La entrevista

26 de Marzo del 2005

[Abril de 2003, Piscataway , New Jersey]

Es un papel celeste, con letras grandes:

¿Querés desarrollar tus capacidades de liderazgo?
¿Te sentís capacitado para contribuir al bienestar de la comunidad de estudiantes de doctorado?
¿Querés interactuar con estudiantes como vos, de todos los países del mundo?
¿Te gusta organizar actividades de recreación grupales?

Si contestaste sí a todo lo anterior, seguí leyendo, que hay más:

¿Sabías que trabajando sólo 10 horas semanales podés ahorrarte el dinero del alquiler de tu alojamiento? ¿Y además recibír un salario adicional mensual de 120 dólares? ¿Y qué, aunque te parezca increíble, también tenés el privilegio de elegir a tus compañeros de vivienda?

Sí, parece increíble, pero es verdad: la Oficina de Alojamiento y Recreación de la Universidad seleccionará tres nuevos encargados de edificio para el semestre de primavera. ¡Es tu oportunidad! ¡Envianos tu currículum ya!

La oferta parece caída del cielo, no porque me interese el liderazgo, la organización de eventos, ni la fraternidad internacional, sino porque necesito los casi 600 dólares que me ahorraría todos los meses. La posibilidad de elegir a mis compañeros de vivienda es un plus para nada despreciable: hace 4 años que convivo con indios, chinos, checoslovacos, turcos y portorriqueños con distintos niveles de destreza e interés por la higiene hogareña y el aseo personal. Siento que llegó el momento de exiliarme a una comarca inmaculada, lejos del sarro indeleble de la pileta de la cocina, del cachetazo fétido del olor a pis del baño y de las cajas de pizza vacías apiladas en la puerta de entrada.

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No se puede parar la música

19 de Marzo del 2005

[19 de Marzo de 2005, 5.16 AM, Palermo, Buenos Aires.

Este weblog comenzó con un texto críptico, que seguramente nadie entendió del todo. Esa misma historia vuelve ahora para cerrar su propio ciclo y clausurarse. Andá a saber por qué.

Este texto está dedicado, por supuesto, a Pablo.]

A pesar de que llego cuarenta minutos antes de que empiece la función, ya hay media cuadra de cola. Las puertas del cine están cerradas y por eso la fila serpentea hasta doblar la esquina. Saco la entrada y, mientras busco el final de la cola, echo una mirada a la gente que espera, con la esperanza de encontrar algún conocido, pero no encuentro a nadie. Lo que sí encuentro entre la multidud es 2 policías, 4 cowboys, 6 indios y 1 albañil.

No sé muy bien por qué se me ocurrió venir a ver “No se puede parar la música” al cine del Castro. No soy muy fanático del sing-a-long (proyección de una película musical en la que el público asiste vestido como los personajes del film y acompaña las canciones), ni de los Village People, ni de este tipo de eventos camp-retro. Se me ocurre que quizás sea un puro regodeo melancólico: “You can´t stop the music” me trae de vuelta a Tato Bores en patines, al “burúm bum bum, burúm bum bum, este es el hincha de Camerún” del mundial 78, a los primeros televisores color en las vidrieras y a esos meses en que mi papá viajó a Italia y mi mamá me dejó dormir con ella en la cama.
Recién cuando me siento en mi butaca me doy cuenta de que casi no hay mujeres en la sala. Salvo un grupito de 10 adolescentes ruidosos a mi derecha, el resto del público es masculino, gay y de más de 30 años. Hay un par de chicas con unas pelucas afro inmensas que reparten porras, sombreros, matracas y bolsitas de papel picado entre los concurrentes. Todo está listo para el carnaval carioca.

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Mi marciano favorito (primera parte)

16 de Marzo del 2005

[Palermo, Buenos Aires, Febrero - Marzo de 2005]

Lo primero que me llamó la atención de Andrés fue su pelo negrísimo.

- ¿Hace mucho que esperás? – le pregunté, para romper el hielo.
- No.

Dijo nada más que “No” y se quedó mirándome. Ahí que fue noté el pelo negrísimo. O quizás no fuera tan negro, pero le nacía demasiado abajo en la frente y eso le daba a la mirada un aire franco y ausente a la vez.

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