H.L. Mencken: Sobre el estilo

17 de Diciembre del 2004

Salvo una o dos excepciones, los libros que tratan el tema del estilo de prosa en inglés pertenecen a autores que no saben escribir. El tema parece ejercitar una fascinación especial y siniestra sobre los intelectuales, bucólicos profesores de la universidad y otros seudo literatos. En miles de libros exponen sus deprimentes ideas al respecto y millones de sufrientes estudiantes secundarios tienen que estudiar lo que ellos pregonan. Su meta central es, por supuesto, reducir la cosa a un serie de reglas simples – la pasión poderosa de su orden melancólico, en todo momento y en todo lugar. Aspiran a enseñarlo como si enseñaran bridge, contabilidad o crochet. Y fallan tan ignominiosamente como aquel ateniense legendario que intentó entrenar un regimiento de langostas para que marchen ceremoniosamente en fila. La esencia de un estilo sólido es que no puede ser reducido a reglas – es una cosa viva y que respira, con algo de demoníaco – que calza en su propietario ajustada y cómodamente, como su piel. Y es, de hecho, una parte tan integral de su constitución como su piel. Se endurece a medida que sus arterias se endurecen. Es fanfarrón cuando su dueño es joven y gana decoro a medida que envejece. Al día siguiente de seducir a una muchacha late y brilla. Si está bien alimentado, es calmo. Si tiene gastritis, es agrio. En breve, el estilo es siempre el símbolo visible y exterior de un hombre, y no puede ser ninguna otra cosa. El intento de enseñarlo es tan tonto como el de organizar cursos para enseñar a hacer el amor.

La teoría de los catedráticos se basa en una inferencia errónea basada en una observación sensata. La observación sensata es que la gran mayoría de los estudiantes del secundario, cuando intentan exponer sus pensamientos en el papel, producen masas de disparates pueriles y confusos. La inferencia errónea es que la causa de tal calamidad es un equipamiento técnico defectuoso – que pueden ser entrenados para escribir con claridad como un perro puede ser entrenado para caminar sobre sus patas traseras. Se trata de una gran equivocación. Lo que falla no es un equipamiento técnico defectuoso sino un equipamiento natural defectuoso. Escriben mal simplemente porque no pueden pensar con claridad. Y no pueden pensar con claridad simplemente porque no tienen cerebro. Intentar enseñarles es tan inútil como intentar entrenar a un perro con una única pata trasera. Cualquier ser humano que pueda hablar inglés con coherencia tiene todos los materiales necesarios para escribir inglés con claridad, y hasta poéticamente. No hay nada misterioso acerca del inglés escrito; es precisamente el mismo, en esencia, que el lenguaje hablado. Si un hombre puede pensar en inglés, puede encontrar las palabras para expresar sus ideas. Este hecho se comprueba con la excelente prosa que viene muchas veces de gente que se considera “ignorante”. Ese tipo de escritura produce en general poco entusiasmo entre los pedagogos. Su transparencia les despierta desdén profesional, y los ofende el uso de palabras y frases comunes. Prefieren algo más ornamentado y complejo – algo, como seguramente ellos mismo lo definirían, que requiera más pensamiento. Pero el pensamiento que buscan es del tipo que ellos mismo secretan – el pegajoso, recargado e inerte pensamiento que se encuentra en sus propios libros de texto.

No los denuncio porque escriban mal; simplemente señalo el hecho con un espíritu triste y científico. Aún en esas zonas límites del intelecto el estilo replica al hombre. Lo que está presente en la cabeza termina goteando de la punta de la lapicera. Si es champagne burbujeante, la prosa está llena de vida y encanto. Si es estopa, la prosa también lo es. El Dr. Harding (19avo presidente de Estados Unidos), fue un cuidadoso estilista. Practicó la composición asiduamente y fue respetado por los pedagogos de Marion, Ohio como un talentoso. Pero cuando envió un mensaje al Congreso el estilo era tan confuso que el mismo Henry Cabot, un literato de carrera, no pudo entenderlo. ¿Por qué? Simplemente porque los pensamientos del Dr. Harding, en los graves y elevados temas que discutía, eran tan confusos que ni el mismo los entendía. Pero en tópicos ubicados en el dominio de sus preocupaciones diarias era claro y hasta encantador, como todos lo somos. Lo escuché una vez exponer acerca de los alces. Era un tema cercano a su corazón, y lo había examinado con paciencia y amor. El resultado fue un excelente discurso – claro, lógico, energético y con un toque de belleza romántica y salvaje. Sus oraciones se sostenían unas a otras. Empleó palabras sencillas y las enlazó con maestría. Pero luego, en una reunión pública en Washington, cuando intentó una ponencia sobre Dante Alighieri, se volvió tan absurdo y oscuro que hasta los del cuerpo diplomático reprimieron risitas.

Un pedagogo, si encontrara a Harding en clase, le habría sugerido que mejore su vocabulario – es decir, lo habría ayudado a empeorar su escritura. En realidad, ya tenía todo el vocabulario necesario y bastante más. Cualquier idea que pudiera pensar claramente, la habría podido expresar claramente. Cualquier idea que lo conmoviera, la hubría podido revestir de encanto. Pero el estilo no puede ir más allá de las ideas que yacen en su corazón. Si las ideas son claras, el estilo será claro. Si se las sostiene con pasión, serán elocuentes. Intentar enseñar estilo a personas que no pueden pensar, especialmente si tal empresa es encarada por personas que tampoco pueden pensar, es una gran pérdida de tiempo, y una imposición inmoral a los que en este país pagan impuestos. Sería mucho más logico dedicar toda esa energía a enseñar lógica, no redacción – aunque quizás igual de inútil. Porque dudo que el arte de pensar pueda ser enseñado – y mucho menos por maestros de escuela. Porque no se adquiere, es congénito. Algunas personas nacen con eso. Sus ideas fluyen por canales limpios; son capaces de razonar lúcidamente; cuando dicen algo se entiende instantáneamente; cuando escriben algo es claro y persuasivo. Constituyen, en mi opinión, un octavo de un uno por ciento de la raza humana. El resto de los hijos de Dios son tan incapaces de razonar lógicamente como de saltar hasta la luna. Intentar enseñarles es una empresa tan vana como enseñarle a un estreptococo los principios de la democracia. Lo único que se puede hacer con esta gente es hacerlos doctores y mandarlos a que escriban manuales de estilo.

H.L. Mencken
De “Prejuicios: 5ta serie”, 1926, páginas 196-202
(la traducción es mía)



9 Comentarios en “H.L. Mencken: Sobre el estilo”

  1. José Joaquín | 17/12/2004 a las 06:47:45

    Muy bueno. Gracias por postearlo. Vos en algunos comentarios has aludido a la gramática, y hasta Hernán dijo alguna vez que quería tener tu gramática. Pero a lo que te referías era a la lógica, y como dice el texto, cualquiera que la ponga en prática puede escribir.

  2. Cobayo | 17/12/2004 a las 07:51:50

    No lo sé, mi estimado señor Xtian.
    Es mi cabeza de retardado mental, o el discruso que maneja el autor es un tanto elitista; más bien, purista. Es decir, el discurso de los dotados por naturaleza, de los superiores por ley divina.
    Aunque claro, un texto escrito demuestra la forma en cómo fue concebida la idea. Mapas mentales a la más vieja usansa cognositivista.
    Pero no lo sé…
    Y una pregunta más, ¿Sabe cuál es el/la mito/historia de quel ateniense y su ejercito langostino?
    Saludos

  3. José Joaquín | 17/12/2004 a las 14:04:20

    Por cierto, esta vez sí estuvo buena la traducción. Congrats.

  4. Rosarioso | 17/12/2004 a las 16:55:42

    Interesante este artículo, pero por momentos parece que estuviera escrito por un nazi fascista.

    Soy profesor de Comunicación en institutos terciarios, y aunque reconozco el síntoma (”los alumnos escriben mal”), no comparto para nada el diagnóstico de que “escriben mal simplemente porque (…) no tienen cerebro”, y que “el arte de pensar (…) no se adquiere, es congénito.”

    El docente conciente debería preocuparse por estimular al alumno para que tome decisiones por sí mismo, busque soluciones creativas, etc.

    Es decir: que aprenda a pensar. Pero no influir sobre qué tiene que pensar. Una meta difícil, pero posible.

    Nota: Me quedé caliente con el posteo anterior porque lo leí tarde y no creo que nadie lea mi comentario si lo publico en el otro posteo jejeje.

    Me gustan los osos (no chubbies) (PUEDEN ESCRIBIRME) y me parece bárbaro que las personas tengan gustos tan variados. La vida no es un aviso publicitario en el que todos tenemos que aspirar a ser modelos.

    Además, no me parece mal (como a ese chico seropositivo que chorrea resentimientos) que se junten los que tienen los mismos gustos, sean osos, gays mapuches, o fanáticos del beso negro.

    Acá en Rosario desde hace un par de años existe una agrupación de osos, pero nunca me animé a ir (a pesar de ser objeto de mi deseo), porque mis conocidos que han ido “me dijeron que” (qué feo suena eso jajaja) en lugar de osos (masculinos, naturales) encontraron un grupo de gordos maricones que se reunen a comer y criticar a la gente. No tengo coraje para ir a exponerme sin sentido a un grupo al que pintan así…

    Saludos.

    ROSARIOSO, desde Rosario, capital de la Lengua Española por unos días…

  5. PLACEBO | 17/12/2004 a las 17:36:18

    Style: solid

    Tremenda y exacta definición del estilo. Filosa como una hoja de cuchillo recién labrada. Sobre todo los fragmentos resaltados en cursiva. Y las cursivas, justamente, son mías.
    La esencia de un estilo sólido es que no puede ser reducido a reglas &mdas…

  6. Editmesh | 17/12/2004 a las 18:52:46

    Natural el comentario anterior, sobre todo lo de “osos (masculinos, naturales)”… prueba irrefutable de que lo que natura non da, Salamanca non presta.
    A simple vista puede no parecerlo, pero el comentario es mas válido en este post que en el anterior.
    Mencken, me pongo de pie…

  7. Xtian | 17/12/2004 a las 19:04:11

    Cobayo: no se a quien se refiere con esa leyenda. Y estoy de acuerdo, Mencken puede ser horriblemente cruel y elitista. Su prosa es cualquier cosa, menos “liviana” y sus ideas van por el mismo andarivel.

    JJ: quizas la traduccion se beneficio del “permiso” que me di para modificar apenas algunas cositas (vole una oracion que no tenia traduccion sensata por ejemplo). Esto es Mencken traducido por mi, y se nota bastante.

    Rosarioso: creo que terminas diciendo lo que dice Mencken. El habla de que no se puede enseniar “estilo”, de que se puede enseniar logica y organizacion basica de ideas. Yo creo que se puede enseniar a que alguien escriba “bien”, sin florituras y en forma inteligible. Lo que no creo que se pueda enseniar es el “estilo”, el olfato literario, el buen gusto y la capacidad de generar ideas interesantes. Pero si creo que deberia ser posible que alguien escriba una carilla con 3 ideas enlazadas que sea legible y minimamente disfrutable. ESO no lo tiene el 99% de la gente que escribe (emails, cartas, notas, etc) y ESO deberia ser el foco de la ensenianza de redaccion.

    Mencken igual me parece super rescatable. Y me molesta que se conozca Mailer, Capote, Wolfe y este tipo no exista en Argentina. Es sin dudas un escritor crucial y padre de esos tres que nombre y de cualquier periodista que escriba algo interesante en USA. Y puede ser nazi, elitista, repelente, feroz y mucho mas, pero eso mismo demuestra la fuerza de una prosa energetica y que no pide permiso.

    Yo lo uso para desbloquearme. Si estoy vacio de ideas y trabado traduzco unos parrafos de el y le vuelvo a ver el sentido a las cosas y me cargo de impetu. De la misma forma uso a Beethoven, a Neil Finn y a la cancion “Peluca Telefonica”.

  8. Marinita | 17/12/2004 a las 18:14:07

    “Soy profesor de Comunicación en institutos terciarios, y aunque reconozco el síntoma (”los alumnos escriben mal”), no comparto para nada el diagnóstico de que “escriben mal simplemente porque (…) no tienen cerebro”, y que “el arte de pensar (…) no se adquiere, es congénito.” ”
    Coincido con Rosarioso; no se puede sentenciar que la gente es estúpida, y que por eso no aprende…la estupidez es consecuencia, no causa.
    Otra cosa es el estilo; el cual se adquiere siendo lector empedernido, creo yo; y que según mi criterio no se puede enseñar.
    Xtian: Yo escucho la Tocata y Fuga en Re menor de Bach (la mejor obra o canción que he escuchado en mi vida), y también tengo mis amoríos con la canción Peluca Telefónica! :D

  9. José Luis de la Cruz | 17/12/2004 a las 19:37:00

    Hola!

    Estoy de acuerdo contigo, el arte del buen decir es algo congénito. Pero también se aprende.

    Recuerdo que una vez entré a estudiar canto clásico, la maestra me dijo que no importaba si no tenía ese don, mientras tuviera interés, y los “instrumentos” necesarios: Voz, laringe, faringe, esófago, lengua….

    Así fue que descubrí que yo también podía cantar, con las pautas y la práctica se fue haciendo un mejor arte.

    Yo pienso que escribir correctamente se puede lograr con el estudio, y la práctica.

    Buena salud a todos.
    José Luis, Monterrey, México

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