaste, sé q te dejé mi comentario, pero también sé q en casa fueron días de mucha locura (cumpleaños de hija de 6 en medio de la navidad y el año nuevo, imagináte).
    Se q te decía q me hiciste reir hasta dolerme la cara, como con “La mano Gay…”
    Bueno, ahora mi hijito de casi dos años está destruyéndole a la hermana “El país de las sirenas”, así q te dejo.
    (Mierda, debería estar haciendo ésto de madrugada cuando todos duermen, sorry)

    Gracias por esas sensaciones.

  12. Maestruli | 29/12/2005 a las 23:00:30

    Jajaja, muy bueno!

    Me hiciste acordar que yo hice de San Marti’n una vez en la escuela, aunque los detalles se me borran (yo era el bucho’n de la clase por supuesto, abanderado, muy bien 10 felicitado y todo eso).

    So’lo recuerdo unas espuelas de plata (de hojalata) que se las teni’a que dar a alguien.

    Besos del Maestruli.

  13. Caro | 29/12/2005 a las 17:15:11

    Xtian:
    Tenés una capacidad increíble para contar, simple, sensible y divertido hasta la carcajada. Que cuento más lindo. Me hizo acordar que en primer grado, entre los actos propuestos, me habían elegido como el hada madrina de Pinocho pero… a ultimo momento se cayó un Parchis del musical de cierre y como me daba maña con los pasitos terminé bailando “parchis chis chis…” entregando la posta mágica a otra afortunada. Y Tino ni siquiera me gustaba… que desilución… Aguante Cabral!
    Ya le agarré la mano al blog y lo disfruto mucho.
    Un saludo
    Caro
    (la mosca incomprendida)

  14. Ross | 29/12/2005 a las 22:11:09

    Me encantó, me reí un montón, es muy divertida y escribís bien, che. Me alegra mucho encontrar cosas así.
    Ross

  15. gaby | 29/12/2005 a las 03:57:57

    soy entre varias cosas maestra de Plástica y detesto los actos estereotipados, donde lo que importa es que los nenes estén pintaditos, disfrazados y los padres emocionados , me gusta esta versión escolar

  16. Johann.- | 29/12/2005 a las 08:13:33

    Me hiciste reir mucho Xtian y me recordaste un par de actos nuestros, eramos muy bestias también, jajajaja!

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