Brindis 2006

31 de Diciembre del 2005

Gracias a todos los que me acompañaron durante el 2005. Y cuando hablo de acompañar hablo de ustedes, lectores. Leer es una de las formas más lindas de acompañar y hoy, último dìa de este año, me siento acompañado y compañero (de ruta).

Acá les mando un brindis que acabo de improvisar en 3 minutos de locutorio lleno de ruido y humo de cigarrillos. Me lo pidió la gente de Kaputt, pero creo que llegué tarde con mi respuesta al pedido, así que lo incluyo acá.

Por un 2006 lleno de enlaces entrantes y salientes,
de ventanas desplegables y emergentes,
de feroces sonidos envolventes,
de planetaria conciencia inteligente…

¡de carne caliente sin permitidos conservantes!
¡de aire nuevo sin sahumerios aromantizantes!
¡de caras desnudas sin tímidos turbantes!
¡de vida fizz, transparente y burbujeante!

Xtian
desde Mar del Plata

Cabral

29 de Diciembre del 2005

(Por las dudas, para los que no conocen la marcha de San Lorenzo, acá está)

Lo de Cabral fue en tercer grado. La idea fue de la maestra: armar una especie de videoclip de la marcha de San Lorenzo. En eso, la señorita Mecha fue avant-garde, inventando el videoclip mucho antes de la era MTV. Yo quería ser San Martín pero Miguel Ángel se me adelantó y era inútil pelear esa bastalla perdida: él era el favorito de la maestra. Así que audicioné para el papel de Cabral y lo conseguí (le dije a la maestra que en gimnasia era muy bueno y que me caía muy bien al piso, una habilidad esencial para representar la muerte de soldados alcanzados por las balas de los fusiles o el filo de los sables).

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we love mardel: 28-12-05, 5:20 PM

28 de Diciembre del 2005

El hotel se llama Kings pero no hay señales de cortinados de terciopelo, ni de pajes, ni de arlequines, ni de protocolo. Será para reyes en el exilio, para monarcas que fueron destronados por plebes reivindicadoras y decidieron huir al anonimato de una habitación a 28 pesos la noche. Ya por teléfono me había parecido sospechoso. “Te doy la habitación interna”, me dijo el conserje, “son 28 pesos por noche”. Quise saber cuál era la definición de interna: “¿Tiene ventanas?”. “Sí, una ventana grande.” El tamaño, como siempre, no es lo único que importa. “¿Entra luz?” “Si, da a un pulmón interno.” Todo respecto a esta habitación parecía ser interno. Me estaba yendo a un internado.

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we love mardel: 28-12-05, 5:50 AM

28 de Diciembre del 2005

Me duelen los ojos y las uñas. Las uñas porque no paré de mordérmelas durante el viaje en colectivo. Los ojos por la luz del cielo nublado detrás del vidrio del café - pizzas - comidas rápidas al que vine a hacer tiempo hasta las diez y media, hora en la que estará lista la habitación del hotel. Todavía no son las seis y las medialunas frescas llegan a las seis y media. Eso le explica el mozo al viejo de la mesa de al lado. Mejor pido una pizza chica y una pepsi light. El aire acondicionado me pega en la espalda, el del micro me pegó en el pecho. Volvió el mozo y me avisó que cerraron la cocina y que solo salen pizzas de cuatro porciones. ¿Cómo es eso de que la cocina se cierra a las seis? ¿Quién decidió que no se puede almorzar a las seis y diez y que sí se puede cenar a las seis menos diez?

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we love mardel: disparo de largada

28 de Diciembre del 2005

Por unos días este blog se muda a la costa. Ese tránsito también lo mueve y lo desenfoca: por unos días será una crónica al tuntún con los colores chillones de una tarjeta postal barata. Así se termina el año y así golpean las olas y el viento y el frío del mar.

Así son los amores ridículos. We love mardel.

Marcos, tercera (y última) parte

27 de Diciembre del 2005

Marcos me agarra del brazo y me coloca frente a él. Me mira a los ojos y me besa con fuerza, como si inflara una burbuja de energía que lo va a proteger del cuadrúpedo que se acerca gateando por la alfombra, apenas visible en la penumbra de la habitación que huele a sahumerio de manzana verde. El tipo se desliza lentamente con la cabeza baja, atravesando una por una las líneas de luz que se cuelan por las ranuras de la persiana.

La boca de Marcos tiene gusto a cigarrillo mezclado con tictacs de Mentol y su lengua está quieta. Se nota que el beso es una manera de esconderse, de volverse invisible hasta que se aleje el tipo que está arrodillado, esperando. Lo abrazo y abro los ojos. Los de él también están abiertos y parpadean a milímetros de los míos, las pestañas se tocan. Uno de los tictacs pasa de su boca a la mía. Se ríe sin dejar de besarme.

- Ustedes dos vengan conmigo al baño – ordena Tiago.

La orden es para el que tengo arrodillado a mis pies y el que está tirado boca abajo en la cama: ambos salen por una puerta ubicada al costado del televisor. El tercero (el que está vestido de mecánico) aparece con una botella de whisky y un baldecito con hielo, se sirve en un vaso, agrega dos cubitos, agarra el control remoto y se tira en la cama a mirar la película porno.

- Vos también vení, puto. Y traé a tu amo.

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Marcos, segunda parte

20 de Diciembre del 2005

[Segunda parte de esta historia]

Al otro día me despierta el teléfono. Marcos mira el reloj (son la 13.30), y se tapa la cara con la almohada. Contesto.

- ¿Querés venir a ver una orgía con mis esclavos? Son tres, la casa queda en Colegiales – dice Tiago, mi amigo taxi-boy en el teléfono.
- No, Tiago, estoy con Marcos.
- Ah, bueno, vos te lo perdés. Chau.

Apenas corto se me ocurre que quizás podría ir con Marcos. Pero mejor no, hace menos de quince días que salimos, y estamos bien, si subo el fuego de la hornalla puedo terminar con el omelette pegado en el teflón, o peor, como un dibujito animado carbonizado, con los pelos negros y parados, parpadeando a cámara y sosteniendo una sartén que humea marca ACME, después de la explosión que hizo volar todo por los aires.

- ¿Quién era? – pregunta Marcos.
- Tiago, mi amigo taxi, me invitó a una sesión de sadomasoquismo que va a tener con tres esclavos. ¿Querés que vayamos?
- ¿Vos querés ir?
- Y… yo que sé, el día está feo, sino vamos a terminar dando vueltas en el Alto Palermo.
- Yo te hago la segunda si querés.

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Proyectos para el 2006

14 de Diciembre del 2005

(este post se autodestruirá pronto, apenas cumpla su cometido)

Se termina el 2005 y se viene el 2006 y decidí encararlo con dos nuevos proyectos. El primero es armar un libro a partir de este blog. Todavía no sé cómo: cómo armar la selección, cómo conectar los textos, etcétera, y quizás el algún momento les pida alguna opinión al respecto. No, no tengo editor todavía, de última me compraré un mimeógrafo, anillaré las copias y las repartiré en Florida.

El segundo proyecto es un weblog grupal con 4 amigas mías. Todavía está en pañales pero la idea me entusiasma muchísimo y creo que va a ser un hit. No sé si un greatest hit, pero sí un tamaño medium. Y acá viene el mangazo: si hay algún diseñador web que quiera colaborar armando un lindo template, avisen. La idea no es hacer guita, sino armar algo bien copado que lea mucha gente y que nos divierta a todos los que lo hacemos.

Aprovecho este post burocrático para agradecerles a todos por estar ahí y leer. Sigo sorprendiéndome de que haya gente que lee estos posts extensos y enredados hasta el final…

Marcos, primera parte

13 de Diciembre del 2005

[Buenos Aires, diciembre de 2005]

La película me está poniendo nervioso. Se trata de un hombre que parece transparente pero que esconde un lado opaco, que finalmente resulta ser negro; de unos hombres vestidos de negro metidos en una limusina negra, que vienen a traer lo siniestro; de lo siniestro y como se transmite viralmente, como viaja en el aire y se mete en las casas y en la sangre.

No sé si debería agarrar a Marcos de la mano. Es la primera vez que vamos juntos al cine, las veces anteriores nos vimos en casa o en algún bar subterráneo. El cine nos resulta familiar (porque está oscuro) y extraño (porque hay dos chicas comiendo pochochos en la butaca de al lado). Tengo ganas de que el que me agarre de la mano sea él. Termina la película y no nos tocamos.

Subimos las escaleras mecánicas y salimos por la puerta principal, la que da a la pared del cementerio de la Recoleta. Hay mucha gente yendo y viniendo, son las 11 de la noche del viernes. Frente a mí, a unos seis metros, hay un pibe pelado de unos quince años, está vestido con una remera negra, pantalones negros y borceguíes. Cuando lo miro él ya me está mirando y la mirada corta como una navaja. Tiene los brazos muy pálidos, no sé por qué me fijo en eso, la luz del neón exagera el contraste entre el blanco de la carne de los bíceps y el negro de la manga de la remera. Vuelvo a los ojos: la mirada no es de levante, es otra cosa que no sé que es.

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Esquivar y desaparecer

6 de Diciembre del 2005

Lo que más me gustaba en esa época era esquivar y desaparecer. Es decir, el delegado y la escondida. Me había obsesionado con el delegado y practicaba los movimientos de esquive solo, en mi casa, frente al espejo del comedor. Como los pibes del barrio se aburrían después de 15 minutos de intentar “quemarme”, tuve que inventar variaciones que abreviaran el tiempo de juego: el delegado con dos pelotas o el “vale tirar a la cabeza” (la versión standard solo permitía pegar el pelotazo debajo de la cintura). Igual se aburrían y preferían ir a la esquina de Rioja a tirarle cascotazos a los colectivos. Un día diseñé un delegado con 5 pelotas de distintos colores, 8 zonas de juego y 20 jugadores. Las reglas eran complicadísimas: me pasé 2 horas explicándolas, hasta que alguien señaló que los que nos juntábamos en la esquina éramos a lo sumo 8 y que solamente teníamos dos pelotas. Esa tarde nos fuimos a la esquina de Rioja a tirarle piedrazos al colectivo y a la cortina de chapa de la fábrica de pastas. A mí no me parecía divertido. La cortina de chapa no se movía, no intentaba esquivar las piedras, así que ¿cuál era la gracia? Lo mismo con el colectivo: ¿qué tenía de interesante tirarle piedrazos a la carrocería inmensa de un colectivo que frenaba en la esquina porque tenía parada? La gracia era, aparentemente, esconderse detrás de los autos estacionados para ver salir al sereno del local en pijama, atontando y jurando a los gritos que nos iba a matar a todos. O escuchar la puteada del colectivero asegurando que nos iba a denunciar a la policía.

Fue en ese momento que se me ocurrió la idea: ya que a los pibes les gustaba tirar piedrazos y a mí esquivarlos, inventaría un juego que combinaría las dos cosas. Funcionaba así: alguien gritaba “¡ya!” y yo empezaba a correr. Los demás contaban hasta 7 y se largaban a correr detrás mío tirándome piedras. Cada “tirador” tenía 10 piedras y debía intentar acertar en el blanco (yo) la mayor cantidad de veces antes de que diéramos la vuelta a la manzana. No valía tirar a la cabeza. Aprendí a zigzaguear, a usar los árboles de la vereda como escudos y a desorientar a mis perseguidores cruzando la calle entre los autos en movimiento. Pero se aburrieron pronto y tuve que inventar un sistema de premios. El que más piedrazos embocaba se llevaba 5 figuritas. Se volvieron a aburrir: a los pocos días el incentivo ya no era suficiente. Y tuve que empezar a regalar 2 figuritas y 2 bolitas por piedrazo acertado. La diversión duró hasta que sufrí una bancarrota de figuritas y bolitas.

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