Glup

29 de Septiembre del 2005

Sí, escribieron mal mi nombre (es Christian o Xtian, no Cristian, ni Cristián). Sí, citaron una de mis frases más bolú. Sí, dicen el nombre de todos los demás weblogs, pero no se animaron a poner el del mío.

Pero sí, parece que ese que mencionan en esta nota de Clarín, soy yo, nomás.

El texto que escribí para la Mesa Redonda en el Rojas

21 de Septiembre del 2005

A continuación el texto que leí hoy en la Mesa Redonda sobre weblogs organizada por Guillermo Piro. Agradezco a los que asistieron y al resto de los panelistas. Un gustazo.

Blogs, por qué, para qué

Empecemos con un recuerdo. Es agosto del año 2000, es verano en San Francisco, es sábado. 2 de la tarde. Me invitaron a un cumpleaños de alguien que no conocía del todo bien. No sé por que fui, pero si sé que el sol blanco de las 2 de la tarde caía en picada sobre un patio y un jardín donde se cocinaba una barbacoa. Había unas 30 personas, de las que sólo conocía a 2 o 3 de vista. Los salude desde lejos inclinando la cabeza y sonriendo. Después me dediqué a boyar de grupito en grupito, quedándome unos minutos en cada uno. El cumpleaños estaba bastante aburrido, los perros calientes tardaban en salir de la parrilla y el sol de las 2 de la tarde me empezaba a picar en los brazos y en la el cuello, como pican pican los mosquitos, con bastante disimulo. Estábamos todos un poco incómodos, un poco atontados y con mucho hambre. Fue en ese momento que apareció él. Bermudas naranja flúo, camisa de gasa, lentes de contacto de color celeste y un sombrero de paja. “Me llamo René” - se presentó. “Al menos no soy el único gay en esta fiesta de mierda” - pensé. Si te llamás René, hay solamente dos opciones: sos gay o sos uno de los muppets. El grupo lo recibió con una serie de “holas” mecánicos y murmurados. Siguieron unos pocos unos pocos minutos tensos, en silencio, no sé cuántos, quizás 2. Un silencio apenas interrumpido por el ruido del pan entre los dientes o el de un encendedor prendiendo un cigarrillo. Hasta que se escuchó a René carraspear y decir: “Bueno, hablemos de mí que es un tema fascinante”.

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Mañana martes, Mesa Redonda en el Rojas

19 de Septiembre del 2005

El martes que viene formaré parte de una mesa redonda en el Centro Cultural Ricardo Rojas. ¿El tema? “Blogs, ¿por qué, para qué?” ¿La hora? 18.30. ¿La dirección? Corrientes 2038.

Algunos me preguntaron de qué se trata la cosa. La verdad que no lo sé: he estado en varias camas redondas pero nunca en una mesa redonda. Me pidieron (y también a los otros panelistas) que escriba algo para leer (10 páginas como máximo, a espacio y medio, unos 10 minutitos de lectura). Después de eso supongo que se debatirá, los asistentes harán preguntas y se redondeará la mesa redonda.

No sé muy bien que escribir porque lo mío no es la teoría, ni las hipótesis, ni el análisis, pero algo saldrá. Están todos invitados, tengan o no weblog (mi mamá va a asistir y no tiene blog y no sabe lo que es un blog y no sabe que este blog es así de genial y genital y cenital, así que shhhhh). Y por supuesto, acérquense a saludar si tienen ganas, así les veo las caripelas y la cosa es, al menos por dos horas, un poco menos pixelada.

A continuación el cronograma completo:

Ciclo de mesas redondas en el Centro Cultural Ricardo Rojas (Corrientes 2038)
Blogs, ¿por qué, para qué?

20 Y 21 DE SEPTIEMBRE DE 2005

20 DE SEPTIEMBRE 18.30
EL PARADIGMA DE LO INDIVIDUAL
Edgardo Balduccio - Santos y Demonios
Christian Rodríguez - Puto y aparte
Omar Genovese - Tiempo de descuento
Juan Pablo Pinasco - Juan de Mairena

20 DE SEPTIEMBRE 20.30
ESCRITURA E HISTERIA
Daniel Massei - Póstumos
Irina Garbatzky - La chica irónica
Beatriz Vignoli - Existir apenas levemente
Paula Pampin - La culpa es mía

21 DE SEPTIEMBRE 19.30
NUEVAS TENDENCIAS
Mariano Amartino - Denken Über
Julián Gallo - Mirá!
Gustavo Romano - Pocketlog

Update: el link al cronograma del Rojas está acá.

Mensaje enviado

13 de Septiembre del 2005

Mis viejos se fueron al sur. Y aprendieron, parece, a usar los mensajes de texto de sus celulares. El primer mensaje llegó anteayer a las 11 pm. Busqué a tientas el celular en la oscuridad fría de mi habitación.

“ESTAMOS.BIEN.BESOS.MAMA”.

La primer palabra que llegó desde el firmamento celular del planeta de mis padres fue “ESTAMOS”. Me dormí pensando que eso es lo que quiero de mis viejos, que estén.

A las 5 am llegó el segundo:

“Aqui recien aparece el sol, la vista es espectacular, tenemos una ventana balcon frente al lago a metros, el agua es un espejo”.

Ese es mi viejo. Casi todo es un espejo si te le ponés enfrente.

Más tarde, el tercer mensaje:

“Como.estas.besos.mama”.

Mi vieja aprendió a usar las minúsculas, pero no los espacios. Y firma todos sus mensajes.

Un poco más tarde, el último:

“Estamos en el cerro Bayo a 1500 mts, mucha nieve y gente esquiando, sol, hermoso dia, besos.”

A los 35 años y a 1500 metros de altura, donde calienta el sol y el agua es un espejo, la comunicación con mis viejos es por primera vez posible. Y alcanza con 100 caracteres.

Hermoso. Día.

Llueve otra vez

8 de Septiembre del 2005

[San Francisco, California, año 2000]

Mike en la fotito de la ventanita del chat: la cara adentro de ese cuadrado que le queda chico, la cara como si se asomara, como si abriera la escotilla de cubierta y le mostrara la cara a la intemperie salada, como si empujara la nariz hacia adelante para respirar de nuevo, como un preso que asoma la cara entre los barrotes y las sombras. Ya intenté casi todo y nada funcionó: tomemos un café, vamos al cine, a qué gimnasio vas, ¿querés coger?

Y de pronto sí quiere coger. “En 20 minutos estoy en tu casa”.

20 minutos para ordenar la habitación, cambiar las sábanas, abrir las ventanas para ventilar, apilar los libros en una sola torre para que haya espacio al pie de la cama.

Listo.

Me lavo los dientes. Y los buches de líquido mentolado. Me saco la remera, el short, el calzoncillo, abro la puerta del ropero y me observo desnudo. Los pelos bajan enredados de las tetillas al estómago y de ahí al pubis. Saco la afeitadora del botiquín, me quedan 5 minutos. Me alcanza con 5 minutos para afeitarme. Afeito la tetilla izquierda, lentamente, bajo hacia el estómago, rasuro el lado izquierdo, bajo hacia la ingle y recorto y emprolijo. Me miro los huevos con un espejo, no hace falta retocar nada ahí. ¿El culo? Mejor no me arriesgo, no me puedo ver bien. La afeitadora ronronea cansada y se apaga.

Se acabaron las pilas. Y no tengo otras. Las del control remoto no sirven, las de la radio no sirven, son de otro tamaño. Me quedan 3 minutos. Me miro al espejo: en vez de bicolor, como Charly García, represento la unidad de los opuestos que postuló Heráclito: lo peludo y lo rasurado, la jungla y la estepa, el yin y el yang capilar. Soy uno de esos avisos que en el diario promocionan tratamientos anticalvicie: el antes y el después, llame ya.

¿Tengo tiempo de correr hasta el kiosco para comprar pilas? No, porque suena el timbre. Es Mike recortado en la mirilla de la puerta, otra vez asomándose. Me pongo una remera y un boxer y apago las luces. Dejo apenas la luz de la pantalla de la computadora volcándose sobre la cama.

Hola. Un beso en la mejilla. Me apreta el hombro. Yo también. “¿Me puedo dar una ducha rápida?, vengo del gym”, dice. “Sí, dale, te alcanzo una toalla”, digo. Hubiera preferido los besos, la lengua, la mano que busca la pija a través del jogging y recién entonces la interrupción: “estoy medio transpirado, ¿me dejás darme una ducha?”. Pero no.

“Vení, duchate conmigo”, invita. Duchate conmigo, duchate ya. No hay forma de esquivar la luz del baño. Me desnudo y me meto en la bañera de espaldas. Me agarra la cabeza con las dos manos, me la moja, me la enjabona, me la enjuaga, me hace girar y me besa. El beso tiene gusto a agua. Me refrega el pecho con el jabón, me hace cosquillas.

“¿Y esto?”
“Me estaba afeitando justo cuando llegaste y se me acabaron las pilas.”

El agua le chorrea sobre la cara y le borronea la sonrisa incrédula.

“Las pilas alcalinas ya no vienen como antes”, agrego.

Se ríe. Nos reímos. Junta agua en la boca y me escupe un chorrito en la cara:

“Mirá que he visto cosas raras, pero esto nunca”.

El sexo es breve y eléctrico como un chaparrón de verano. A los 20 minutos se va. Se vuelve a meter en la mirilla de la puerta y se va. Se va y nunca más lo vuelvo a ver.

Al día siguiente me empieza a picar el pecho, no del lado del corazón, sino del otro.